Vocera de Lagos analiza por qué el candidato no prende: “se le cargan todas las culpas de la transición”

Publicado : 13 Enero, 2017 en Portada, Prensa

| por Macarena García Lorca | Publicado en “THE CLINIC” el 12/01/2017


¿Fue un balde de agua de fría o ya estaban preparados para los resultados de la encuesta CEP?
-Estábamos preparados para ese escenario. Al menos, en esta etapa, no estamos trabajando para las encuestas. Entendemos que estamos en un contexto político súper difícil y que esto no es un concurso de popularidad, sino quién gana en función del trabajo y las ideas, en la posibilidad de armar coalición y de tener una propuesta de gobierno robusto. No es buen resultado, pero creo que no están las condiciones para mirarlo de manera negativa.

¿Por qué? Marcaron solo 5 puntos, están muy bajos.
-No había pasado nunca que a 11 meses de la elección hubiera 50% de indecisos, es una cifra súper elevada. Las veces anteriores a los más habían 28% de personas indecisas. Y esta es la primera vez que vamos a enfrentar una votación con voto voluntario en régimen. No necesariamente los que se inclinaron por un candidato en la encuesta, van a ir a votar. El panorama está muy abierto, muy poco claro, dado ese contexto, tenemos claramente posibilidades de seguir creciendo. La carrera presidencial no está para nada jugada.

¿Tienen diseñado algún cambio en la estrategia de campaña para lograr repuntar?
-Las estrategias de campañas están siempre en constante revisión, es acción y reacción. Nuestra primera meta es lo que pase durante enero, es un mes muy político, con las definiciones presidenciales de cada partido. Luego entramos a otra etapa y eso implica reforzar mucho más el mensaje del Presidente Lagos. El desafío es plantear de mejor manera, tener un relato más articulado, de por qué Lagos debe ser el próximo presidente de Chile y construir propuestas sólidas de políticas públicas.

¿La participación en la primaria está asegurada? Si la tendencia sigue igual, ¿existe la posibilidad de que Lagos decline su opción?
-Él ha sido muy enfático y claro en eso, en su discurso público y también con nosotros. Está decidido a llegar a la papeleta de la primaria y para eso estamos trabajando. La meta está puesta en el 2 de julio.

¿Cómo está él anímicamente con estos resultados?
-Nos juntamos seguido. Yo lo veo, honestamente, súper animado y muy convencido de lo que se juega. En el expresidente Lagos existe un convencimiento sobre el momento que está viviendo el país y la necesidad de ofrecer en serio una propuesta de futuro, en esta especie segunda transición, Aquí se juegan la construcción de la posdemocracia en Chile y la renovación de un proyecto de centroizquierda. Eso lo tiene muy animado, incluso pese a que las cosas no son tan fáciles, que la encuesta no es la mejor, que a veces el clima político se enrarece un poco, así todo, tiene la convicción y el ánimo de ir hacia adelante.

¿A qué te refieres específicamente con la segunda transición?
-Es parte de nuestras convicciones. Hubo un punto de inflexión el 2011 con el movimiento estudiantil, que vino a cambiar radicalmente la agenda en Chile. De alguna manera, lo que pasó con Bachelet después, la discusión política que se ha dado y el surgimiento de nuevos movimientos, es una consecuencia natural de un momento político distinto, que ya no es la lógica de los 90. Implica la discusión en materia de políticas públicas de otro tipo de derechos y deberes e implica una reconquista del ciudadano respecto a este mundo político que parecer haberse quedado medio encapsulado. Lagos entiende bien eso. Además, significa romper con el pesismo, que está súper instalado, y recuperar la relevancia de la política. Tenemos que recuperar la confianza ciudadana, reconstruir la comunidad política y renovar los elencos.

Comunicacionalmente no se aprecia una renovación de los elencos, aparte de ti, en general, quienes defienden públicamente a Lagos son las mismas figuras de la transición.
-Hay un tema ahí, pero creo que eso no tiene que ver con los equipos más programáticos y cercanos. No soy sólo yo, está Iván Poduje, Dante Contreras, Enrique Rajevic, Verónica Pinilla. Además de ellos, hay un equipo grande de profesionales sub 45, con trayectoria y bien avezados políticamente. Tienden a verse menos porque son más técnicos, pero también creo que los medios de comunicación llaman siempre a la misma gente.

Sostienes que uno de los desafíos es reconstruir la comunidad política. La última CEP arrojó que a inicios de los años 90, el 80% se identificaba con algún partido político y actualmente es el 19%. ¿Qué responsabilidad tiene la Concertación y Lagos como una de sus figuras más emblemáticas, en la despolitización de la ciudadanía? ¿Cuál es tu análisis de eso?
-Yo soy más de las autoflagelantes que de los autocomplacientes. Creo que la Concertación hizo muchísimo por este país. Muchísimo. Si miras los indicadores en pobreza, inclusión, en mucha materias, hay un resultado positivo. Pero también tiene parte de sombra. Las sombras tienen que ver con esa reconstrucción del tejido social que no se produjo desde los partidos políticos. El temor a la regresión autoritaria, el temor a Pinochet, fue tan potente que a veces fue difícil desmarcarse de ese juego que impuso la transición. No se lograron llevar adelante algunas discusiones con toda la vehemencia necesaria. Ahí hay una cierta responsabilidad política. El desafío es que los partidos politicos logren reaticularse con la ciudadanía. Eso tiene un anclaje en cosas prácticas, por ejemplo, la mayor parte de partidos con representación en el parlamento, no tienen representación en la feredación de estudiantes.

Además los jóvenes que están más movilizados y por organizarse políticamente, no quieren saber nada con los partidos tradicionales.
-Sí, hay una mirada de mucha distancia con la política tradicional, justamente, porque ese vínculo o no existió o en algún minuto se destruyó. Por eso es importante reconstruir ese diálogo. No es menor que exista una especie de Frente Amplio, que con toda la fragmentación que tiene, son 12 movimientos tratando de llegar a un acuerdo, se haya articulado sin un diálogo con lo que representa la centroizquierda al interior la NM.

No, al contrario, en directa oposición a la NM.
-Exacto. Pero ahí veo un cierto discurso de superioridad moral que tiende a ser un poco ruidoso y molesto. Estos sectores todavía tienen que demostrar la capacidad de armar coalición, -como lo hizo en su minuto la Concertación o la Alianza-, pero además conquistar el poder. El poder se conquista no porque te regalaron un espacio en un distrito específico…

Aludes a Giorgio Jackson.
-Claro, sino que se hace conquistando con ideas, conquistando la calle. Me parece interesante el esfuerzo que hay ahí, pero el movimiento en general, con todas las críticas que puedan tener a la Concertación, -que en algunos casos yo misma comparto-, no pueden olvidarse que en Chile hubo una coalición que reunió 17 partidos, que se articuló y que gracias eso se pudo derrotar la dictadura y evitar además el derramamiento de sangre. Todo lo que vino después, se puede discutir. Pero tienen un discurso de superioridad moral que no le reconoce nada a ese pasado reciente, creo que eso no es bueno para el país, porque aquí no todo se hizo mal.

Eso en relación a la gente del Frente Amplio, pero crees que existe una especie de penalización de la ciudadanía a lo que significó el proceso de transición y por ende a Lagos.
-Lo dijo hace unas semanas el presidente del PPD. Lo que ha pasado con Lagos es que se le cargan todas las culpas o los males de la transición. Ahí es donde creo que hay que ser más generoso en el juicio. Nosotros también tenemos que comunicar mucho mejor las luces y sombras de lo que fue en el pasado, pero también lo que quiere ser para el futuro.

¿Cuáles son las principales cuentas que le pasan a Lagos?
-Sin duda el Transantiago. En Febrero, Transantiago cumple 10 años desde su implementación. Fue una política pública que tuvo un montón de dificultades, también de diseño. Una década después ha habido mucho tiempo y oportunidades para hacer ajustes y todavía no se resuelve. Entonces hay un problema que trasciende el gobierno del presidente Lagos.

Y el CAE, ¿no?
-El mismo Lagos ha dicho que si fuera estudiante lo habría criticado. El CAE se pudo hacer mucho mejor. El nivel de endeudamiento que enfrentaron los estudiantes por la tasa muy elevada que había que entregarle a los bancos, no fue la mejor política pública. Yo misma me habría opuesto pero, afortunadamente, estudié con Fondo Solidario y no con CAE, aunque sigo pagando el fondo.

Además del amor declarado de los empresarios. Sobre todo considerando el clima antiempresarial actual por los abusos y la colusión y que ese vinculo irrita a la izquierda.
-Hay que ver la lógica de la transición. Cuando Lagos era candidato el 99, el gran fantasma era el primer socialista en gobernar después de Allende, entonces, en el fondo, era como vuelve la UP. Lo que hubo ahí, fue una decisión clara de darle garantía a todos los sectores, que había una propuesta relevante en materia política y programática, que esto no implicaba bajo ningún punto de vista llamar a una especie de caos. Ese juicio que se hace hoy, con ojos del 2016, se interpone a un espacio político distinto. Lo que hubo fue la intención de un gobierno de dialogar muho más con el empresariado, sin que eso significara necesariamente hacer una concesión completa de aquello que se quería hacer, todo lo contrario.

¿Por qué la ciudadanía debiera inclinarse por Lagos?
-El momento político que enfrenta este país implica no solo tener una apuesta atractiva en términos públicos, muy popular o muy innovadora, sino que también claridad respecto a ganar una elección y qué es lo que se quiere hacer después de esa elección. En Ricardo Lagos, hay dos claridades muy importantes respecto de eso. Uno, es entender que aquí no está solamente en juego la Presidencia de la República, está en juego reconstruir el proyecto de centroizquierda. Ganar la Presidencia requiere tener una coalición fuerte detrás, que permita empujar lo que viene. Lo que ha pasado con la NM, en los últimos años, es un debilitamiento importante del afecto al interior de la coalición, pero además desafección de las líneas programáticas base de la coalición. A la presidenta Bachelet se le ha hecho muy díficil poder gobernar con una coalición que suscribe a un programa de gobierno, pero que después, a la vuelta de la esquina, no lo apoya.

¿Y lo segundo?
-Tiene gente súper buena y talentosa en los equipos. Son técnicamente competentes y le pueden dar robustez al gobierno. Hay un equipo de gran nivel y con los pocos meses de trabajo, hay harta ingeniería de detalles en varias de las propuestas. Eso es lo que hay que poner sobre la mesa, para después ponerse de acuerdo con los partidos políticos sobre qué se prioriza y cómo se hace. Tenemos capacidad técnica y política para gobernar.

Dices que uno de los atributos es que Lagos tiene la capacidad de reconstruir un proyecto de centroizquierda. Sin embargo, el PS, que es el partido de donde él proviene, no está dispuesto a apoyarlo.
-Eso pasó, en parte, porque se enredó la discusión adentro del PS. Yo habría esperado que hubiese un apoyo mucho más cerrado en torno a la figura de Lagos. Sin embargo, el PS tiene sus propias dinámicas. Después de la bajada de Isabel Allende, aparece José Miguel Insulza y Fernando Atria, que, si bien no marcan, básicamente, nada en las encuestas, son propuestas al interior del PS, que además están en el marco de una elección interna del partido. Esto le echó más pelos a la sopa y ha complejizado el debate. Ha pasado en otra primarias que a veces los debates se enredan, es un proceso natural en que se van despejando las candidaturas. Pero pasada la primaria, lo que hay aquí es la necesidad de conversar con todos los actores políticos en base a este proyecto de centro izquierda. Ahí es dónde veo que está toda la capacidad de Lagos, puesta al servicio de aquello.

Guillier ha planteado que va a profundizar y llevar adelante las reformas de la Nueva Mayoría ¿Lagos profundizará las reformas o no?
-Él ha sido super claro, lo que pretende hacer no es volver a la antigua Concertación, sino generar una propuesta nueva, pero que necesariamente está en línea y de la mano con lo que planteó el gobierno de la NM y de la Presidenta Bachelet. La derecha está en una especie de campaña de estigmatizar o caricaturizar las reformas. Si uno mira el movimiento de No + AFP, en la calle hubo un millón y medio de personas. Chile necesita cambios profundos en sectores que hasta ahora están pendientes, como salud, educación, pensiones. Y eso es una línea de continuidad con el gobierno de la Presidenta Bachelet. Lo que no está, y probablemente la mala evaluación que traen las encuestas, está mucho más vinculada a la gestión política que se ha hecho de esas reformas y a lo desacuerdos de la coalición en torno a ellas. Tenemos que continuar esta senda de cambios, porque son sentidas por la sociedad, pero haciendo correcciones o rectificaciones en aquellos ámbitos que haya que hacerlos. Ahí yo creo que, por ejemplo en educación, va a quedar pendiente toda la agenda de educación pública. No tiene que ver con no estar de acuerdo con la reforma educacional, sino con dónde ponemos los énfasis y cómo se hacen las cosas.

¿Ves algún populismo en la propuesta de Guillier?
Te lo digo responsablemente y desde la ciencia política, está súper manipulada la categoría de populismo en este país. Por lo menos en la teoría, el populismo tiene que ver con el debilitamiento total de los partidos y un líder carismático que le habla directamente a los ciudadanos y que se salta las estructuras partidarias. Guillier terminó proclamado por un partido político. Luego, un discurso que degrada a las instituciones y un disputa por la hegemonía de proyecto más relevantes. Dado que no se dan de esas tres condiciones, diría que Alejandro Guillier no es populista. Sin embargo, si bien su propuesta puede ser popular, yo esperaría que si va a prosperar, que muestre las capacidades que tiene para gobernar. Porque no solo hay que ganar elecciones primarias y encuestas, sino que hay que tener capacidades para instalarse en un gobierno, y yo eso no lo he visto todavía.