Debates ineludibles

Publicado : 26 Julio, 2016 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


La temporada de presidenciables está oficialmente abierta. Más allá de sus nombres resulta indispensable conocer cómo pretenden superar la crisis política-social que enfrenta el país. Deben pronunciarse también sobre la agenda transformadora impulsada por la Presidenta Bachelet,sobre las dificultades de gestión política que ha evidenciado la presente administración y contribuir a ampliar el horizonte de la discusión nacional para encarar seriamente los desafíos del presente siglo.

Sebastián Piñera se ha manifestado a favor de aplicar una versión nueva de la “retroexcavadora”, ahora respecto de las reformas de Bachelet. Pareciera que busca retrotraer el sistema tributario al existente antes del 2014, reponer la mercantilización de la educación, olvidar la idea de una reforma laboral que permita un mayor equilibrio entre empresarios y trabajadores, y postergar la idea de avanzar hacia una Nueva Constitución. Los presidenciables de la Nueva Mayoría no se han pronunciado sobre la agenda que heredará la Presidenta Bachelet.

La actual administración es la que más dificultades ha mostrado para lograr acuerdos efectivos al interior de su coalición y que más conflictos ha evidenciado en torno a las líneas matrices de su programa.Parlamentarios de la coalición y los propios ministros han puesto en cuestión las decisiones presidenciales. La más reciente, la declaración del ministro Valdés que dudaba de la prioridad de destinar recursos fiscales a la gratuidad universal. Conviven así un presunto presidencialismo extremo y la dificultad para que la primera Mandataria asuma un liderazgo efectivo. Es iluso pensar que estas dificultades sólo derivan del carácter de la Presidenta. Ello tiene que ver con los cambios en marcha en Chile y el mundo y con la aspiración a regímenes más democráticos,  y en consecuencia los candidatos deben pronunciarse sobre estos desafíos.

Las dificultades del gobierno tienen que ver también con que no ha sido capaz de proponer una mirada distinta al sentido común neoliberal dominante. Las discusiones en torno a las reformas han tenido como contexto cognoscitivo lo que Todorov en su libro Los enemigos íntimos de la democracia denomina el ultraliberalismo. Desde esta perspectiva se sacraliza la “lógica económica” y se olvida que corresponde a la sociedad someterla a las exigencias sociales que se deciden en común. Al hablar por ejemplo de flexibilización y movilidad laboral se les releva como signo de modernidad y eficacia, pero no se toma en cuenta el impacto que ello tiene sobre las relaciones humanas, sobre la vida familiar y en la construcción de la identidad de los individuos.Cuando se hace hincapié exclusivo en gestionar el Estado como empresa, se pierde de vista su relevancia como garante de la continuidad de la sociedad, de su capacidad para preocuparse del futuro más lejano y de los valores no materiales, y de que ofrece un marco de vida en común, que permite situar nuestras actividades cotidianas en relación entre sí.Enfrentar las turbulencias de la sociedad moderna no parece posible sin ampliar el horizonte de nuestros debates. A los presidenciables les cabe un rol esencial en esta tarea.