Nuevo impeachment en Brasil: ¿la “caída” de Temer?

Publicado : 19 Mayo, 2017 en Columnas Chile 21, Jaime Ensignia, Portada

| por Jaime Ensignia | publicado en “EL MOSTRADOR” el 19/05/2017 |


“La historia se repite, primero como tragedia y después como farsa”, citaba  Marx en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, 1851-1852.

Desde la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff, el 12 de mayo de 2016, Brasil, coloso de nuestro continente, atraviesa situaciones políticas, sociales y económicas bastante complejas. Rousseff había resultado electa por el voto de 54 millones de brasileños y brasileñas en el balotaje de octubre de 2014, y la ofensiva para destituirla fue brutalmente urdida y ejecutada entre los poderes fácticos: los megamedios comunicacionales, el poder financiero y económico y la oposición política a la que finalmente se unió el Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que gobernaba con Rousseff y cuyo vicepresidente, Michel Temer, asumiría la Presidencia el mismo día de la destitución.

Bajo el argumento de la corrupción de grandes firmas brasileñas, en especial, Petrobras, se buscó personificar en la propia Presidenta, en Lula y varios dirigentes del PT, a los únicos responsables de estos hechos de corrupción. Al no encontrar elementos probatorios en contra de Rousseff, el argumento central para su destitución se desplazó a “haber emitido tres decretos sin la autorización del Parlamento, hecho que le permitía utilizar fondos de la finanzas públicas y, de esa manera, costear sus programas de responsabilidad gubernamental”, un mecanismo usado de manera habitual por otros gobiernos en Brasil.

Analistas políticos coinciden en que el tema de la corrupción no implica exclusivamente a sectores del Partido de los Trabajadores (PT), sino que abarca al conjunto del sistema político brasileño. Basta analizar la gran cantidad de congresistas querellados por los recientes procesos de lavado de dinero (caso“Lava Jato”) o por financiamiento irregular de sus campañas desde las grandes empresas del país. Justamente un caso que se develó tras el impeachment, fue la destitución de quien autorizara el proceso de enjuiciamiento político contra Dilma Rousseff, el ex presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, actor relevante de este escándalo que remece a Brasil y que desde marzo pasado se encuentra detenido y condenado a 15 años de cárcel por corrupción en el caso Petrobras.

Desde ese preciso momento, las sospechas, los requerimientos judiciales y los rumores por implicancias cada vez más graves, fueron conformando un huracán implacable que devora al actual Gobierno, hasta llegar al mismo Temer, que debería liderar los destinos del país hasta octubre de 2018. Cabe señalar que el accidentado aterrizaje en el poder del actual Presidente, puso fin a trece años de gobiernos petistas, cuya mayor impronta fue una agenda social que logró sacar a más 30 millones de brasileños de la pobreza.  

Siguiendo la idea de  Marx, este capítulo de la historia corresponde al de la tragedia.

Desde un principio, el Gobierno de Temer anunció una política severa de ajuste económico y de reducción de más de 4.000 empleos públicos. De esta forma y junto con otras medidas, como una reforma laboral y una adecuación del sistema de pensiones, se han puesto en peligro los programas de alimentación, vivienda y educación que, por medio de subsidios del Estado, juegan un rol fundamental en la reducción de la pobreza y explican parte importante de notables conquistas sociales que se habían logrado en uno de los países más desiguales del nuestro continente.

La bomba racimo que estalla con la denuncia del diario O Globo –que también tuvo un papel protagónico en la destitución de Dilma–, difundida este  miércoles 17 de mayo,  es un mazazo político directo al Presidente Temer. La noticia señala que, por intermedio de una grabación de Joesley Batista, dueño del principal frigorífico del país (JBS), el Mandatario habría avalado el pago de coimas al ex presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, para garantizar el silencio de este frente a los tribunales de justicia. En esa conversación, Temer habría señalado la importancia de mantener los pagos al detenido Cunha y de arreglar otro litigio legal de este frigorífico. El registro de la conversación habría sido hecho con un grabador oculto y entregado por el empresario Batista a los fiscales  de la Operación “Lava Jato”, a cambio de una posible reducción de la condena.

Temer ha admitido que se reunió con el empresario Batista, pero ha desmentido categóricamente haber solicitado pagos por el silencio de Cunha o haber hecho cualquier otro requerimiento.

El Tribunal Supremo de Justicia de Brasil (TSJ) abrió un proceso de investigación para el caso de la grabación y la denuncia de O Globo. En el día de ayer, jueves 18 de mayo, Temer ha subrayado con vehemencia que no renunciará, sin embargo, las presiones políticas de la oposición aumentan, mientras partidos políticos que lo apoyaban han iniciado su retirada de labores gubernamentales.

Hasta el momento, las informaciones señalan que hay de más de tres ministros de Gobierno que han presentado su renuncia y otros esperan el resultado de las investigaciones del Tribunal Supremo para tomar la decisión. Coletazos de esta grabación han sido la destitución del líder del Partido de Temer (PMDB), Rodrigo Louras Rocha, y del ex candidato a la Presidencia que enfrentó a Rousseff,  Aécio Neves, dirigente máximo del Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), colectividad del ex gobernante Fernando Henrique Cardoso.

La investigación del TSJ sobre Temer lo ha puesto en un callejón sin salida y ha desatado una profunda crisis en el sistema político brasileño, proceso que va más allá de su decisión de permanecer en la Presidencia. La posibilidad de un nuevo impeachment en Brasil pone al Gobierno en la cuerda floja. Movimientos sociales, partidos políticos, miembros del Parlamento y cada vez más actores políticos y sociales se movilizan en torno a la consigna “Fora Temer”.

Los mercados, por su parte, han reaccionado de inmediato: la bolsa de Brasil se desplomó en más del 10% en su apertura; el índice de Ibovespa cayó en 10,46%; el dólar subió a su cotización más alta; y las acciones de Petrobras se desplomaron en un 20%. El riesgo político que ha desencadenado esta crisis complica el accionar de los inversionistas. Brasil es para Chile el primer socio comercial en América Latina, por cuanto las empresas chilenas que operan en ese país se hallan en estado de alerta. Será esta la parte de la historia que se repite como farsa, según el viejo Marx.     

Sin lugar a dudas, la salida de esta crisis política que sacude a Brasil, sea vía la destitución de Temer o por su permanencia en la Presidencia, remecerá el tablero político y económico de nuestros países. La crisis afectará a los mercados, a las inversiones en la región, a las relaciones bilaterales y multilaterales, y también tendrá su correlato en la estabilidad política de la región. En el conjunto, es insoslayable la grave situación de Venezuela y el quiebre de su sistema institucional; la de Paraguay, en donde un mes atrás la ciudadanía incendiaba el Congreso; la de  Argentina, en donde las inversiones extranjeras anunciadas por Macri no pasan el estado de promesa y la oposición se fortalece en el rechazo a las políticas de ajustes económicos.

La incertidumbre política en la región cobra dimensiones inéditas. En este sentido, Chile no está aislado del vecindario y lo de Brasil es un viento fuerte que a todos afecta.