A pesar de todo… avanzamos

Publicado : 26 Septiembre, 2016 en Columnas Chile 21, Francisco Vidal, Portada

|por Francisco Vidal|


La encuesta Casen 2015, conocida esta semana, es una buena noticia para el país. Pero fundamentalmente para la Presidenta Bachelet, su gobierno y la Nueva Mayoría. La identidad de un gobierno y de una coalición de centro-izquierda es la lucha para una sociedad más justa y cuando en ésta disminuye la pobreza y se acorta, aunque marginalmente, la brecha de la desigualdad, expresa una satisfacción.

La encuesta Casen, por su representatividad, es la de mayor volumen que existe en Chile, se aplicó en 83.887 hogares, en 324 comunas y en las 15 regiones del país, recolectando información sobre 266.968 personas. Es una buena noticia además porque la reducción se produce con un nivel de exigencia más alto en cuanto a la línea de la pobreza con respecto a las mediciones anteriores al 2013. Entre 1987 y 2011 la línea de la pobreza por ingreso, de acuerdo a la encuesta de Presupuestos Familiares de 1987, era de $72 mil por persona. Es decir hasta el 2011 una persona era pobre si todos sus ingresos mensuales no alcanzaban esa cifra. Hecho el ajuste pertinente en la actualidad y desde el 2013, dicha cifra prácticamente se duplicó. Y hoy una persona es pobre si todos sus ingresos mensuales son inferiores a $151.669.

Otra demostración del significativo ajuste es que hasta el 2011 un hogar tipo, de cuatro integrantes, era pobre por ingreso si este alcanzaba a una cifra menor a los $288 mil mensuales. Hoy, esa cifra para el mismo hogar tipo es de $400.256 mensuales, es decir se ha bajado la pobreza por ingreso con mayores exigencias, lo que es una buena noticia. Paralelamente, también se ha reducido la pobreza multidimensional, aunque en márgenes menores, de 20,4% a 19,1%, cifras comparables.

Por otra parte, se ha ajustado, aunque marginalmente, la brecha de la distribución del ingreso. Y quizás la noticia más relevante, es que por primera vez desde que se lleva registro, el índice Gini es inferior al 0,5%. Es decir, en ingreso autónomo el índice quedó en 0,495, y en ingreso monetario quedó en 0,482. Lo anterior requiere una explicación: el índice Gini de aplicación universal establece que la plena igualdad es equivalente a 0, y la plena desigualdad es igual a 1. El desafío de Chile en este índice es acercarse a la OCDE que hoy registra, en promedio, un nivel de 0,33. El segundo desafío de Chile en esta materia es ver el impacto en este indicador de los tributos, porque en nuestro país, hasta ahora, el índice se mantiene igual antes y después de impuestos, mientras que en Europa, antes de impuesto es 0,5 y después de impuestos baja a 0,3. En pocos años más podremos evaluar en esta materia el impacto de nuestra reforma tributaria que hoy no podemos dimensionar.

Ingreso autónomo, como su nombre lo indica, son aquellos percibidos y generados solo por las personas.  En tanto, ingreso monetario es el anterior más las transferencias que recibe una persona por subsidios  derivados de un conjunto de políticas sociales. Como lo dijimos más arriba, en ambos casos mejoró, marginalmente, la distribución del ingreso.

Todo lo anterior refuerza  la idea de perseverar a través de reformas estructurales y políticas sociales el combate para una sociedad más justa. Aún nos quedan como país una cifra preocupante: 2 millones de chilenas y chilenos siguen viviendo bajo la línea de la pobreza; uno de cada 4 chilenos vive en la pobreza multidimensional; y la desigualdad  en la distribución del ingreso sigue siendo, en mi opinión, indecente. Como muestra un botón, si uno compara el ingreso monetario entre el 10% más pobre y el 10% más rico, hoy día es de 16 veces. Claro, es mucho mejor que en el 2006, que era de 20 veces. Sin embargo debiéramos acercarnos a nuestros países referentes, en los que esta distancia se acorta a 8 veces.

Todos sabemos que para disminuir la pobreza se requiere crecimiento económico, mejores empleos y mejores salarios. Ese es el sentido de la reforma laboral. Todos sabemos que para mejorar la distribución del ingreso en el largo plazo la clave  es la calidad de la educación, para eso está la reforma educacional. Y todos sabemos que para disminuir la desigualdad es clave la equidad tributaria, para eso está la reforma tributaria.

Estos buenos resultados de la Casen 2015 se dieron además en un contexto de desaceleración económica, de desconfianza en todas instituciones  y en un muy bajo respaldo a la gestión del gobierno y la Nueva Mayoría, además también de la oposición. Un resultado como este nos indica que en momentos como el actual para la centro-izquierda el camino es perseverar en las reformas y en las políticas sociales para construir un país cada vez más justo.