El día después de las elecciones municipales

Publicado : 26 Octubre, 2016 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


Hace mucho tiempo que el país no enfrenta dilemas tan difíciles. ¿Qué hacer con la educación, las pensiones, la salud, el crecimiento y la productividad, las demandas de los pueblos originarios y los medioambientales?

En las elecciones municipales, en los términos clásicos de Hirschman, la mayoría optó por la “salida” en lugar de la “voz”. Probablemente porque no ve en el escenario político ni respuestas a esos dilemas ni los liderazgos necesarios para enfrentarlos.

Cuatro imágenes y sus interpretaciones al día siguiente, estructuran una buena radiografía de la situación política nacional. El gobierno una vez más optó por no asumir la responsabilidad política de la abstención y la derrota de su coalición.

El curioso y oscuro escenario en que la Presidenta sacó la voz en medio de una “montonera” (entre medio de la cual apenas se identificaba a los miembros del comité político) sugirió inmediatamente que se asistía una operación para diluir las responsabilidades en disculpas que achacan los problemas a personalismos cuando justamente la falta de liderazgo aparece en toda su magnitud.
La alegre celebración de la oposición es desconcertante.

Para ellos no reviste importancia el 66% de abstención ni que Felipe Alessandri haya sido elegido por el 9,9% de la población con derecho a voto en la comuna. (Pese a ello, un analista cercano a Ricardo Lagos señaló que este resultado era una demostración de que la población miraba a la derecha y que por tanto la centroizquierda debería seguir ese derrotero).

Una lectura igualmente optimista de las elecciones municipales del 2012, llevó a la Concertación, luego Nueva Mayoría, a conformarse con el resultado -pese a la alta abstención- pues al ser mejor que el de la derecha le permitiría recuperar el gobierno.

El resultado de esa autocomplacencia fue primero estructurar un acuerdo electoral en lugar de una alianza política, eludir una discusión programática seria; luego ganar un gobierno que profundamente dividido pondría en serio riesgo el esfuerzo reformista. Una actitud similar de Chile Vamos puede llevar a que en el horizonte no persista la “salida” sino el descalabro político del país.

La visita de Ricardo Lagos a Carolina Tohá asumiendo la cara de la derrota fue sin duda un gesto generoso, inevitable y trágico. Tohá es indisociable de la figura del exmandatario, de su candidatura y del enfoque programático que se empieza a configurar.

Sin una nueva alianza entre el centro y la izquierda, el 7,6% de apoyo que obtuvo la candidata de la población que podía votar en la principal comuna del país, puede estar prefigurando la suerte de la Nueva Mayoría en la elección presidencial del 2017.

El triunfo de Jorge Sharp con un 16% del total de las personas con derecho a voto en Valparaíso es auspicioso pero no parece razonable cantar victoria. La experiencia de Josefa Errázuriz es un llamado de atención elocuente.

Más importante aún es que si bien las candidaturas distintas a la Nueva Mayoría y a Chile Vamos consiguieron un 25% del electorado, esa cifra aparece fragmentada en cerca de 20 o más denominaciones políticas y representa sólo el 8,2% de la población con derecho a voto.