Más allá de la desconfianza

Publicado : 04 Septiembre, 2015 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


 

EL PROYECTO de modernización de las relaciones laborales se ha transformado en el principal campo de batalla entre reformadores y conservadores. Su desenlace se conocerá en las próximas semanas, salvo que las modificaciones que introduzca el Senado lleven a una comisión mixta que tenga dificultades para llegar a acuerdo y dilate el trámite parlamentario.

El tema es complejo. Están en juego las condiciones de trabajo de millones de personas y el futuro de las empresas que constituyen el tejido productivo. No hay espacio para errores. No puede ocurrir lo que pasó con la reforma tributaria, que deberá ser modificada antes de entrar en vigencia. Del debate debe salir un texto riguroso, sin errores, o vacíos que llamen a confusiones que costarían caro.

El proyecto del gobierno está construido sobre un diagnóstico irrefutable. En Chile negocia colectivamente menos del 10% de los trabajadores, mientras que la media de la Ocde alcanza a 57%. Este es un factor relevante para explicar la profundidad de las enormes desigualdades en Chile. La relación entre cobertura de la negociación colectiva y la distribución de los ingresos es clara y directa. A mayor cobertura, menor desigualdad y viceversa. Por eso estamos como estamos.

El encono con que este proyecto está siendo enfrentado por algunos sectores resulta más de la percepción subjetiva que de los contenidos objetivos. Más que de una gran reforma se trata de modernizar las relaciones laborales limando las aristas más duras de la legislación laboral impuesta bajo el régimen militar. Aprobada esta reforma, Chile quedará aún lejos del estándar Ocde, toda vez que el proyecto mantiene un aspecto fundamental del viejo plan laboral: la negociación sólo al interior de la empresa.

La empresa no es sólo el terreno de la confrontación entre los trabajadores y sus patrones trabados en una irrefrenable lucha de clase. La empresa es también -y en la mayoría de los casos de modo principal- el ámbito en el cual se desarrollan formas de cooperación sin las cuales la empresa no tendría futuro. La empresa es en consecuencia una comunidad que es preciso preservar y profundizar. La calidad del clima laboral es crucial para mejorar la productividad. De allí que no sea razonable mantener los reemplazos, aunque sean sólo internos, en caso de huelga o rechazar la titularidad sindical. Una economía de mercado dinámica necesita sindicatos fuertes. Alemania es un buen ejemplo de cómo el poder sindical contribuye al funcionamiento de una economía que ha dado notables pruebas de dinamismo y capacidad de innovación.

Es de esperar que el proyecto se apruebe pronto y que su puesta en práctica muestre que los temores eran infundados, que las aprensiones carecían de fundamento, que se equilibren las relaciones laborales y que los trabajadores tengan el reconocimiento que se merecen. Emparejada la cancha, las desconfianzas irán cediendo terreno y estaremos en condiciones de abordar temas fundamentales que son hoy día tabú, como la negociación por rama o la sustitución progresiva del sistema de indemnizaciones por un buen seguro de cesantía.