Elecciones y desafíos ambientales

Publicado : 01 Julio, 2009 en Prensa

hernan-duranAnalizando el discurso de los candidatos a la Presidencia de la República llama la atención su silencio respecto al tema ambiental. Al parecer en todo el arco iris de tendencias políticas, el tema no está a la altura de los candidatos. El pronto inicio de las campañas electorales de parlamentarios no permite vislumbrar que el eje de la discusión vaya a cambiar de orientación. Sin embargo, en Chile, por su tamaño y características políticas y económicas, se podría hacer un esfuerzo serio para enfrentar estos problemas y transformarse en un país líder mundial para enfrentar el cambio climático y superar sus carencias en las políticas y acciones ambientales, con todos los beneficios económicos y políticos que eso significaría por su peso político mundial, y para asegurar nuestro acceso a la OCDE y, consecuentemente, para el incentivo de nuestras exportaciones.
Sin pretender ser demasiado rigurosos y exhaustivos, hay que reconocer que en materia ambiental durante estos cuatro gobiernos de la Concertación se ha avanzado muchísimo.

Hoy tenemos una institucionalidad que funciona, un sistema de evaluación de impacto ambiental de los nuevos proyectos de inversión que permite avances significativos, un proyecto de ley en el Congreso que la hará aún más potente, y así también son indiscutibles los avances en el mejoramiento de la calidad del agua, en la gestión de los residuos sólidos con algunos rellenos sanitarios funcionando mejor y con diversos planes locales de reciclaje y minimización. En general, se dispone de mejores instrumentos para la protección ambiental, a tal punto que estamos pasando el examen de modernidad ambiental que nos permitirá entrar a la OCDE.

Entre los estancamientos y retrocesos importantes en materia ambiental está el incremento en la producción de CO2 per cápita debido a que nuestra matriz energética privilegia el uso de los combustibles fósiles altamente contaminantes, producto de la normativa vigente. En efecto, sólo para ejemplificar con el caso de la generación eléctrica, el DFL1 de 1982 o Ley General de Servicio Eléctricos que fue impuesta con el objetivo de generar un marco regulatorio que permitiera la privatización de ENDESA, pone el énfasis en el rol del mercado y privilegia el uso de los combustibles fósiles y de la generación eléctrica en las grandes represas hidroeléctricas, que en esa época parecían las únicas opciones viables. Por otra parte, no le deja posibilidad alguna de participación al Estado en la planificación del uso de los recursos y en la toma de decisiones acerca de las mejores opciones tecnológicas, con lo que quedan fuera las posibilidades de generación eléctrica y el uso de nuevas formas de energías renovables que no contaminen. Las modificaciones posteriores a la Ley no generaron condiciones objetivas para incentivar el uso de otras formas de generación eléctrica.

Algo similar ocurre con el tema de la contaminación atmosférica, donde la imposibilidad de planificar seriamente el uso del territorio y los medios de transporte públicos y privados, debido a las leyes impuestas en aquella época y hoy obsoletas, hace que los esfuerzos realizados sean infructuosos pues los intereses económicos a favor de procesos contaminantes son más poderosos que las nuevas herramientas de protección del medio ambiente.

El mismo análisis y con mayor crudeza se puede hacer con el tema del uso del agua y su propiedad, del uso de las cuencas y de la destrucción de los glaciares.

En consecuencia, el problema es que para mejorar la calidad de nuestro medioambiente hay varios puntos pendientes para lo cual se requiere una postura clara y fuerte con una decisión política a la altura por parte de los candidatos. De no haber un cambio en el corto plazo, nos encontraremos con un mercado internacional que no aceptará la importación de bienes procedentes de países que no se hayan alineado con los nuevos desafíos de menor emisión de CO2. Así también, tendremos que dar cuenta por el daño irreversible que se está provocando en nuestros ecosistemas.