Fortalecer los partidos políticos

Publicado : 26 Agosto, 2015 en Columnas Chile 21, Javiera Arce

|por Javiera Arce|


|El mes de junio de este año ingresó al Congreso, el Proyecto de Ley que fortalece el carácter público y democrático de los partidos políticos en Chile. El texto aparentemente buscaría cristalizar las propuestas de la Comisión Engel en materia de probidad y transparencia en la actividad política.

Si se realiza un análisis de la propuesta, es posible percibir, la liviandad en cómo se introdujeron las conclusiones del Consejo Asesor Presidencial contra los Conflictos de Interés, y la manera en que el proyecto adolece de aspectos esperados esenciales si se requiere fortalecer el sistema de partidos: reinscripción de militantes, severas medidas de transparencia.

¿Para qué tener partidos más fuertes? Para construir una mejor democracia representativa. Lamentablemente, las reformas políticas en América Latina durante los últimos años, han tendido a fortalecer el poder del Ejecutivo en desmedro de los otros poderes del Estado,situación que se aprecia en una propuesta débil como la planteada hasta ahora por este gobierno.

Los partidos políticos son ejes ordenadores de la competencia electoral, su función es proponer personas para gobernar y competir por escaños en el Congreso Nacional, el gobierno nacional, los gobiernos locales,  entre otros. Espacios además en que se toman decisiones y precisamente se diseñan y aplican políticas públicas para todo el país.

Algunos representantes de partidos políticos, han planteado su molestia sobre este proyecto, apuntando a un supuesto control excesivo del Estado y un atentado a la autonomía, tradiciones y cultura de estas organizaciones.
 
No resulta novedoso para los militantes de un partido político, que dentro de las “culturas y tradiciones” de dichas organizaciones, ocurran anomalías dentro de las elecciones internas (acarreo de votantes, adulteración de padrones, robo de urnas, extravío de cédulas electorales, urnas móviles, entre otros), que terminan enlodando la competencia, y condicionando las preferencias de los y las militantes, apreciándose una labor simbólica por parte del Servicio Electoral, que sólo se remite a ser un ministro de fe de estos eventos. Situación que ha traído como resultado, escasa participación de los militantes, e incluso ni siquiera se cuenta con datos oficiales de las elecciones, pero se estima que la participación regular en estos eventos no superaría el 20% del total de afiliados.

La participación política de grupos desaventajados es mínima en los espacios de toma de decisiones, que es plausible observar en la magra presencia de jóvenes y mujeres en cargos de representación popular y gubernamentales. La presencia de mujeres (ya se ha dicho en reiteradas ocasiones) en el Congreso Nacional no supera el 16%, en las alcaldías el 12,5%, en las concejalías el 25%, 19% de consejeras regionales, siendo que en todos los padrones de los partidos políticos registrados por el propio Servicio Electoral, llegan fácilmente al 50%, pero su presencia en las mesas directivas no supera el 20%.

Hablar de financiamiento público de la actividad política hoy, implica recibir el rechazo más absoluto de la ciudadanía (sobre todo si existe otro proyecto de Ley que se encuentra en plena discusión en el Congreso y lo contempla), por lo que hay que ofrecer necesariamente algo a cambio. Cumplir con un mínimo de transparencia y coordinación de las elecciones con el Servicio Electoral es un acto necesario. Nadie habla de introducirse en la forma de la estructura orgánica del partido, de hecho la norma contempla la autonomía de cada asociación para decidir sobre su propio estatuto y estructura, no obstante es necesario garantizar condiciones mínimas de transparencia, participación y democracia interna, en que aquellas organizaciones que contemplen la realización de comicios, estén libres de malas prácticas, se obtenga información certera sobre el proceso, y se cambien las  peculiares “tradiciones” de las culturas políticas partidarias, que también esconden sesgos sexistas y de clase, e impiden la participación de mujeres, jóvenes, pueblos originarios, minorías sexuales, etc.

La semana recién pasada fueron ingresadas unas serie de indicaciones, orientadas a perfeccionar el proyecto de ley por parte de las Diputadas Clemira Pacheco, Marcela Hernando y con el apoyo de algunos diputados socialistas. Ellas consisten en incluir medidas efectivas de paridad, para todos los órganos internos de las organizaciones políticas, emulando la disposición de la reforma electoral al sistema binominal.

Otras indicaciones, se relacionan con introducir normas de transparencia y un rol activo del Servicio Electoral para coordinar las elecciones internas de los partidos. Asimismo, se busca garantizar a los militantes el ejercicio efectivo de accountability vertical sobre sus autoridades, más allá de elevar una solicitud al Tribunal Supremo del respectivo partido, que éstos puedan buscar acogida en tribunales ordinarios, al percibir que alguna decisión tomada por sus dirigentes afectara al partido político (su patrimonio), y a sus derechos como afiliado. Por otro lado, se procura que la Ley de Transparencia sea aplicable para fiscalizar el cumplimiento de las normas relativas a transparencia activa y derecho de acceso a la información pública, y cumplir con disposiciones específicas señaladas por el índice de transparencia en partidos políticos elaborado por Chile Transparente y propuesto por otras organizaciones como Ciudadano Inteligente, Fundación Pro Acceso y Chile 21,  que se convierte en un piso mínimo que cada partido político debe ofrecer a la ciudadanía.

Los partidos políticos son instituciones fundamentales dentro del sistema político. Los tiempos actuales no están para medias tintas. Si la reforma no duele, entonces no sirve.

Es de esperar que la clase política se ponga a tono con las reformas, puesto que éstas no son histéricas, sino muy por el contrario necesarias y hay evidencia suficiente para aprobarlo. De lo contrario podría ser demasiado tarde, y nuestra democracia podría resentir esta desidia.