Lagos, 2016

Publicado : 04 Octubre, 2016 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


“EN VEZ del pesimismo” es una invitación a la reflexión. Es positivo el esfuerzo por contribuir con ideas al debate político, la relevancia asignada a la infraestructura (cuestión que contrasta con la visión escéptica del actual equipo económico) y la seriedad con que trata los desafíos medioambientales. Para el expresidente, la desconfianza y el pesimismo caracterizan al Chile de hoy. No ve razón para ello, cree posible un nuevo impulso “que nos saque de la anomia” aprovechando los cambios estratégicos globales y la revolución tecnológica.

Pero el análisis no releva suficientemente que la revolución tecnológica trae asociada situaciones y procesos complejos: pocas empresas controlan el nuevo escenario, nunca antes la concentración económica alcanzó los niveles actuales y los Estados enfrentan dificultades para que estas empresas no abusen de su poder de mercado y paguen los impuestos que corresponden. En suma, enfrentamos una creciente separación entre poder y política, esto es, un aumento del poder de los mercados y grupos financieros supranacionales, y el debilitamiento de los Estados.

Lagos privilegia la infraestructura y el sistema de concesiones y lamenta lo poco avanzado en los últimos años. Propone un ambicioso y detallado plan de infraestructura que nos permitiría participar protagónicamente en el nuevo escenario mundial. Pero cabe preguntarse por qué las concesiones se han estancado. Si bien es innegable su aporte a la infraestructura que nos puso muy por delante en la región, también es cierto que ha habido rentas extraordinarias, problemas en las licitaciones y en las renegociaciones asociadas, una tensión continua con Teatinos 120 y que los problemas del Transantiago han implicado altos costos de transacción. Los problemas del “cómo” ponen en cuestión la mirada de largo plazo.

¿Conecta el libro con las mayorías que más que pesimistas están “irritadas”? Y ¿da cuenta de la crítica de que son objeto los pilares fundamentales del modelo económico (AFPs, la educación estructurada en torno al lucro y la desigualdad que acarrea el mix  de salud estructurado en torno al sistema privado)? Su visión frente a las demandas sociales genera, en este contexto, algunas dudas.

Lo social se relega al final del libro y los derechos universales no aparecen como ejes estructurantes. Ello se reemplaza por políticas sociales de “segunda generación” basadas en la segmentación socioeconómica  y que refuerzan la estratificación de la protección social: para los pobres extremos, políticas de “supervivencia”; para los que salen de la pobreza pero son vulnerables, políticas de “superación de la vulnerabilidad”; para los sectores medios, políticas de cohesión social (afiliación y reconocimiento). Los servicios sociales universales son sustituidos por una “red de protección social”. Respecto a las pensiones, por ejemplo, cambios paramétricos, el pilar solidario para los indigentes y pobres y AFP para el resto, propuesta que se parece demasiado a lo que tenemos y que ha sido cuestionada. Algo similar ocurre con las propuestas en salud y en educación.