Chile y su política vecinal

Publicado : 08 Septiembre, 2015 en Columnas Chile 21, Jaime Ensignia

|por Jaime Ensignia|


La política exterior de Chile del actual gobierno de Michelle Bachelet ha puesto el acento de manera importante en la “vuelta al barrio”. ¿Qué significa este importante énfasis? Implica, que se debe realizar un esfuerzo adicional de relacionamiento profundo con América Latina y el Caribe, pero particularmente con América del Sur, entorno natural de nuestro país en el marco de la mencionada política de “convergencia en la diversidad”. Paralelamente, se busca limar todo tipo de asperezas con el entorno vecinal, vale decir: a) avanzar hacia una política de integración sustantiva con Argentina, b) generar una agenda de futuro con el Perú -luego del fallo de La Haya y, c) en forma muy especial, con Bolivia atemperar de manera decidida las crispaciones que hemos observado en los últimos meses entre ambos gobiernos. 

En el análisis de nuestro entorno vecinal, hay que subrayar las excelentes relaciones que el Chile tiene con Argentina, el vecino con quien compartimos la segunda frontera más larga del mundo, además de fuertes vínculos históricos en múltiples ámbitos, que van desde lo político y lo económico, hasta lo académico y cultural. Las autoridades de Chile y Argentina están absolutamente de acuerdo, que esta relación bilateral tiene un campo inmenso de profundización aún en curso, sobre todo lo atingente a la movilidad de las personas, disminuyendo por ejemplo, ostensiblemente la duración de los tiempos en las fronteras. En otro ámbito es, especialmente destacable la postura del gobierno de Chile en cuanto al tema de las Malvinas Argentinas. Al respecto, es pertinente destacar, que todos los gobiernos democráticos desde 1990 a la fecha han solidarizado con el Estado Argentino en su reclamo internacional por las  Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, y sus espacios circundantes. La única nota gris en la solidaridad con Argentina en este ámbito, fue la actitud asumida por la dictadura cívica militar de Pinochet en el apoyo logístico qué éste le presto al Reino Unido en la Guerra de las Malvinas, en 1982. En consecuencia, ha sido política de Estado, profundizada especialmente por los dos gobiernos de la presidenta Bachelet en donde la Cancillería chilena ha sido promotora de todo tipo esfuerzos a nivel internacional y de Naciones Unidas por relevar esta justa aspiración de la República Argentina. En el plano nacional, la Cancillería chilena ha sido muy colaborativa con las actividades que desde 2011 viene realizando el Grupo Chileno de Solidaridad con Malvinas Argentinas.

En cuanto al Perú, tras el fallo de La Haya del año 2014 que produjo un enrarecimiento en las relaciones con este país vecino, en vez de haber marchado en forma conjunta a la solución definitiva de los problemas limítrofes. Las denuncias por parte del Perú de casos de espionaje y la controversia sobre el inicio de la frontera terrestre entre ambos países  (para Chile, el “Hito 1” y para Perú, el “Punto Concordia”) han dificultado innecesariamente las relaciones bilaterales. De este modo, se ha imposibilitado el necesario despegue de una agenda de trabajo conjunto, amplia y de futuro. Si es menester señalar, que en el último tiempo constatamos una política de distensión y de actividades conjuntas de las Cancillerías de Perú y Chile.   

Bolivia ha sido el país en América del Sur, que más territorio he cedido o han sido anexados por otros países del continente. Según L. Maira, “… estas pérdidas se han producido en distintos momentos de su historia en favor de los cinco países con los que tiene vecindad. Brasil, ha logrado 480 mil kms. Cuadrados; Perú 250 mil; Paraguay, 234 mil; Argentina, 170 mil y Chile 120 mil” (1). En este escenario, para Chile la relación con nuestro país vecino, Bolivia, es mucho más compleja. El conflicto histórico por una salida al mar, reivindicación boliviana, nos ha llevado a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Chile y Bolivia comparten una historia de vínculos conflictivos desde la Guerra del Pacífico de 1879, cuando Bolivia perdió 400 kilómetros de costa y 120.000 km2 de territorios en favor de Chile. El Tratado de Paz y de Amistad, firmado entre Chile y Bolivia en 1904, dejó el país vecino enclaustrado y sin una salida al mar. En abril del 2013 Bolivia presentó una demanda ante la CIJ, en busca de un fallo que pueda obligar a Chile a negociar de buena fe,  una solución a su petición de salida al mar, tras más de un siglo de diálogos sin resultados. El 15 de abril de 2014, el presidente Evo Morales se hizo presenta en La Haya para entregar la memoria boliviana con los fundamentos históricos, diplomáticos y jurídicos de su país que, tal como fue presentado, la demanda boliviana no desconoce el Tratado de Paz y Amistad de 1904. Fiel a su política de Estado, Chile ha reivindicado en los recientes alegatos el Tratado de 1904, el cual traza los límites territoriales de ambos países. Sobre este Tratado, desde la perspectiva de Chile, la CIJ no tendría ninguna jurisdicción.

Más allá del resultado de este litigio con Bolivia y de los recursos jurídicos a los que pueda echar mano cada país, se hace imprescindible crear escenarios para seguir dialogando con los vecinos bolivianos. Es indiscutible que las relaciones entre ambos países se han crispado en los últimos tiempos, pero no parece haber plena conciencia en cuanto a que esta situación no beneficia a ninguna de las partes. En este contexto, tanto la expertise política, como el sentido común, indican que el imperativo entre Chile y Bolivia es abogar por diálogo y más diálogo de toda índole; tanto diplomático como político; cuanto económico como comercial, tanto social y académico cultural. La reciente oferta del Canciller Heraldo Muñoz de reestablecer relaciones diplomáticas en el más corto tiempo posible, es vista con simpatía, sea por analistas y expertos internacionales como por mundo diplomático de la región y ha contrarrestado una imagen internacional de un Chile carente de toda sensibilidad para con este especial vecino.

Haciendo una somera síntesis, la falta de solución a los problemas limítrofes pendientes en nuestro entorno vecinal, pone en dificultades un eje central de la política exterior del gobierno de la presidenta Bachelet,  a decir, la reinserción de Chile en la región con una fuerte impronta integracionista.


Notas-.

1-. L. Maira, El largo conflicto entre Chile y Bolivia. Dos visiones, Editorial Taurus, 2004, pág. 15.