Coalición Y Presidencial 2017: Reflexiones Sobre Una Coyuntura Crítica

Publicado : 03 Enero, 2017 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

| por Gloria de la Fuente | Publicado en “EL SIGLO”, el 03-01-2017


No cabe duda que el debate presidencial se tomó la agenda, al punto que la mayor parte de los actores políticos está hoy por hoy más preocupado de los eventos partidarios que ocurrirán durante el mes de enero en varios de los partidos de la Nueva Mayoría, que de la propia agenda legislativa del gobierno que permitiría ir consolidando aquello que se prometió para este periodo, al menos, en materia educacional.

Ello se explica, en parte, por el escenario de incertidumbre que enfrenta todo el espectro político. Como nunca antes desde la inauguración democrática en 1990 una elección presidencial estuvo tan abierta y fue tan susceptible. Por primera vez tendremos en un cuarto de siglo una elección sin sistema electoral binominal, dado que a partir de la próxima elección parlamentaria tendremos una elección bajo un sistema proporcional corregido, de magnitud de escaño diversa y con megadistritos. Del mismo modo, será también la primera elección parlamentaria en la que se aplique la serie de restricciones a las campañas electorales y donde el financiamiento por parte de personas jurídicas estará prohibido.

No obstante, más importante que toda esta incertidumbre que acompaña el proceso es lo que se juega para el futuro del país, particularmente para el proyecto de centro izquierda.

Probablemente el gobierno cometió muchos errores en la gestión política y técnica de las reformas estructurales que se propuso para su mandato, pero no se podrá negar en el futuro que, al menos, logró correr el cerco y la frontera de aquello que hasta hace pocos años se consideraba imposible en Chile.

En efecto, la propuesta de esta administración fue ambiciosa desde el principio, sobre todo para un gobierno de cuatro años, pero nada hacía parecer aquello imposible en la medida que al mismo tiempo que se conquistó la elección presidencial, se constituyeron mayorías importantes en la Cámara de Diputados y el Senado. No obstante, al poco andar, esas mayorías se relativizaron y entraron en conflicto. Al tiempo, aquello que parecía una mayoría social, expresada en las urnas pero también en la calle a partir de 2011, empezó a distanciarse de una elite política cada vez más esquiva y con dificultad de leer los procesos sociales. La consecuencia más evidente de ello es que estamos en la etapa final del gobierno y las diferencias entre partidos de la coalición se dejan ver, pero no se resuelven en lo programático, sino que sólo en lo coyuntural, mientras que es notoria la distancia abismal que los ciudadanos han tomado respecto a sus representantes.

El cuadro descrito plantea una coyuntura crítica y la necesidad de tomar muy en serio el proceso que viene porque el riesgo es grande.

De partida, si triunfara la alternativa de Chile Vamos, existe el peligro de un retroceso importante en relación a las reformas y que, en definitiva, haya debates necesarios que se posterguen indefinidamente como el cambio a la Constitución. Es cierto que habrá que analizar con posterioridad las reformas a la luz de los resultados que vayan arrojando y corregir aquello que sea necesario, pero ello no significa dar un paso atrás en construir mayor igualdad y justicia social. Del mismo modo, ganar la presidencia, pero no ser capaces de construir mayoría política contundente en el Congreso, que reivindique el ejercicio de la política y haga viable un proyecto de centro izquierda, con mayorías comprometidas con el programa y con mecanismos para procesar sus diferencias internas de manera adecuada, es también para este país un peligro que puede causar un daño enorme a la estabilidad de nuestro sistema político.

En definitiva, lo que se juega en la próxima elección de 2017 no es sólo la presidencia, es la posibilidad de construir un proyecto de centro izquierda progresista, que vuelva a recuperar la confianza de los ciudadanos y que sea un proyecto realmente transformador.