Un nuevo enfoque

Publicado : 13 Noviembre, 2015 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


Los conflictos y desencuentros con Bolivia y Perú han terminado marcando la política exterior de Chile. Es una lástima. Allí donde deberíamos estar discutiendo sobre nuevas formas de integración regional, de cómo integrarnos de manera activa en la globalización, terminamos envueltos en conflictos que datan del siglo XIX.

Se trata de conflictos que desencadenan reacciones patrióticas que no resuelven, sin embargo, ningún problema. El llamado “triángulo externo” no hará más rico al Perú, y la eventual salida soberana al mar, no resolverá los problemas estructurales que limitan el desarrollo de Bolivia.

Se trata, además, de conflictos que en la hora actual no tienen solución. Chile no puede sino declarar nula la delimitación del nuevo distrito La Yarada-Los Palos, que incluye un límite terrestre cuestionado por Chile. Al corresponder a una decisión ratificada por el Parlamento del Perú y promulgada por el Presidente Ollanta Humala, Perú no tiene vuelta atrás. Lo mismo ocurre en el diferendo con Bolivia. Éste está radicado en la Corte y habrá que esperar varios años a que  entregue un veredicto, que probablemente no aporte ninguna solución de fondo.

El Presidente Mao Zedong insistía mucho en la necesidad de distinguir entre la contradicción principal y la contradicción secundaria. Éste puede ser un buen enfoque para enfrentar la situación planteada. En lo inmediato, estos conflictos no pueden resolverse pero pueden situarse en un contexto más amplio. Hay que dejar en evidencia que en el mejor de los casos, constituyen contradicciones secundarias, al lado de la contradicción principal que resulta del riesgo cierto de marginalidad internacional de América Latina si no somos capaces de integrarnos y enfrentar las estrategias de las grandes potencias que buscan también integrarnos pero de manera precaria y subordinada. Frente a esos riesgos, los problemas planteados por Bolivia y Perú son francamente menores.

El Presidente Evo Morales puede recorrer el mundo y encontrar, incluso, apoyos para su campaña. Pero serán, en el mejor de los casos, éxitos puramente simbólicos. Esta es una causa que se presta para generar simpatías, pero que pasa completamente por el lado de las cuestiones que definirán el futuro de nuestras naciones.

Nuestro futuro está en la profundización de nuestra democracia, en la ciencia, la tecnología, la innovación, la educación y las cadenas de valor. Es en esos ámbitos en donde debiéramos generar no sólo simpatías, sino adhesiones sólidas, no sólo apoyos simbólicos, sino acuerdos duraderos. En torno a estas cuestiones debiéramos ver a nuestros líderes recorriendo el mundo para fortalecer nuestra unidad y dejar de lado antiguas divisiones.

De esta manera podríamos salir de la posición incómoda a la cual se intenta llevarnos. No se trata de salir peleando. Basta con desplegar argumentos sólidos. Chile tiene que mostrar que definitivamente dejó atrás esa idea absurda y soberbia de que somos una buena casa en un mal vecindario. Como lo hemos dicho tantas veces, no basta  con ser el mejor alumno de la clase. Hay que intentar también ser un buen compañero.