Encuentros locales, participación y democracia

Publicado : 04 Julio, 2016 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Ha concluido una primera etapa del proceso constituyente anunciado por la presidenta Bachelet en su programa de gobierno e iniciado hace un par de meses con los Encuentros Locales Autoconvocados. No cabe duda que en país acostumbrado a no debatir y con una crisis de representación relevante, son una señal importante los más de 8.500 encuentros realizados, donde habrán participado cerca de 100 mil personas. En tal sentido, considerando los múltiples balances que se han hecho en estos días, vale la pena preguntarse ¿cómo leer estos resultados?

Lo primero es romper con un criterio ampliamente utilizado por sectores críticos con este proceso, no es posible utilizar como parámetro el número de electores para medir el éxito o fracaso de la iniciativa. Esto porque la lógica de elección de representantes es distinta a un mecanismo participativo y deliberativo en un país que no tiene costumbre de ejercitar este tipo de instancias. En efecto, a todas luces, la sola posibilidad de promover el debate público en un país no habituado a aquello es una buena noticia y muestra lo necesario que es promover en Chile mecanismos de democracia directa y de participación que, principalmente por miedo del mundo político a abrir espacios de debate, no han podido constituirse en ley. Me refiero con ello a plebiscitos, referéndum y iniciativa ciudadana de ley.

Respecto al perfil de los participantes, se ha acusado de sesgo de clase que sin duda es cierto, porque los debates han estado concentrados en comunas de estratos sociales altos. No obstante, es también preciso hacerse cargo de que esto no es un problema particular de esta instancia, sino que de una sociedad que es profundamente desigual y segregadora y son precisamente las oportunidades de debate las que permiten denunciar este tipo de situaciones y buscar soluciones colectivas para el futuro.
También hubo quienes acusaron en su minuto la falta de neutralidad del proceso, como si fuera posible dirigir aquello que las personas que libremente participaron, pudieran debatir. Es cierto que la metodología tenía ciertas dificultades y limitaciones, pero ello no desvaloriza el hecho de propiciar un espacio de debate inédito. Por cierto, habrá que ver como se procesa el resultado de la cantidad enorme de información que provendrá de las actas de cada encuentro y del proceso de cabildos que se acerca, pero lo cierto es que el solo hecho de estar en este ejercicio contribuye a generar un debate público importante y releva, entre otras cosas, la importancia que tiene culminar este ciclo con una instancia abierta de debate amplia, es decir, una asamblea constituyente.

Es preciso comprender que iniciativas como esta no amenazan la democracia y, es más, pueden ser una oportunidad para el evidente y acelerado agotamiento de nuestro sistema político, aquello que hemos llamado “crisis de representación” es la peor amenaza a la propia estabilidad de nuestro sistema en su conjunto, porque lo que está en crisis hoy son nuestras reglas del juego. Si seguimos al Nobel de economía Douglas North, la “desconfianza en las instituciones” (partidos, parlamento, empresa, gobierno, iglesia, etc.) no es más que una crisis de nuestras reglas del juego. En efecto, para este autor las instituciones son las reglas del juego escritas y no escritas que se da a sí misma una sociedad y cuyo objetivo es reducir la incertidumbre. Cuando estas reglas del juego no tienen capacidad de adaptarse a entornos cambiantes, el sistema se tensiona al punto de provocar crisis. He aquí la profunda miopía de quienes no entienden el significado profundo de lo que está hoy en juego.
El proceso constituyente abre una luz de esperanza hacia una segunda transición cuyo futuro es aún incierto. Por esto, el resultado final de este proceso no está garantizado y dependerá en gran medida de la capacidad de la ciudadanía de hacerse parte de esta articulación que hoy sólo comienza.