Ignorancia intolerante ¿una nueva inquisición?

Publicado : 11 Julio, 2017 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente, Portada

| por Gloria de la Fuente | publicado en “T13” el 11/07/2017 |


No deja de llamar la atención la polarización y el tenor que alcanzó el debate en estos días a propósito de la circulación del “bus de la libertad”. Pugna que se expresó lamentablemente en la calle con una airado y violento enfrentamiento entre quienes consideran a la comunidad LGTBI una aberración y ven amenazada sus concepciones morales e ideológicas, y quienes reivindican su legítimo derecho a expresar su condición sexual con libertad y sin discriminación de ningún tipo.

Creo que vale la pena preguntarse si en “defensa de la libertad”, como curiosamente han querido reivindicar los promotores del bus (entendida esta como la ausencia de coacción), es posible promover valores que reivindiquen el odio y la intolerancia que, sabemos, por innumerables episodios en nuestra historia, terminan muchas veces con la muerte o la vulneración de derechosde personas inocentes. La inquisición, aquella institución creada supuestamente para “suprimir las herejías y las faltas a la fe”, cobró en la historia de la humanidad miles de vidas en defensa de dogmas estrechos y contra el respeto a toda diversidad de creencia o culto. 

La humanidad debiera aprender de los horrores de su pasado.

Lo de este lunes no dista mucho de esa intolerancia y es un triste espectáculo. En defensa de la libertad no se puede insultar ni agredir en la vía pública a seres humanos simplemente por su orientación sexual.

Vale la pena recordar, para combatir la supina ignorancia que se ha instalado, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció en 1990 la homosexualidad como una orientación o condición, sacándola del catálogo de enfermedades mentales susceptibles a ser curadas. Misma situación ocurrió este año con la transexualidad, también considerada un trastorno: dejará de ser catalogada como tal (aunque se le catalogó como “incongruencia de género”, pero su reconocimiento ya es un avance).

Reconocer el derecho de los seres humanos a ejercer libremente su orientación sexual, garantizándoles igualdad de trato, es parte del proceso civilizatorio que una democracia moderna, que cree en la tolerancia y el respeto, debe promover.

El mundo político, que tiene el deber de administrar las relaciones de poder de manera satisfactoria, debe en este tipo de casos actuar proactivamente. Fue un aprendizaje doloroso para este país la muerte de Daniel Zamudio y afortunadamente después de este episodio el mundo político reaccionó aprobando la ley antidiscriminación. Hoy tenemos una nueva oportunidad para no permanecer neutrales, porque contra la ignorancia y la intolerancia no hay más que promover en base a argumentos y acciones, el respeto a la diversidad.