El progresismo y el Santo Grial

Publicado : 29 Julio, 2009 en Prensa

Para no perderse en la superposición de disputas de distinto tipo -de esas que los medios de comunicación relatan por estos días en el marco de una encendida campaña electoral- pronto se necesitará tener un GPS. Nos referimos no sólo a los dimes y diretes entre los diferentes comandos, sino también a las pugnas intracomandos, motivadas, muchas veces, por egos triunfantes o por descoordinaciones de inexpertos.

Sin embargo, una de ellas reviste un carácter particularmente estratégico, en tiempos de política desideologizada, de priorización de marcas y de valorización de atributos de los candidatos. Nos referimos a la centrada en la necesidad de visibilizar y fortalecer el ideario progresista, y que alguna relación guarda con aquella controversia larvada y espasmódica, cuyo germen se encuentra en la diversidad misma que dio origen a la Concertación y que ha tenido varios episodios, siendo el más bullado el que involucró en su momento a “autocomplacientes” y “autoflagelantes”.

En esta causa, el senador Guido Girardi se ha autoasignado, cual caballero del Santo Grial, un rol de salvaguardia del progresismo señalando que, a la confiabilidad que Eduardo Frei proyecta, debe unirse un programa anclado en las demandas que los chilenos manifiestan en múltiples encuestas y que estarían más cerca de la senda progresista: un rol más protagónico del Estado, ampliación de libertades, freno a los abusos y al lucro sin escrúpulo, así como la aspiración a la igualdad de resultados, lo que supone enfrentar los desafíos de la redistribución.

Este rol no es cuestionable per se, ya que afán protagónico, poco o mucho, es necesario para sobrevivir en la actividad política. También parece pertinente que alguien se encargue de izar las banderas de un concepto cuyo significado no es nítido para todo el mundo. Por otra parte, aceptando que no hay una única manera de ser progresista, reconozcamos que se han producido desviaciones a la norma. Están los progresistas acomplejados, renegados, resignados y hasta los ubicuos.

En estos últimos pudiera estar pensando el senador Girardi cuando proclama la urgencia de rescatar a la Concertación de la captura liberal de la que habría sido objeto por parte de grupos que, a su interior, han estado sospechosamente inclinados a comulgar con políticas más guiadas por la lógica de la rentabilidad de unos pocos que por un ideario de derechos. Y, también, a proclamar el imperio de la técnica sobre la política, aderezado con la creación de mecanismos alternativos que sacan los temas fuera del proceso democrático de decisiones, llámese órganos independientes o comisiones no partidistas.

El asunto es que una campaña electoral, inserta además en una crisis del capitalismo financiero internacional, permite poner los puntos sobre las íes, recordando que los políticos de derecha prefieren las rebajas de impuestos y la reducción del Estado, junto con aceptar la existencia de ganadores y de perdedores. Un progresista, por el contrario, piensa primero en resguardar a los más débiles, promover la protección gubernamental bajo la forma de una red de seguridad social y en impulsar la educación pública, las libertades civiles y la igualdad de trato.

Estas distinciones, a veces, no son del todo obvias y alguien debe encargarse de advertir que ambas visiones no dan lo mismo. Recordemos que la Alianza acostumbra, por una parte, a disimular las consecuencias que tendrían sus políticas y, por otra, a mimetizarse con la Concertación, como hace con su promesa de mantenimiento de la red de protección social.

Artículo de opinión aparecido el miércoles 29 de julio de 2009, en el Diario La Tercera: http://www.latercera.com/contenido/895_162284_9.shtml