El ministro Valdés y las reformas estructurales neoliberales

Publicado : 30 Mayo, 2016 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


Ha sorprendido la declaración del ministro de Hacienda en El Mercurio, en el sentido que las reformas estructurales que han estado muy presentes en la discusión sobre la desaceleración económica y la forma de superar el crecimiento mediocre que presenta el país desde fines de 2012, ya habrían sido hechas. Naturalmente que quienes hemos sostenido que la desaceleración económica tiene como causas fundamentales la desaceleración global de la economía mundial y los problemas estructurales que enfrenta la economía nacional, hemos quedado desconcertados.

Lo que el ministro no termina de reconocer y que explica su afirmación reiterada de que la economía está sana en circunstancias que el país lleva cerca de 4 años en que su potencial de crecimiento se está debilitando, es que pasados casi 30 años de las reformas estructurales del régimen militar ha aparecido un nuevo conjunto de reformas estructurales requeridas para avanzar hacia una economía intensiva en conocimiento que nos ponga más arriba en la liga de las economías más competitivas.

Sin duda que en el trasfondo de la confusión es que el ministro habla de reformas estructurales distintas a las que han estado en la discusión de la centroizquierda. Las reformas estructurales a las que él se refiere fueron la apertura al exterior, la privatización, la desregulación de la economía y la liberalización financiera, entre otras. Se trata de reformas impulsadas principalmente bajo la dictadura, que fueron vistas críticamente desde la oposición a ese régimen y que hoy forman parte en lo fundamental del acervo común, aun cuando existen diferentes visiones respecto del modo en que se impusieron y el alcance que tuvieron.

Por ejemplo, ¿era adecuado que la liberalización financiera fuera tan extrema, a diferencia de las experiencias exitosas del sudeste asiático? ¿Correspondía hacer un proceso de privatización a precios truchos y que alcanzara de manera tan dramática a la educación, la salud y la previsión? ¿Era pertinente impulsar una política de debilitamiento general de lo público que dejó al Estado sin capacidad ni disposición a tener una mirada estratégica, para orientar la toma de decisiones de los agentes económicos?

Más aún, como incluso reconoce un artículo recientemente publicado por economistas del propio Fondo Monetario Internacional, “en lugar de generar crecimiento, algunas políticas neoliberales han aumentado la desigualdad, poniendo en riesgo la expansión económica duradera”. Es difícil encontrar una afirmación que con mayor claridad describa la situación de la economía chilena y ponga en cuestión la autocomplacencia del ministro de Hacienda.

Sus afirmaciones terminan de confirmar que su análisis no está dando cuenta adecuada de los problemas económicos del país y que no calibra los desafíos políticos que enfrenta Chile en la perspectiva de la próxima elección presidencial.

Las reformas estructurales de los 80 no son las reformas que Chile necesita hoy y están sin duda pendientes. Son de variada naturaleza. Se necesitan reformas a la reforma neoliberal. En el campo previsional, no es posible seguir defendiendo el sistema de AFP, porque luego de 35 años (pese a las rentabilidades altas de las primeras décadas) entrega bajas pensiones y bajas tasas de reemplazo (incluso para aquellos que tiene una alta densidad de cotizaciones).

Es necesario discutir a fondo, si es sostenible que el ahorro de los chilenos sea manejado exclusivamente por un puñado de AFP. En el campo de las Isapres, es necesaria una reforma de fondo que se viene postergando hace más de 10 años. En el campo económico se requiere que el Estado asuma un papel más relevante en el impulso de una estrategia de desarrollo. Es indispensable un estilo de crecimiento más consistente con oportunidades laborales de mejor calidad, que contribuya a reducir la desigualdad y sea sostenible en el tiempo.

Es necesario también acometer reformas estructurales que permitan enfrentar la situación que emergió de la grave crisis financiera del 2007 y 2008. Se trata de reformas a que está abocada la gran mayoría de los países desarrollados, siendo una discusión no menor la dirección de esas reformas. Entre estas destacan la recuperación del sentido primigenio de la regulación y fiscalización de los organismos reguladores y un fortalecimiento de su capacidad de supervisión.

Se necesitan también reformas para enfrentar los cambios tecnológicos profundos que están modificando radicalmente la fisonomía de la economía internacional y reestructurando la inserción de los diferentes países y regiones económicas del mundo. Para Chile eso significa que se requiere transitar desde el predominio de una economía intensiva en la explotación de los recursos naturales a un desarrollo basado en la innovación, la ciencia y la tecnología y en recursos humanos de categoría mundial.

Sostener que las “reformas estructurales” ya se hicieron y que ahora se requiere solo cambios marginales representa, además, una desautorización a posteriori del diagnóstico y la propuesta política programática de la Presidenta.

Michelle Bachelet tuvo que enfrentar argumentos similares cuando quiso impulsar la reforma tributaria del 2014 (frente aquellos que proponían, simplemente aumentar el IVA y dejar intocado el fuerte carácter regresivo del sistema tributario chileno), o la reforma educacional (cuando muchos señalaban que había que seguir por el mismo sendero, pues la calidad de la educación había mejorado en los últimos años). El problema político que plantea el discurso, ahora más claro, del ministro de Hacienda, es que el magro desempeño económico y la falta de un discurso innovador consistente con los problemas estructurales de nuestro país, amenaza con constituirse en un obstáculo insalvable para proyectar el afán reformista, en una nueva victoria presidencial de la centroizquierda en el 2017.