"Desafíos de la práctica Progresista"

Publicado : 15 Enero, 2010 en Prensa

Mria. de los Angeles3Es la política progresista, más que la conservadora y de derecha, la que extravía su rumbo cuando no está conectada con la participación ciudadana y con la organización social.

La elección presidencial de este domingo marcará un hito para el mundo progresista. Algunos, incluso, vienen vaticinando un fin de ciclo. Ello sucede, sin embargo, en un momento particular: por un lado, asistimos a una evidente fortaleza como preferencia política en la sociedad, donde los chilenos ansían un rol más protagónico del Estado, haciendo más sustantiva su capacidad de regulación, una extensión del sistema de protección social, la recuperación de la educación pública, así como el impulso a los derechos laborales y al trabajo decente; pero, por otro, se observan límites a su capacidad de acción, producto de su dispersión.

Hoy resulta que es tan “cool” ser progresista que hasta Vargas Llosa nos visita para decirnos que Piñera “representa una forma de progresismo que no es retórico, sino real”. No se sabe a qué iluso pretende confundir, pero lo que sí está comprobado es que la derecha, en época de elecciones, no trepida en mimetizarse con las propuestas de la Concertación y más con las de una Presidenta que rompió la barrera del 80% de popularidad.

Superar esta paradoja de fuerza y debilidad requiere acabar con la atomización. No resulta sorprendente, por tanto, que abunden las voces que invitan a formar un nuevo referente. Pero, ¿sobre qué debe construirse o cómo superar esta situación? A nuestro juicio, sobre dos grandes pilares: un sólido conjunto de convicciones compartidas y una práctica política que le dé confianza a la ciudadanía, especialmente a aquella interesada en la acción política.

Las convicciones compartidas parecen existir, pero deben ser actualizadas a la luz de las nuevas demandas ciudadanas: la profundización de la democracia, la búsqueda de la igualdad de resultados, la lucha contra el abuso y la discriminación de todo tipo, la protección de medioambiente y la igualdad de género, por mencionar algunos. Pero el acuerdo en los titulares no basta. Es necesario ponerse de acuerdo en una hoja de ruta para lograr estos objetivos. Un acuerdo que considere prioridades, ritmos y modalidades de avance. No es raro que un tema tan instrumental como la reforma tributaria haya tenido tal centralidad en la presente elección. Es una demanda por bajar de los titulares al cómo y cuándo: esa es la agenda compartida que requiere el progresismo.

Un cambio en cuestiones más básicas y esenciales, como lo son las prácticas, tal como señaló Claudio Fuentes en una columna publicada en este diario, así como la recuperación de las confianzas es, sin duda, un proceso más largo y complejo. Se requiere de liderazgos visionarios en los partidos políticos que entiendan que la proyección de sus ideas depende de un salto en sus niveles de representatividad. Ello exige el desarrollo de iniciativas que mejoren su inclusividad, receptividad y niveles de rendición de cuentas ante la ciudadanía.

La existencia de primarias para elegir a los candidatos, la limitación de los mandatos, el cumplimiento de las cuotas de género, la existencia de actividades de formación dirigidas a jóvenes y a mujeres, la incompatibilidad de funciones públicas, privadas y orgánicas, así como la existencia de instancias efectivas de colaboración con los movimientos sociales son todas medidas que ayudarán en dicha dirección.

Es la política progresista, más que la conservadora y de derecha, la que extravía su rumbo cuando no está conectada con la participación ciudadana y con la organización social.

Publicación en La Tercera.