Desbancarización

Publicado : 28 Agosto, 2015 en Columnas Chile 21, Eugenio Rivera

|por Eugenio Rivera|


Entre abril del 2014 y el mismo mes del 2015, el número de personas con deudas de consumo con la banca de entre de cero a 50 UF cayó en 156 mil personas. Se ha querido ver en esta evolución el impacto de “desbancarización” que algunos pronosticaron, luego que entrara  en vigencia la ley que reducía la Tasa Máxima Convencional. De partida cabe señalar que se trata de una cifra mucho menor que el millón de personas que según pronósticos serían excluidos de la banca formal como efecto de la ley. Por otra parte, cabe constatar el éxito de la iniciativa, que ha hecho caer las tasas promedios cobradas por créditos de bajo monto.

La reducción de la tasa no parece ser el principal motivo. En primer lugar, la baja desde 54% a 46% anual para el 2014, y luego a 37% a partir del 2015, determinada por la ley, se encuentra -según diversos estudios- fuera de los rangos que podrían tener un impacto relevante (tasas por debajo de 30%) y en caso que la distribución de riesgo tuviese una alta dispersión.

Por otra parte, desde mucho antes de la entrada en vigencia de la ley en diciembre del 2013, se constata un fuerte crecimiento del endeudamiento informal. En efecto, según la Encuesta Financiera a los Hogares del Banco Central, entre el 2007 y el 2012 los hogares que mantienen algún tipo de deuda en forma de crédito de prestamistas, con parientes o amigos y “fiado” pasó de 1,7% a 10,3%. Del mismo modo, desde el 2010 los créditos de la Dirección de Crédito Prendario ( “Tía Rica”) han crecido en 58%.

Pareciera más razonable pensar que la expansión del crédito informal deriva de la incapacidad del sistema bancario para incorporar a costos razonables a amplios sectores de la población. En efecto, la tasa de interés corriente para créditos de consumo anualizada alcanza un 36%. Se trata de cifras que inviabilizan cualquier intento de organizar racionalmente el consumo. En tal sentido, la recurrencia al crédito, con estos costos, representa probablemente sólo un mecanismo de emergencia para resolver problemas perentorios. A esto se suman las dificultades para constituirse como sujeto de crédito para las entidades formales y las garantías que se exigen.

Las insuficiencias que presenta el sistema formal para las operaciones crediticias de consumo genera un caldo de cultivo para el crecimiento de prestamistas informales, con estrechas vinculaciones con el mundo delictual, en particular el lavado de dinero. Es así como desde el 2006 ha tenido lugar una explosión de prestamistas informales bajo la cobertura de casas de compra y venta de oro. A lo largo del país suman más de 130 locales, de los cuales 98 pertenecen a una empresa, 18 a una segunda y 14 a una tercera. El propietario de una de ellas fue detenido en enero pasado acusado de lavado de dinero.

La caída del número de deudores de bajo monto del sistema formal está también asociado al estancamiento del consumo en el contexto de la desaceleración económica. A ello se suma el ajuste “estructural” a que están sometidos los pensionados. En efecto, las pensiones por vejez totales han caído desde el 2008 en un 10% real. Las pensiones por retiro programado han caído en 20% real, en el mismo período.