Pepe y una (urgente) reflexión ética para la política

Publicado : 26 Noviembre, 2015 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


En momentos donde los liderazgos están en crisis y donde el mundo se mueve en espacios de diversas y difusas legitimidades, como diría Rossanvallon, aparece como una esperanza en medio del bosque escuchar el testimonio hecho vida del ex Presidente uruguayo José (Pepe) Mujica,que en estos días nos visitó a propósito de la inauguración del X Foro Anual del Progresismo de la Fundación Chile 21.

Su prestigio y su huella ha llegado a tal nivel, que por sí solo es capaz de repletar un auditórium con más de 300 jóvenes desilusionados de la política tradicional y en búsqueda de nuevos sentidos. Es que Mujica es eso, no sólo el discurso, sino que la palabra transformada en acción, en sobriedad y humildad. Valores que, a ojo de buen cubero, se han alejado a pasos agigantados del ejercicio de parte importante de las dinámicas de nuestro sistema político.

En efecto, se ha repetido mucho en el último tiempo, a propósito de la crisis de representación en política, esta excesiva elitización de nuestro sistema, que dicho sea de paso, incluye también a la elite económica y empresarial. ¿Qué explica si no que estos vínculos sociales o de amistad, muy loables y naturales por cierto, hayan terminado generando vicios en el financiamiento de la política? ¿Qué explica si no esto, que ha constatado tan bien los informes de desarrollo humano del PNUD 2012 y 2015, que mientras la elite en Chile acuña miedos de diversa índole, la ciudadanía pierde cada vez más el temor? Claro, en general no sólo se le pierde el afecto a aquello que no se conoce, sino que también se pierde la capacidad de entenderlo. Nuestra elite política, acostumbrada en su mayoría a moverse en los mismos círculos, mismos barrios y con los mismos códigos, ha generado una brecha enorme con esa parte de la sociedad chilena que le es ajena y que en muchos casos sólo observa y analiza desde la óptica electoral.

Y de nuevo Pepe en eso nos da lecciones. No es que en su discurso llame a la revolución de las masas ni a la construcción de una izquierda radical; muy por el contrario, su llamado es a evitar el infantilismo de la izquierda y, en consecuencia, no confundir los deseos con la realidad, entendiendo que las nuevas generaciones no tienen por qué cometer los errores de las generaciones del pasado, particularmente aquellas marcadas por las experiencias trágicas de las dictaduras.

Acá es donde reivindica la recuperación del sentido de la equidad en la sociedad. La búsqueda de justicia social para el progresismo no pueden significar simples “mitigaciones” sino que la construcción de un sistema que sea de verdad justo. Para ello se requieren proyectos políticos colectivos, que recuperen el sentido de comunidad, que combatan el excesivo individualismo de nuestras sociedades y que representen proyectos y valores que sean comunes.
En suma, se trata ni más ni menos que poner el ejercicio de la ética al centro de toda la actividad humana y, en especial, en la construcción del bien público.