Una deliberada confusión

Publicado : 22 Enero, 2016 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


En el vendaval que está sacudiendo a Chile han proliferado las denuncias, falsas y verdaderas, los alegatos francos, cínicos e hipócritas, las acusaciones precisas y las al voleo, poco importa. Han proliferado también las confusiones.

Una muy importante se refiere a la disposición al cambio de la ciudadanía. Los sectores conservadores han instalado con mucha inteligencia la idea de que no tiene sentido intentar transformaciones profundas, sea porque no producen buenos resultados, sea porque los poderes fácticos son demasiado poderosos y hacen vanos los esfuerzos reformadores.

Así, se confunde la persistencia de una actitud favorable al cambio con el juicio específico respecto de las reformas tal cual han sido conducidas por el Gobierno. Esta confusión no es fortuita: se trata de debilitar al Gobierno y más importante todavía, de congelar el statu quo propinándole una derrota electoral, política y también ideológica y cultural a los sectores progresistas.

Una segunda encuesta, “Otra mirada ciudadana”, realizada por la Fundación Chile21 y Criteria, así lo demuestra con claridad. Una mayoría de 78% cree necesaria una reforma tributaria, 92% es favorable a una reforma laboral, 96% a una educacional y 83% a una constitucional. Asimismo, un 90% cree que se debe respetar el derecho a huelga de los trabajadores, un 81% que se debe fortalecer a los sindicatos y aunque menor, un importante 67% rechaza el reemplazo en huelga. Sin embargo, cuando se pregunta por las “reformas impulsadas por el Gobierno”, estas apenas reciben en promedio nota 4 en una escala del 1 a 7.

La brecha entre disposición al cambio y juicio sobre las reformas del Gobierno no admite una explicación simple. Hay sin duda problemas de comunicación objetivamente verificables. La percepción positiva sobre determinadas reformas aumenta en la medida en que aumenta también su conocimiento. Es decir, una parte del rechazo tiene que ver con desconocimiento. Una mejor comunicación ayudaría al Gobierno a mejorar la percepción ciudadana sobre las reformas.

Pero eso no es todo. Los gobiernos suelen conformarse con esta interpretación endosando a los medios la responsabilidad por los malos resultados. Se trata de un clásico que puede funcionar como explicación durante un tiempo, pero es totalmente insuficiente. La ciudadanía no es crítica de las reformas; es crítica de las reformas del Gobierno.

El problema de fondo remite a la desconfianza sobre las elites, especialmente políticas, empresariales y religiosas. Todo lo que provenga de ellas es sospechoso y recibe a priori un juicio negativo.

Otras encuestas, Adimark y Cadem, ampliamente difundidas por los medios, arrojan resultados distintos. La explicación no es que estén malas. Como se sabe, las encuestas son una foto. El paisaje que se busca retratar es el mismo, pero el ángulo y la perspectiva desde donde se sitúe el fotógrafo pueden ser muy distintos. No hay, en consecuencia, una sola mirada. Por eso es tan importante que las preguntas sean formuladas de la manera más neutra posible sin los sesgos que en muchos casos conducen deliberadamente a grandes confusiones.