La Presidenta: rumbo y ritmo

Publicado : 25 Agosto, 2015 en Columnas Chile 21, Francisco Vidal

|por Francisco Vidal|


Nadie en la Nueva Mayoría puede desconocer que vivimos momentos muy difíciles. La evaluación positiva de la Presidenta, del gobierno y de la coalición están bajo el 30%, y por otra parte el rechazo está sobre el 60%. Por otra parte en este diagnóstico no aparece la derecha política como el principal adversario, dada que en palabras del presidente de Renovación Nacional, diputado Cristián Monckeberg, la oposición política es “irrelevante”, a lo que hay que agregar la creación de nuevos referentes, como Evópoli y Amplitud, que disputan el mismo nicho electoral. Para concluir con la irrelevancia de la derecha política, caber constatar que a estas alturas dicha nueva alianza ni siquiera tiene nombre.

En consecuencia, lo que hay que recuperar para la Presidenta, el gobierno y la coalición es la adhesión de una ciudadanía que no se pasó a la derecha, sino más bien dominó en ella el escepticismo y la desconfianza frente a nosotros.

Para lograr el objetivo de recuperar la mayoría ciudadana es imprescindible respaldar, sin “matiz” alguno, a la Presidenta de la República, considerando no solo su función institucional en un régimen presidencial, sino también que en términos relativos es mejor evaluada que el gobierno y la Nueva Mayoría. Para lograr este fin debemos a lo menos considerar los siguientes aspectos:

  • Unidad en el gobierno, no más duplas ni tríos, solo cuartetos. Me refiero al equipo político. Y, como muy bien ha dicho, el ministro vocero de gobierno, Marcelo Díaz, la única dupla importante  es la de la Presidenta y su gabinete.

  • En segundo lugar, no caer en falsas disyuntivas que nos coloca la derecha, política y económica. En el gobierno y la Nueva Mayoría todos están por el gradualismo. No existe ningún dirigente de ningún tipo que esté por la inmediatez. Toda la coalición quiere avanzar en el programa pausada y gradualmente. Es la derecha la que ha intentado colocar una “cuña” falsa entre gradualistas y no gradualistas. De hecho, todas las reformas estructurales de este gobierno tienen un diseño gradual: la reforma tributaria; todos los temas  atingentes a la reforma educacional e incluso la reforma laboral, cuyo proyecto de ley establece que una vez aprobada, empezará a regir seis meses después.

  • Por otra parte, nadie en la Nueva Mayoría y el gobierno desconoce la desaceleración económica y la restricción que ello implica para cumplir el programa diseñado originalmente. Otra falacia de la derecha que pretende dividirnos, entre responsables e irresponsables fiscalmente.

  • Asimismo, con una Presidenta, un gobierno y una coalición débiles en respaldo ciudadano, es extemporáneo iniciar la carrera presidencial, entre otras cosas, porque los que aspiran a dicho mandato en la Nueva Mayoría tiene que tener en cuenta que la viabilidad de su éxito depende de los logros de la actual gestión. La ciudadanía no entiende que no habiendo cumplido ni siquiera la mitad del actual mandato, se inicie un debate sobre “presidenciables”

  • Finalmente, una consideración especial para el objetivo planteado, es el respeto y la lealtad a la persona y la función estatal de la Presidenta de la República, particularmente de dirigentes de la propia coalición. No debiéramos escuchar más que la Presidenta tiene “arritmia”, que existen “los liderazgos no presidenciales”, y/o que “la Presidenta está confundida”. Simultáneamente en este plano, debemos salir al paso de las voces de la derecha en sus diversas expresiones -política, económicas y mediática- que le faltan el respeto a la Mandataria. Singulariza esta última expresión la columna de opinión del rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, Andrés Benítez, que se dio el mal gusto de sostener que “el problema de Chile era la propia Presidenta” y que la solución era mandarla de viaje al extranjero hasta el final de su mandato.

Adicionalmente, con respeto al programa, ésta se cumple con las restricciones señaladas. En consecuencia, hay que reaccionar y responder frente a otra falsa disyuntiva, cual es si el gobierno cambia o no de rumbo; el rumbo se mantiene, lo que cambia es el ritmo del cumplimiento del programa.