¿Crisis institucional?

Publicado : 16 Agosto, 2016 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


Ricardo Lagos  ha señalado que a Chile lo afecta una crisis institucional por la pérdida de legitimidad de sus instituciones. Aún cuando Insulza tiene razón cuando indica que nada de lo que ocurre en Chile sugiere la existencia de una ruptura inminente, numerosas señales apuntan a una crisis institucional. Ella se origina en el cuestionamiento ciudadano de tres instituciones del sistema económico social heredado de la dictadura: la educación estructurada en torno al principio del lucro que implica que cada cual recibe la educación que puede pagar; el sistema de pensiones, que luego de 35 años ha fracasado en cumplir la promesa reiterada de asegurar tasas de reemplazo de 70% y; la salud donde coexisten dos sistemas en el cual el sector público asume los costos y la tarea de atender a la mayoría de la población (incluidos los expulsados por el sistema privado) y el sector privado que acumula y crece gracias al financiamiento público. A la desazón ciudadana respecto de la educación, se suman las irritantes listas de espera en la salud pública y los cientos de miles de procesos judiciales contra las Isapres y ahora, 700 mil personas se movilizan contra el sistema de AFP. Esta irritación reafirma la percepción que la economía funciona para unos pocos (¿el 1% de Picketty?).

En este contexto, se despliega la crisis institucional. Aparece lo que Streeck ha llamado la “neutralización de las instituciones políticas”, que se traduce en un sistema institucional que se blinda frente a las presiones ciudadanas en favor del cambio.Los resultados electorales aparecen como irrelevantes, tanto por la convergencia de los programas electorales como por el predominio en áreas estratégicas de la política pública de instituciones contra mayoritarias que se imponen a los organismos elegidos democráticamente (el Tribunal Constitucional es un ejemplo). Como resultado de las grandes movilizaciones apareció en Chile la posibilidad, con Michelle Bachelet, de romper con esta situación, acercando las demandas ciudadanas con las decisiones políticas. En ese proceso, ha quedado en evidencia una segunda dimensión de la crisis institucional: la precariedad de las instituciones para impulsar cambios sustanciales que se manifiesta en la incapacidad de los partidos políticos de levantar proyectos de cambios efectivos y la crisis del presidencialismo como régimen político. La incapacidad de la coalición gobernante para concordar un programa, la crisis del liderazgo presidencial y la oposición virulenta de los beneficiarios del actual sistema a la incorporación de otros sectores al disfrute de los beneficios del trabajo de todos, son expresión elocuente de esta crisis.

No es posible enfrentar la crisis institucional sin propuestas que superen las instituciones económicas sociales indicadas y el agotado régimen presidencialista. La aprobación de una nueva Constitución es en este sentido crucial. Una campaña presidencial que exija posiciones claras de los candidatos en estas materias es un complemento ineludible. Suplementariamente se requieren nuevas propuestas que permitan el desarrollo de nuevos impulsores del crecimiento en el largo plazo.