Un fallido recambio

Publicado : 06 Octubre, 2015 en Columnas Chile 21, Javiera Arce

|por Javiera Arce|


“A río revuelto, ganancia de pescadores”, así lo establece el antiguo refrán al referirse a que en un escenario de desorden, siempre algún pescador podrá incrementar sus  ganancias, y no es menor si observamos el acontecer nacional, en cómo la contienda presidencial se ha tomado la agenda política ante un supuesto “vacío” de liderazgo y el aparente “rechazo” ciudadano a las reformas impulsadas por el actual gobierno.

Los emprendedores políticos han salido a la palestra, incluso apoyados por algunos personeros actuales de gobierno. Partidos políticos ya alistan sus preferencias y declaran apoyos a posibles candidatos, y éstos a sí mismo no desaprovechan oportunidad alguna para ocupar un espacio en los distintos medios de comunicación. Llama la atención que además de los posibles candidatos de la Nueva Mayoría y la Alianza, sean conocidos líderes , y no nuevos rostros de las generaciones de los ochenta y noventa, que al parecer no tienen la altura necesaria para la investidura del cargo, quienes poseen el mayor chance para transformarse en alternativas presidenciales.

En particular, ha sido muy notoria la agilidad de la actuación del ex Presidente Ricardo Lagos Escobar, que no ha perdido oportunidad para opinar (de manera apasionada), sobre política exterior chilena, dando una “cátedra” de geopolítica, utilizando argumentos hostiles que agravan el conflicto, para que Bolivia procure otros conflictos con quienes al igual que Chile, les quitaron territorio; haciendo gala de su deficiente conducción en materia de política exterior durante su gobierno, que sentó las bases de la demanda de nuestros vecinos a la Corte Internacional de Justicia. Su figura y su estampa de “estadista”, en el escenario actual de “desorden”, pareciera ser la respuesta que la ciudadanía requiere ante el “crispado” ambiente nacional.

Asimismo el target de los posibles candidatos (salvo Marco Enríquez Ominami), supera ampliamente los 60 años, como Isabel Allende, Sebastián Piñera y el propio Ricardo Lagos Escobar, demostrando la inexistencia de nuevos liderazgos. Pareciera ser incluso que estos grandes próceres propiciaron la ausencia de recambio, privilegiando la obsecuencia cómplice de los jóvenes y no la posición crítica de las nuevas generaciones que se vieron expulsadas de los partidos (o conminados a posiciones menos relevantes). Dichos comportamientos, trajeron como consecuencia partidos políticos conformados por verdaderas castas de personas, instaladas en cargos relevantes (por lo general incompetentes técnicamente), con grandes padrinos, pero con un poder político ficticio. Situación que han culminado por despolitizar los partidos, le temen al conflicto, por lo que existen fuertes resguardos para tratar temáticas de alta relevancia, como la despenalización del aborto, avanzar hacia un modelo de bienestar, por nombrar algunos temas.

La promesa de la G90 se ha visto fuertemente truncada por una generación de recambio que se quedó sólo en la vocación de poder, que fue incapaz de consolidarse como alternativa política hacia un efectivo recambio generacional, y que hoy es fuertemente cuestionada por no cuidar de las formas utilizadas para la mantención del poder, que posee ribetes más bien oportunistas que meritocráticos, en que importaba más conocer bien la orgánica partidaria y las reglas electorales (procedimientos), que ser un soporte político (ideológico, la arena de lo verdaderamente conflictiva)  y programático para los gobiernos.

Las reformas políticas, además de incentivar la transparencia y la probidad en el ejercicio de lo público y la política, podrían orientarse a garantizar el pleno ejercicio de derechos democráticos al interior de los partidos. El ninguneo y la supervigilancia de las juventudes políticas, ha terminado por replicar los patrones de comportamiento de los grandes líderes, haciendo el trabajo de las juventudes ineficiente y altamente cuestionado, replicando las sucias prácticas “tradicionales”, y el cacicazgo, característico del comportamiento de “las nuevas generaciones”. Situación que es posible apreciar en la disminuida presencia de los partidos políticos organizados en las universidades,siendo éstos reemplazados por alternativas inorgánicas y de ultra izquierda, cuyas opciones parecieran ser más atractivas para los y las estudiantes.

El verdadero desafío por parte de los partidos políticos actuales, será apostar por una agenda de transparencia efectiva, la alternancia en el poder, la competencia libre, vale decir, robustezca la democracia interna, garantice el ejercicio político de toda su militancia, sin vulnerar sus derechos, de lo contrario, tendrán que recurrir a  “la vieja guardia”, pero ya no tenemos la certeza  de antaño,  pues en escenario actual las problemáticas actuales parecieran ser diferentes. Estamos en presencia de una sociedad en tiempos de la politización como lo plantea el PNUD,en que la ciudadanía moderna se ejerce con las características del consumo.

No estamos muy seguros sobre la necesidad de que alguien venga a ordenar el “caos”, al parecer la ciudadanía busca una ampliación de su ejercicio cívico, a través de mecanismos efectivos (que pueden obtenerse desde la democracia directa), y la radicalización de la democracia. Las temáticas han variado y los desafíos de la democracia chilena también. Rescatar los antiguos liderazgos podría agravar la pérdida de legitimidad y el dinamismo  del sistema de partidos. El remedio entonces podría ser peor que la enfermedad.