La “Exuberante Irracionalidad” económica nacional

Publicado : 12 Abril, 2017 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

| por Eugenio Rivera | publicado en “EL MOSTRADOR” el 11/04/2017 |


El análisis económico resulta normalmente árido. Sin embargo, el momento actual y su estudio resultan hasta entretenidos cuando se observa un desempeño económico malo, un discurso de la oposición y de los representantes empresariales aún más desolador y, como contrapartida, una euforia en la Bolsa de Santiago.

Así, las autoridades económicas sostienen que el Imacec de febrero es solo un “tropezón”, pese a que el Banco Central en su último IPoM (Informe de Política Monetaria) reduce las perspectivas de crecimiento de la economía nacional para el presente año.

Por su parte, los analistas “explican” el alza de las acciones de la Bolsa de Comercio como resultado de las expectativas positivas que abriría el eventual triunfo de Piñera en la próxima elección presidencial, aun cuando su programa económico no muestra todavía propuestas para abordar los problemas estructurales de la economía y solo anuncia una “retroexcavadora inversa”, que augura enfrentamientos políticos que difícilmente mejorarán el “ambiente de negocios”, que aparece como el arma secreta de la candidatura de derecha para resolver los problemas económicos que arrastra el país.

El Imacec de febrero evidenció una caída de 1,3% en 12 meses. Aunque se culpa de esta cifra negativa al sector minero, lo cierto es que el Imacec no minero aumentó solo 0,2 %. Para el mes de marzo, las expectativas de los analistas fluctúan entre un crecimiento negativo de -0,5 a uno positivo de 0,5%. Este panorama poco auspicioso ha caído de mil maravillas en las asociaciones empresariales y en la oposición de derecha.

El nuevo presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), en una entrevista reciente, tras señalar que no se va a meter en política, llama la atención sobre el bajísimo crecimiento de los últimos años, las bajas tasas de inversión, la caída del empleo y su calidad. Y de una manera más agresiva, el candidato presidencial Sebastián Piñera ha sostenido algo similar: “La reforma tributaria ha sido un atentado al crecimiento y a la innovación, la reforma educacional un atentado a la libertad y a la calidad de nuestros niños y jóvenes. La reforma laboral ya está siendo un atentado para crear empleos y mejorar los salarios y para la libertad de nuestros trabajadores”.

Pese al desempeño poco auspicioso de la economía nacional y al panorama desolador que describen los personeros indicados, los índices accionarios de la Bolsa de Santiago en el primer trimestre del presente año registraron las mayores alzas en 18 años: tanto el IPSA como el IGPA anotaron tasas de crecimiento superiores al  15%. Las cifras positivas alcanzaron a todos los sectores, incluidos el industrial, la construcción y la Banca.

Este comportamiento bursátil recuerda más bien al análisis que realizara el Premio Nobel de Economía Robert Shiller, en su libro Exuberancia irracional, sobre que la crisis económica del 2008 no tuvo una respuesta preventiva adecuada en la política económica, por la incapacidad de entender los orígenes de la crisis, y que la exuberancia irracional fue su causa fundamental.

Las “teorías” domésticas que dicen explicar este desempeño bursátil son numerosas. Una de ellas afirma que esta euforia es resultado del crecimiento que experimentaron las utilidades de las grandes empresas en el 2016. Según los informes preliminares, las utilidades de las empresas del IPSA habrían subido un 22,8%. Pero, pese a lo positivo de esta cifra, un análisis más pormenorizado evidencia que los ingresos operacionales subieron solo un 2,5%; que ocho empresas explican el 80% de las utilidades de las compañías registradas en el IPSA, una de las cuales es ILC, cuyas utilidades son resultado principalmente de la venta de la AFP Habitat a la trasnacional Prudential. Del mismo modo, jugaron un papel crucial en este resultado la reducción de costos realizados (asociado a caídas importantes en el empleo formal), el efecto positivo en el 2016 de las variaciones cambiarias y los resultados alcanzados por las empresas que tienen actividades fuera del país.

Una segunda “teoría” de carácter “exuberante”, busca explicar el proceso debido a un mejoramiento de las expectativas respecto de la economía internacional; sin duda estas mejoran, pero no son tan deslumbrantes como sugeriría el rally accionario. Más aún, en el horizonte se dibujan nubarrones preocupantes. El Gobierno de Trump, luego de dos meses en el mandato, no termina siquiera de construir su equipo y sus iniciativas no encuentran respaldo ni en el Congreso ni en el Poder Judicial. Sus planes fiscales aparecen inconsistentes y del programa de infraestructura pública que, con sus bemoles, podría dar un impulso a la economía mundial, todavía se sabe poco. En Europa el Brexit y la ofensiva nacionalista y de ultraderecha solo augura problemas y la situación en el Medio Oriente todavía no permite vislumbrar un mejoramiento definitivo. Brasil parece empezar a dejar atras la recesión, pero no mucho más, y Macri enfrenta dificultades económicas y políticas que persisten más allá de lo esperado.

Una tercera teoría señala como causa del “rally” la expectativa de un eventual cambio de signo en el Gobierno en las elecciones de noviembre: el probable triunfo de Piñera estaría desde ya generando un cambio en el “ambiente de negocios”.

La sabiduría popular expresaría su escepticismo señalando “que nunca las segundas partes fueron buenas”. Un análisis de sus primeras declaraciones programáticas no resultan alentadoras. Su propuesta es una “retroexcavadora inversa”: desmontar la reforma tributaria que habría afectado el ahorro y la inversión retornando al sistema integrado. No hay análisis respecto del sustento de la reforma tributaria de 2014: que el sistema antiguo era inequitativo, favorecía la elusión y la evasión tributaria y premiaba a la industria vinculada a los recursos naturales, desincentivando las actividades más vinculadas a la economía del conocimiento.

La tesis subyacente es que, volviendo al sistema económico heredado de la dictadura, la economía recuperaría su curso, cuando precisamente las reformas (más allá de la suerte que tuvo su diseño e implementación) surgieron por los problemas que venía encontrando la economía nacional desde por lo menos una década. No hay proposiciones innovadoras respecto de cómo generar nuevos impulsores del crecimiento. Más aún, existe una complacencia en el equipo económico que se anuncia respecto de las responsabilidades del sector empresarial, que ya desde hace muchos años no logra generar nuevas actividades significativas.

La miopía económica está acompañada por una ceguera política. ¿Se ha pensado en el contexto político en que se desempeñará una posible segunda administración de Piñera? La sola declaración de revertir la reforma tributaria, la reforma laboral, la gratuidad en la educación, anuncia turbulencias importantes.

Es poco probable que un triunfo de Piñera vaya acompañado de un triunfo equivalente en el Congreso; más aún, la irrupción del Frente Amplio puede dificultar todavía más el desmantelamiento de las reformas. ¿Con qué resultado? En el mejor de los escenarios, volver a la situación previa en que, mucho antes de ser anunciadas las reformas, ya se percibían signos de la desaceleración económica. Es poco razonable pensar que la retroexcavadora pueda resolver por sí sola el estancamiento de la productividad, la alta dependencia del cobre, la mala educación y el bajo gasto en investigación y desarrollo. Sectores de la derecha confían en que la llegada de Piñera mejore automáticamente “el ambiente de negocios”, escenario poco probable en un país convulsionado políticamente, sin capacidad (pues ni siquiera se lo propone) de establecer un consenso básico sobre cómo salir del estancamiento.

En este contexto, no existen orientaciones claras desde las autoridades económicas y reaparece como problema su falta de liderazgo. Definitivamente, es un problema que uno de los ministros económicos tenga un conocimiento en las encuestas de solo el 34% y el otro no alcance al 50%.

Preocupa que desde el Banco Central se diga que el Imacec de febrero tenga “un nombre y un apellido muy claro: la huelga de la Escondida” y, al mismo tiempo, se insista en que los fundamentos económicos de nuestra economía están sanos. No es consistente sostener lo indicado y, al mismo tiempo, constatar que el Imacec de un país de 17 millones de habitantes cae en 1,3% como efecto de la huelga en una empresa, por grande que ella sea.

Preocupa que solo recientemente, y de manera muy tímida, dos ministros hayan levantado la voz para señalar que nuestros problemas económicos tienen sus principales causas en los problemas estructurales que viene arrastrando la economía. Más aún, preocupa que el Gobierno haya entrado en su último año de gestión y no aparezcan iniciativas económicas de peso para terminar con un crecimiento económico mediocre que tiende a transformarse en estructural.

En este escenario, la exuberante irracionalidad que exudan algunos análisis probablemente puede encontrar amplias vías de derrame, con resultados negativos difíciles de prever.