Carolina Goic e Insulza

Publicado : 01 Marzo, 2017 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera, Portada

| por Eugenio Rivera | Publicado en “LA TERCERA.com” el 28/02/2017 |


La política chilena se había acostumbrado a un escenario determinado por el plebiscito y el triunfo de la Concertación en la elección de 1989. Estaba construido sobre la base de la oposición democracia/dictadura y un consenso en torno a una economía y una sociedad de mercado. En este escenario, las coaliciones estaban definidas y el debate político acotado. Esta construcción fue puesta en cuestión primero por la irrupción de Piñera (un partidario del No encabezando la vieja coalición por el Si) y la división de los partidarios del No entre la Concertación que levantó la candidatura de Eduardo Frei y aquellos que apoyaron a ME-0. El resquebrajamiento del clivaje democracia / dictadura se complementó con el cuestionamiento de la privatización de la educación por parte del movimiento estudiantil que se proyectó en el programa de Bachelet II y en la Nueva Mayoría (NM) como la puesta en cuestión generalizada del modelo económico. Las reformas impulsadas por Bachelet, mostraron quiebres inéditos en la coalición que había protagonizado la transición y al mismo tiempo, las dificultades que implicaba la superación del neoliberalismo pues éste había echado raíces muy profundas en la sociedad chilena y en la NM. Las obligaciones de la NM con el Gobierno, la voluntad de muchos de aferrarse al poder y de lograr al menos un buen resultado parlamentario han inyectado algo de vida a una coalición que cada vez parece más un espectro.

En este contexto, la próxima elección presidencial confronta a los distintos aspirantes con la necesidad de constituirse en alternativa y al mismo tiempo construir el escenario que puede darle viabilidad a su candidatura. Ricardo Lagos, levantó su candidatura hace ya 6 meses, con el diagnóstico de que la NM estaba aquejada principalmente de falta de liderazgo y que él podía revertir la situación. El ex Presidente se encontró con dos sorpresas: su liderazgo no encajaba con el resquebrajamiento de la antigua Concertación y asociado a ello que su apuesta por definir el futuro no encontraba eco, pues la definición respecto de los dilemas del presente es una demanda generalizada. En ese contexto, Guillier aparece como un remedo de la irrupción bacheletista del 2013 (sin la energía arrolladora de la entonces candidata) con la pretensión de ponerse a la cabeza del malestar ciudadano, de las actitudes ”impolíticas” de la ciudadanía y la expectativa apenas disimulada de muchos militantes de la NM de que el senador era la única opción de mantener sus fuentes de ingresos. Que carece del magnetismo de Bachelet ha quedado en evidencia porque nunca pudo superar el favoritismo de Piñera y porque retrocede en las encuestas. Al mismo tiempo, diversos incidentes muestran un liderazgo político débil (el deseo de quedar bien con todos no es un buen comportamiento en momentos de crisis).

La cada vez más evidente disolución de la NM vuelve a poner de relieve la importancia de los partidos. Eso es lo que explica, la para algunos sorpresiva decisión de José Miguel Insulza de buscar transformarse en el candidato del Partido Socialista y la reciente decisión de Carolina Goic de asumir la candidatura presidencial de la Democracia Cristiana.

La aparición de Carolina Goic ha sido interpretada por muchos como un esfuerzo dirigido a mejorar la capacidad de negociación de la DC en el debate programático y en la elección parlamentaria. No es descartable, pero no es lo principal. Los estrategas de la DC han entendido que la coyuntura actual de quiebre del clivaje democracia/dictadura y de fin del consenso neoliberal, la política estará determinada por las fuerzas que asuman el protagonismo en la redefinición del escenario político.  Es posible que este objetivo esté incidiendo en la virulencia que adquirió el conflicto en torno a la prohibición del ingreso a Cuba de Mariana Aylwin (prohibición que no admite justificación) pues la posibilidad de reconstruir la alianza entre el centro y la izquierda exige un rediseño de sus estructura y sus componentes además de definiciones programáticas.  Carolina Goic tiene además el potencial de que es una figura que desafía a Guillier en sus puntos más fuertes: confianza ciudadana y cara nueva.

Luego de le experiencia de la actual administración, queda claro que la confianza ciudadana es volátil (líquida para hablar en los términos Zygmunt Bauman) y las caras nuevas no son garantía. Más aún cuando vaya quedando en evidencia que en las próximas elecciones presidenciales estarán en juego opciones de una magnitud comparable solo a la elección de 1989, y en consecuencia ganarán en importancia la definiciones de fondo y la calidad de los liderazgos políticos en competencia. Este último aspecto será puesto a prueba, en lo que a la nueva coalición del centro y la izquierda se refiere, en la conformación del nuevo referente. En esa tarea serán decisivos los atributos políticos tradicionales y la solidez de los partidos. En relación con lo primero, como señala el filósofo político español Daniel Innerarity esto se refiere a la habilidad de gestionar los problemas más complejos, los que no se resuelven mediante una pericia profesional indiscutible y que la sociedad civil delega para ahorrarse las disputas que más la incomodan. Se refiere además a la capacidad del liderazgo político competente de adoptar decisiones que tienen mucho de apuestas, que no están precedidas de razones indiscutibles y que deben adelantarse a los acontecimientos en medio de una gran complejidad. Respecto de lo segundo, la construcción de la nueva coalición dependerá de la solidez y capacidad de acción política de los partidos. Tanto Guillier como Lagos han vinculado su suerte a dos  de los partidos más débiles de la NM. El primero esperando superar la debilidad histórica del Partido Radical con su popularidad, que sin embargo aparece disminuyendo. El segundo, ha pretendido compensar la debilidad del PPD y su actual relación distante con los partidos, con un cuerpo de ideas que elude los problemas actuales a cambio de una promesa de futuro y un equipo que tiene pocas diferencias con el que gobernó. Como Insulza al interior del Partido Socialista, Goic apuesta con su acercamiento a Gutenberg Martínez e Ignacio Walker a estructurar una oferta programática pero sobre toda políticamente sólida apta para enfrentar las turbulencias que aparecen en el horizonte y que de manera creciente están preocupando a la ciudadanía.