No + AFP o la democracia en acción

Publicado : 27 Julio, 2016 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


La democracia en Chile, considerada una de las de mayor calidad y desarrollo en América Latina, de acuerdo a distintos y más (o menos) sofisticados análisis, ¡oh, paradoja! Enfrenta niveles crecientes de malestar y desconfianza en las instituciones propias de la democracia. Ya no hay quien lo dude, la crisis de representación se ha hecho evidente y creciente, entre otras cosas, porque el vínculo entre el Estado, las estructuras de representación (al menos los partidos tradicionales) y la ciudadanía, se fracturó.

¿Por qué ha sucedido esto? Las causas son múltiples y teorías abundan: el agotamiento del modelo heredado de una transición que tuvo sus bemoles, la elitización de la política (que ha hecho perder el nexo con la ciudadania), la falta de competencia del sistema o un fenómeno más reciente, pero no menos importante, como la corrupción, etc. En cualquier caso, cuando hablamos de los males de nuestra democracia nos referimos fundametalmente a las deficiencias que tienen tanto las instituciones (entendidas como reglas del juego), como los actores políticos de entender y procesar respuesta frente a una sociedad que se transforma de manera más acelerada que la capacidad de entenderla.

No obstante, tendemos a olvidar que la democracia no sólo son instituciones, poderes del estado, partidos y actores políticos tradicionales, sino que también ciudadanía. En efecto, la democracia no sólo se expresa a partir de un régimen político, sino que se define también desde su articulación en la sociedad. He aquí entonces la relevancia de tomar muy en serio la primera,  probablemente de muchas, de las marchas de este fin de semana contra las AFP’s, donde participaron de forma espontánea y sin una clara conducción política, cerca de 750 mil personas en todo el país. Se trata de una manifestación ciudadana que es probablemente sólo comparable con la articulación del movimiento estudiantil en 2011, que al principio ningún actor políticotomó muy en serio, pero que finalmente terminó transformando la agenda política y dejando en evidencia la crisis de nuestras forma de representación.

Más allá de la consigna contra la existencia de un fondo de pensiones que no cumplió su promesa original, lo que está instalado en la sociedad chilena es la percepción de abuso de poder y un rechazo creciente a un sistema que reproduce desigualdad y donde la impotencia respecto a la abulia con que desde el mundo político se tratan estos temas, es un factor de agotamiento permanente de los canales institucionales de expresión, que parecen no dar el ancho para acoger y empatizar con la realidad. Lo peor, el sistema tampoco entrega alternativas o canales para procesar el malestar, porque si en Chile existiera iniciativa ciudadana de ley (una promesa sin cumplir de nuestra democracia), hace rato estaríamos discutiendo varios temas en el Congreso de manera prioritaria. Lo mismo si tuvieramos plebiscitos o referéndums efectivos, porque habría que generar condiciones para preguntar a la ciudadanía sobre temas que son prioridad nacional.

Todo esto es insoslayable en los debates políticos que se acercan. Los tiempos que corren requieren habilidad política, empatía y sobretodo liderazgo, porque precisan encontrar el camino para reconectar con una ciudadanía cansada y desconfiada. No se trata de hacer un ofertón político, sino que ser, parecer y hacer aquello que se promete, sin eufemismos y sin dilaciones.