La obesidad cuesta en Chile mil millones de dólares

Publicado : 17 Diciembre, 2016 en Columnas Chile 21, Rafael Urriola

|por Rafael Urriola|


La gordura dejó hace tiempo de ser parte de la hermosura. Las siluetas de Botero ya escapan a la estética para situarse en el ámbito de la sanidad. En Chile la desnutrición infantil no supera el 0,5 %, pero cada hora muere una persona obesa y más del 60 % de la población sufre malnutrición por exceso.

En general, la obesidad se inicia alrededor de los 17 y 18 años, llegando a obtener una prevalencia máxima a los 35 años, alcanzando a un 26% de los varones y a un 28% de las mujeres estadounidenses (McTigue K.M. et al, 2003). Factores conductuales y ambientales han contribuido al aumento de la tasa de obesidad en los países industrializados, siendo los más importantes los malos hábitos alimentarios, alimentos con alto contenido de azúcares y grasas saturadas y la escasa actividad física.

El problema de la obesidad se incrementa a nivel mundial desde 200 millones de adultos obesos en 1995 a 475 millones en 2010 y cerca de mil millones clasificados con sobrepeso.

La obesidad, también un problema reciente en América Latina, es un factor de riesgo de varias enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la nutrición, algunas de las cuales son causas importantes de muerte en la región, por ejemplo, la enfermedad isquémica del corazón, la hipertensión arterial, colesterol elevado, la diabetes mellitus no insulinodependiente o de tipo II (DMNID), trastornos respiratorios del sueño, algunos tipos de cáncer, la osteoartritis y la osteoporosis, entre otras.

La última Encuesta Nacional de Salud chilena (2009) destaca que la prevalencia de obesidad es de 19% en hombres y 31% en mujeres, en tanto que la obesidad mórbida alcanza al 1,3% en varones y 3,3% en mujeres.

Los niños y niñas con sobrepeso u obesos tienen mayor riesgo de una mala salud en la adolescencia y adultez. La obesidad infantil, además se asocia con un mayor riesgo de ser un adulto obeso y padecer las enfemedades antes mencionadas, afectando además su calidad de vida y aumentando la posibilidad de tener una muerte prematura.

Entonces, es en la infancia el momento crucial para adoptar comportamientos sanos en cuanto a alimentación y actividad física. Chile es uno de los países con mayor prevalencia de obesidad en los niños (27%)  y adultos (25%)  entre los países de la OCDE, indica el Panorama de la Salud del 2013 que publica esta organización. Lo más preocupante es que estas proporciones están en aumento en prácticamente todos los países y se expande más rápidamente en los grupos pobres, entre quienes tienen menor educación y entre las mujeres.

La falta de educación en este aspecto es una causa central del incremento de la obesidad. Por ejemplo, pese a que nuestro país es exportador de diferentes frutas, somos el que menos las consume de la OCDE, junto con Finlandia, cuyo clima gran parte del año le impide disponer de estos productos.

Chile gasta alrededor de 20.000 millones de dólares en bienes y servicios de salud y se estima que el impacto de la obesidad sobre el total de ese gasto podría alcanzar a unos 1.000 millones de dólares (5% del gasto total en salud). En esta perspectiva, resulta mucho más rentable y  eficiente gastar en las acciones preventivas que reduzcan las causas de la obesidad. Esto es, dedicar la importancia que se merece a la educación, aunque las madres de hogares de bajos ingresos suelen argumentar que las recomendaciones de comida saludable son más caras que las chatarra.

La revista Lancet, especialista mundial en salud, en su edición del 19 de noviembre, publica un estudio que debiese llamar la atención.

Entre junio de 2013 y diciembre de 2014, se revisaron 8.403 pacientes, de los cuales 2.728 (32%) eran obesos.  Y se compararon resultados entre quienes fueron asistidos y aconsejados por profesionales médicos para bajar de peso y los que solo recibieron el apoyo o soporte tradicional, notándose una clara diferencia en los resultados entre uno y otro caso.

Hacer una mezcla de intervenciones profesionales que aconsejen y den seguimiento regular al comportamiento de niños y niñas para atacar esta enfermedad que incluya a personal de salud, profesores de educación física, deportistas de elite, podría ayudar a mitigar sus nocivos impactos. Esto es parte del cambio del modelo de atención en salud que requiere el país.


Publicado el 12/12/2016, en EL MOSTRADOR