La última cuenta de Bachelet

Publicado : 01 Junio, 2017 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

| por Eugenio Rivera | publicado en “LA TERCERA” el 01/06/2017 |


Las lagrimas finales de la ministra Narváez y de la propia Presidenta de la República sintetizan la contrastante imagen entre lo realizado por el actual Gobierno y la situación política que vive el país.

El discurso dejó en claro el horizonte histórico en que se enmarcaba la gestión gubernamental: avanzar hacia una reducción radical de la desigualdad como fenómeno de muchas dimensiones. Constituía un esfuerzo de mucho coraje pues nos habíamos acostumbrado a aceptar los “límites de lo posible” incluso, cuando no sobrepasarlos comenzaba a amenazar nuestra convivencia nacional. Cuatro fueron los temas centrales del discurso: la educación, la economía como un desafío de innovación integral, la protección social y el fortalecimiento de la democracia, amenazada profundamente por el matrimonio espurio entre dinero y política. Si se compara con las prioridades programáticas al inicio de la Administración quedan en evidencia grandes diferencias. Son también las áreas que permiten apreciar tanto los logros como los grandes tropiezos de la Administración.

La reforma de la educación fue siempre una prioridad. El hecho que aparece cuestionada desde la derecha, el centro y la izquierda deja en evidencia que no se fue capaz de resolver los problemas políticos que plantea una reforma de esta magnitud. No sólo hubo incompetencia técnica y desprolijidad en el equipo inicial sino que además dejó en evidencia la dificultad de transformar un sector tan sensible sin un involucramiento presidencial en su impulso y en la conducción política de la coalición reformista.

La relevancia de lo económico no estuvo presente entre las prioridades iniciales, más allá de lo referido a la reforma tributaria. Existía si una visión más sistemática de lo que había que hacer para transitar desde una economía excesivamente basada en los recursos naturales hacia una economía basada en el conocimiento. No podía ser de otra manera, pues la Concertación y luego la nueva Mayoría venía trabajando en esto desde hace 25 años. No obstante, la propuesta  no paso más allá de múltiples acciones que no lograron el grado necesario de masividad como para hacer la diferencia. Prueba de ello es la propia cuenta presidencial. Se extendió mucho en lo relativo al sector energético en el que se lograron muchos éxitos pero el resto del esfuerzo, fue sintetizado por la Presidenta en un párrafo. Quizás más importante fue lo que casi no se mencionó en este campo. En particular, lo relativo a la imposición de una política que puso en el centro la austeridad en perjuicio de la recuperación y desarrollo de la capacidad productiva del país, que implica un rol emprendedor del Estado que siempre fue rechazado por el equipo económico. El débil esfuerzo en infraestructura es otra señal en la misma dirección.

La protección social si constituía un aspecto crucial del programa inicial pero la cuenta dejó en evidencia un fuerte cambio en su contenido. Lo fundamental de la propuesta programática era avanzar en el modificaciones del sistema de pensiones, del sistema de salud privado y en el mejoramiento de la salud pública. En lo primero, se fue testigo del trabajo de múltiples comisiones de distinto carácter que todavía no se ha concretado en un proyecto, aún cuando es altamente valorable la idea del nuevo pilar de ahorro colectivo. El tema de salud sigue enfrentado a los mismos problemas. Lo principal del discurso en este campo fue la larga enumeración de subsidios de diferente naturaleza que constituyen un remedio para múltiples y variados problemas. Se trata sin duda de la política que una mayor continuidad ha mostrado en los últimos 25 años. Con todo lo positivo que ella implica no puede desviarnos la atención de los déficits en los temas cruciales del bienestar de la población.

Las medidas del fortalecimiento del sistema democrático, son sin duda el principal legado no previsto de la actual Presidenta. La superación del binominal, el paquete de leyes anticorrupción, las medidas de mejoramiento de los partidos políticos y la posible elección de los gobernadores regionales ayudarán sin duda a  tener un mejor país.

Una vez más, los ciudadanos hemos sufrido un discurso que pretende resolver un problema no resuelto por la actual Administración: la gestión política de la acción gubernamental cotidiana. En efecto como una buena parte de los ministros se consideran técnicos, no le dan relevancia a dar a conocer lo que se hace en cada uno de los sectores y no se enfrenta adecuadamente el debate político sobre esos diferentes temas. Es por ello que la Cuenta Presidencial se ve obligada a constituirse en un recuento de una larga lista de medida para que nos enteremos de lo realizado. Pero no es la idea de una cuenta de la marcha global de la Administración.  En el contexto de nuestras dificultades no tiene sentido un largo recuento de acciones de diferente dimensión. Es claro que un abultado aparato estatal algo tiene que estar haciendo en cada área, pero no parece razonable que la Cuenta sea utilizada para dar a conocer esas acciones.

La cuenta es para dar a conocer la visión presidencial respecto de los grandes problemas del país y las líneas fundamentales de solución. Debe abordar los grandes temas del debate nacional y mostrar caminos para su superación. En tal sentido, se echó de menos que la Presidenta abordara los grandes problemas que ha enfrentado la reforma educacional, cuáles son los obstáculos, que intereses están involucrados y que tanto y como se pueden compatibilizar. Era necesario conocer la visión presidencial respecto de las causas que explican la división de la ciudadanía en tres campos frente a las diversas reformas (un grupo a favor, y dos grupos opuestos desde la derecha y desde la izquierda). En materia de salud es importante el esfuerzo en construcción y expansión de la infraestructura equipo y profesionales, pero nuestro país enfrenta desde hace tiempo la necesidad de definir que mix público  – privado queremos construir pues lo que tenemos no es lo que necesita el país.  Del mismo modo, aunque fue importante llamar la atención de que no aprovechamos el boom de commodities para crear nuevas bases para nuestro desarrollo económico, era indispensable meterse en el tema de por qué no hemos avanzado en el desarrollo de una nueva economía. Aquí hay problemas técnicos pero también políticos que es fundamental poner sobre la mesa. Nada de esto fue abordado por la Presidenta. Por ello este discurso no estará entre aquellas alocuciones que forman parte del legado político e intelectual de los grandes líderes del país.

Fue sin duda importante que la Presidenta de una manera prudente se involucrara en los problemas que enfrenta la coalición política que la apoya. No obstante su participación ha sido tardía y débil. La propia confusión respecto de si en la entrevista con la Agencia EFE del día de ayer se había manifestado a favor de una lista única parlamentaria es una evidencia de ello. Más grave aún fue la respuesta de los dirigentes de los partidos de la Nueva Mayoría que no sólo no se hicieron eco de esa apuesta sino que la rechazaron con argumentos de poca monta.

La última cuenta presidencial tiene lugar en medio de manifestaciones estudiantiles en contra de la situación actual de la reforma educacional como señalando que siguen vigentes los problemas que desataron las movilizaciones del 2011. Tiene lugar también cuando el gran empresariado y la oposición de derecha toma el control de los organismos empresariales. Pese a los aplausos, hasta emocionados de los militantes de la Nueva Mayoría, la coalición reformista clave para proyectar el proceso de reformas hacia el futuro, está dividida como nunca. En tal sentido, tiene razón la Presidenta Bachelet al temer que se puedan revertir las reformas. El problema es quizás que cuando la ministra Narváez expresaba su preocupación por la posibilidad de un retroceso al modelo mercantilista, aparecía un problema de credibilidad pues la Administración termina sin lograr presentar al país una visión coherente de su superación. Quizás por eso las lagrimas que derramaron Bachelet y Narváez.