“Aylwin tuvo la tentación de un punto final”

Publicado : 10 Agosto, 2015 en Portada, Prensa

|por Marcelo Soto|
|fotos: Verónica Ortíz|


El ex ministro de Economía reconoce que se pudo avanzar más en DD.HH., propone un cambio legal a la reforma tributaria y dice que no acepta un reproche moral por haber recibido fondos de SQM.


Carlos Ominami recibió con alegría las últimas encuestas que colocan a su hijo en la pole position, pero también con preocupación. “Es una responsabilidad grande”, reconoce en su oficina de la fundación Chile 21, que ha hecho noticia recientemente al conocerse que recibió fondos de SQM, “perfectamente legales, bajo un contrato de suscripción mensual”, aclara. De las versiones que también han salpicado a Marco Enríquez, que niega tajantemente, dice que no afectarán sus posibilidades presidenciales: “La gente le cree”. Y compara su caso con el de Andrés Velasco, que “cometió el error de esconderse y no hablar del tema. Marco ha dado la cara”.

Aunque reconoce haber estado en dos ocasiones con Ponce Lerou, rechaza que se pueda hacer un reproche moral porque una fundación de izquierda como Chile 21 se financie en parte con dineros del ex yerno de Pinochet. “Se puede discutir que hubo una incoherencia política, pero no una falta ética”.

Ominami, ex ministro de Economía en el gobierno de Aylwin, ha ocupado puestos claves durante los años de la Concertación y tiene cercanía con varios integrantes del gabinete de Bachelet, pero es crítico de la improvisación y falta de rigurosidad de las reformas. Sobre todo, piensa que falta una definición del camino a seguir. “Cuando Lagos estaba golpeado por el escándalo Mop-Gate le dio facultades al ministro del Interior para retomar la agenda política. ¿Y qué hizo Insulza? Tomó una opción, sin ambigüedades”.

-Fue de los pocos desde la izquierda que el año pasado, contradiciendo al Gobierno, dijo que Chile iba a crecer bajo el 2%. Aparte del escenario internacional, ¿el manejo de Hacienda fue muy malo?

-Hubiese preferido equivocarme y que estuviéramos más cerca del crecimiento potencial. Desgraciadamente Chile tiene un problema serio, que es su extrema dependencia de la economía china y del cobre; en ese sentido, no hemos aprendido nada. El agotamiento del ciclo minero va a atravesar todo el gobierno de Bachelet. Adicionalmente, las reformas tributarias tienen que estar muy bien pensadas. Tengo la experiencia del año 90, 91, cuando hicimos una reforma profunda y no generó incertidumbre. Hicimos también una reforma laboral, y la economía chilena creció como nunca antes. Demostramos que se podían aumentar los impuestos razonablemente, sin generar perjuicio. En el caso actual ha sido distinto.

-Se critica la destreza técnica de Arenas…

-Eso me parece irritante. Es clasismo. Arenas era un muy buen director de Presupuesto. Tengo diferencias con él, no me dejó para nada conforme lo que él llamó su reforma previsional del primer gobierno de Bachelet. Pero es un profesional competente. Fue víctima de un gobierno que no tiene definiciones estratégicas. Vengo hace tiempo abogando por la tercera pata de la mesa. Tenemos un buen Banco Central, que asegura el control de la inflación, un Ministerio de Hacienda y una Dipres, que controlan el uso de los fondos públicos, pero falta una pata con la misma consistencia que se preocupe del crecimiento, el desarrollo a largo plazo y la inserción internacional. Creo que si hubiéramos tenido una decisión estratégica distinta, ya debiéramos tener el puente de Chacao construido, ya debiéramos tener la doble vía hasta el norte, un par de líneas de metro más, el túnel de baja altura conectando Chile con Argentina, haciendo de los puertos nacionales una gran plataforma.

-Eso suena bonito, pero llevarlo a la práctica es muy difícil y tiene el riesgo de caer en un discurso voluntarista o populista.

-No, eso es diseño estratégico, voluntad política. Es muy impresionante cómo las empresas en Chile ven a futuro. Están permanentemente planteando escenarios; puede pasar esto o esto otro. Pero es muy curioso que a esas mismas personas que tienen esa visión estratégica respecto de las empresas, no les guste que el país haga lo mismo pensando en el largo plazo.

-¿No sería repetir las políticas centralistas, que fracasaron en los 60?

-No, no, no. El Estado no tiene que planificar centralmente como se hacía en la URSS, eso es un desastre. Pero puedes tener un modelo a la australiana, a la neozelandesa: un Estado que está mirando al horizonte, convocando a los distintos sectores, manteniendo un diálogo directo, transparente, con los grandes grupos económicos, con los trabajadores, con los pequeños y medianos empresarios. Ir viendo cuáles son los escenarios. Qué ocurre si China, en vez de crecer al 7% se va por debajo del 5%. Y ajustarse. Muchos países tienen esto por ley. Somos el único país idiota, que soberbiamente eliminó el Ministerio de Planificación. En consecuencia que el propio régimen militar, los propios Chicago Boys, hicieron de Odeplan, de manera muy inteligente, un lugar donde tenían su visión estratégica. Éste es un barco que navega sin rumbo. A ciegas. Lo que estamos viendo hoy día es eso. No hemos hecho lo necesario para que el producto potencial aumente. Nosotros teníamos un producto potencial en torno al 5% en los 90, hoy día probablemente está debajo del 4 %. Con una productividad estancada hace 10 años.

-¿Hacer esos mega proyectos implicaría romper la regla fiscal?

-Yo soy súper partidario de la responsabilidad fiscal, pero creo que hay que ejercerla con inteligencia. Debiéramos de hacer algunos ajustes a la fórmula de cálculo de la regla. Fue un avance, pero no es un dogma ni una verdad revelada. Si ves los países europeos, en virtud del tratado de Maastricht, el margen que ellos tienen es de menos 3. No estoy diciendo que Chile deba tener déficit estructural de tres, pero creo que podemos, en función de sacar adelante grandes proyectos, llegar a -1% o -1,5%. Además, ciertas inversiones que van a ser altamente rentables deberían dejarse fuera de la contabilidad estructural. Así lo hacen varios países, porque más que gastos son también inversiones.

-El ejemplo europeo quizá no sea el más indicado en estos tiempos de crisis.

-El problema de Europa es la deflación… Pero te pongo otro ejemplo: ¿qué está funcionando hoy día? EE.UU. ¿Y cómo lo hace? Con una política de tremendo impulso fiscal. ¿Qué se ha hundido en Europa? Grecia, con un ajuste fiscal profundísimo.

-Después de mucha farra, según los que apuestan por la austeridad.

-Claro. El tema de Grecia tiene que ver con la fiesta. La irresponsabilidad de los griegos, de sus gobiernos. Es un país donde los principales contribuyentes no pagan impuestos, donde hay gente que jubila a los 48 años. En eso le encuentro toda la razón a los alemanes que no quieran financiar las jubilaciones de los griegos, bailando Zorba a los 48 años con su jubilación en el bolsillo. Pero si uno mira el cuadro internacional, EE.UU. salió de la crisis sobre la base de un gran impulso fiscal, aparte de la creatividad, por supuesto. Francia y otros países han sufrido un ajuste que no les ha permitido crecer.

 

Un asunto delicado

-¿Hay que hacer una reforma a la reforma tributaria?

-En verdad, es muy delicado que una reforma tributaria que ya fue discutida tenga que volver al Parlamento antes de aplicarse… No es muy presentable. Algo falló. Lo cierto es que hay problemas de diseño, de improvisación técnica y política. Ahora, es inevitable que vaya al Parlamento y entiendo que la decisión está. Hay 50 circulares, centenares de páginas para explicarla, y así y todo esta cuestión no funciona. Tres cosas son claves: no puede bajarse la recaudación de los 3 puntos del PIB, debería mantenerse el sujeto de la reforma, es decir las grandes empresas, y lo más importante, y una razón básica de por qué hay que ir al Parlamento, es que hay que simplificar. Quedarnos con un solo régimen y no con dos. Tengo la sensación de que por las condiciones políticas, debemos quedarnos con el semiintegrado.

-¿Las reformas se diseñaron mal, tal como ocurrió con el Transantiago? ¿El Gobierno se farreó la oportunidad histórica para hacer cambios?

-Este gobierno tiene 2 años y medio por delante. Seamos cuidadosos. La Moneda está pasando por un trance delicado, pero lo peor que pudiera hacer es dar el partido por jugado, esto fracasó y a otra cosa mariposa. La presidenta ha mostrado capacidad de recuperación en otras condiciones parecidas. Un ejemplo interesante, que le puede molestar a muchos, es Argentina. Hace un año, todos los grandes columnistas decían: Cristina está en el suelo, se acabó la era Kirchner. Y miren lo que está ocurriendo ahora: la presidenta Fernández, con todas sus debilidades y problemas, va a terminar su mandato con una aprobación entre 45% y 50%. Va a haber logrado sucederse a sí misma con alguien como Sciolli que va a ser el próximo presidente de Argentina. Entonces cuidado: en política, como se dice en el campo, se han visto muertos cargando adobe. Hay que trabajar para que este gobierno recupere la ofensiva, pero tiene que cumplir exigencias que son muy altas.

-¿Cree que el papel de Burgos, que empezó con muchas expectativas, se ha desdibujado?

-Tengo confianza en Jorge. De mi experiencia, puedo decir que Aylwin fue un presidente que de manera inteligente entendió que él era el jefe de Estado, pero no el primer ministro. Delegó en Alejandro Foxley y en mí la conducción económica, en Boeninger y en Enrique Correa la conducción política; los cuatro funcionamos, junto al ministro del Interior, Enrique Krauss, como un equipo y el presidente tenía confianza en nosotros, y nos dejaba actuar. El presidente manejaba los temas internacionales, de defensa y DD.HH., que eran particularmente críticos, pero no estaba en la contingencia todo el día. El manejo de Frei fue muy complejo, tuvo que hacer un tremendo cambio de gabinete al poco rato. Conozco bien la experiencia de Lagos, la viví muy de cerca; fueron muy duros los primeros años, andábamos con lágrimas en los ojos por la crisis Mop-Gate, pero una cosa que fue muy importante fue la decisión del presidente de darle al ministro Insulza más facultades para actuar. Se necesitaba alguien que pudiera ser un parachoques, generar conducción al estilo primer ministro.

-¿Eso ha faltado ahora?

-A estas alturas, más importante que ir un poco a la derecha o un poco a la izquierda es ir por un lado. Se necesita que el ministro sea claro. No puedes ir a un lado y al otro. Si por las condiciones políticas hay que girar a la derecha, vamos hacia la derecha. Es muy delicado que las reformas estén perdiendo la batalla en la sociedad. Hasta de la reforma laboral la gente ya empieza a desconfiar. Debiéramos sincerarnos. Comparto el realismo, pero ¿qué significa? Un ajuste tributario y una reforma educacional más gradual. Creo que hay que hacer extensiva la gratuidad a los alumnos de la universidades que no son del Cruch. El criterio del Cruch es arbitrario.

-Pero está el tema de la calidad de la formación que entregan.

-Pienso que todas las universidades que han sido acreditadas, sean o no del Cruch, son merecedoras de gratuidad. Me preocupa, eso sí, que la gratuidad termine siendo un muy buen negocio para universidades de muy mala calidad que no merecen el nombre de tal. Es un tema complejo que hay que analizar con cuidado, sin apresuramiento.

-¿La reforma laboral debe modificarse?

-Avancemos a una reforma laboral que sea razonable. Les digo a los empresarios: ¿nos gusta ser un país de la OCDE? Sí, sacamos pecho. Bueno, tengamos un estándar OCDE en materia laboral. Chile está muy por debajo del promedio. En los países OCDE, el 60% de los trabajadores está sujeto a convenio colectivo; acá estamos por debajo del 20%.

-¿El reemplazo en huelga debe tener ciertos resguardos?

-Habrá que garantizar servicios mínimos. Hay claramente servicios estratégicos que no pueden quedar merced a una huelga.

-Un directivo lechero me decía que si hay huelga en su empresa se genera una emergencia sanitaria, con la leche pudriéndose.

-Veamos los estándares OCDE, no descubramos la rueda. Los trabajadores tienen el derecho a hacer huelga, pero no puede pasar que en la huelga se mueran las vacas. No diría lo que dijo Martín Costabal, ministro de Hacienda en dictadura, cuando estaba la crema con la agricultura. Fue la SNA a alegar y el tipo les dijo: cómanse las vacas (risas).

-¿A Bachelet le falta darle más poder y autonomía a Burgos?

-Absolutamente. La presidenta no puede estar en la primera línea, tiene que haber una suerte de primer ministro que tenga todos los poderes para resolver las cosas. Es muy importante que el ministro Valdés pueda hacer bien las cosas. Pero sería muy grave que Hacienda, en función de una planificación de corto plazo, resuelva todos los problemas. La presidenta está con una aprobación en torno al 26%, el Gobierno al 18% 20%, y eso es muy peligroso. Si lo que hacemos es sobreajustar la economía, para que el ministro Valdés pueda decirle al mundo que llegó a déficit cero, podríamos terminar con un desastre gigantesco. Sería fatal. Es muy importante poner a la política en el lugar que le corresponde, el Gobierno tiene que mejorar su gestión, ordenar sus reformas. Y si hay reformas que no se pueden hacer, que se diga claramente. Yo soy partidario de la constituyente, pero estoy resignado, este gobierno lo que va a poder hacer es iniciar un proceso. Otro tema es la salud. Si esta cosa de los 60 hospitales no se cumple, que se diga. Si hay que redefinir y cambiar la secuencia, cambiemos. En educación, se necesita mayor gradualidad. Un proyecto que es súper importante, la desmunicipalización, es súper complejo. Recomendaría partir por las regiones extremas y vamos mirando cómo ocurre. No nos arriesguemos a un Transantiago.

 

La sombra de los DD.HH.

-Aylwin hizo famosa la idea de justicia en la medida de lo posible. De hecho, Carmen Gloria Quintana dijo que Enrique Correa le había dicho en los 90 que se iba a avanzar en algunos casos, pero no en el suyo.

-Yo no conozco esa reunión.

-¿Pero, conociendo a Correa le hace sentido?

-Es palabra contra palabra. Si él dice que la reunión no existió, me cuesta no creerle. Tampoco puedo dudar de Carmen Gloria, que ha dado una lección de convicción y fortaleza impresionante.

-¿Se avanzó todo lo que se pudo en el gobierno de Aylwin?

-Avanzamos, pero se pudo haber avanzado más. Se concentró el tema en muerte y desapariciones, en ese sentido es muy duro que el nombre de Carmen Gloria no esté en el Informe Rettig. Es fuerte. Fui bastante crítico del gobierno de Frei en este plano. Participé en un pequeño motín contra lo que se llamaba el proyecto Figueroa.

-¿Era una especie de punto final?

-Para ser riguroso, el presidente Aylwin también tuvo la tentación de un punto final para cerrar la transición.

-¿Cuándo?

-El 93. Le dijimos: “Presidente, si se va por este lado vamos a terminar mal”. Sondeó el ambiente en una reunión de gabinete. Boeninger le había aconsejado que el broche de oro del Gobierno era cerrar los casos. “Cerremos el tema”, propuso. Frei intentó lo mismo con Carlos Figueroa. Lagos hizo todo un esfuerzo con la Comisión Valech, mucha gente le decía que iba a ser una caja de Pandora. “No la abra”, le recomendaron. Tuve una discusión muy dura con el presidente Lagos cuando dijo que las reparaciones a las víctimas de tortura debían ser simbólicas y austeras. No. Tienen que ser justas. Hay víctimas de tortura que se han muerto en la tristeza absoluta, con pensiones bajo los 200 mil pesos. Los chilenos que estuvieron presos en Argentina, han tenido reparaciones más dignas. Es una vergüenza.

-¿Echó de menos una declaración del Ejército condenando el silencio en el caso Quemados?

-Me hubiera gustado ver al comandante en jefe respondiendo. Este país necesita una respuesta. Lo que dijo el subsecretario para las FF.AA., Gabriel Gaspar, fue una defensa corporativa de las FFAA. Echo de menos la palabra del ministro de Defensa, José Antonio Gómez, alguien que por lo demás es abogado y conoce el tema.

 

Las platas de Ponce Lerou

-A mucha gente en la izquierda le parece impresentable que parte de ese sector haya sido financiada por el yerno de Pinochet.

-Mira, seamos honestos: yo volé con Patricio Contesse, entonces gerente general de Soquimich, pero no en un súper jet, sino en un avión donde uno iba más bien asustado. Tampoco alojé en un hotel 5 estrellas, era la casa de huéspedes que tiene SQM, y yo lo que hice fue ir a conocer esto que algunos llamaban el oro blanco de Chile. Era muy interesante conocerlo, no fui de paseo. Y lo hice con Contesse no con Ponce. A Chile 21 la crítica que nos han hecho es que tenemos una suscripción de SQM, que se cortó.

-¿La cortaron ustedes?

-Por acuerdo recíproco entre las partes. Era de 10 millones de pesos mensuales, con un contrato, todo perfectamente en regla. Somos una institución que no recibe un peso de financiamiento público. Es más, cuando hacia el final del primer gobierno de Bachelet se filtraron las subvenciones que entregaba la presidencia a diversas instituciones, estaba media humanidad, hasta el Instituto Alejandro Lipchutz, del PC. Pero Chile 21, cero pesos. Se financia en un 80% a 90% con aporte privado. O Chile 21 tiene financiamiento privado o muere.

-¿Defienden intereses de quienes los financian?

-Tenemos financiamiento privado, pero no somos una oficina de gestión de intereses. Eso lo saben las empresas, no nos contratan para hacer lobby. Hemos perdido suscripciones porque se nos ha pedido que asumamos posiciones que no estamos dispuestos a asumir. Empresas de las más grandes, no vale la pena nombrarlas… Ahora, nuestro sistema es aceptar suscripciones de parte de empresas que cumplan ciertas condiciones, que tengan buena calificación. SQM debe estar entre las 10 más grandes empresas de Chile. Se cotiza en bolsa, la Superintendencia de Valores la consideraba hasta hace poco correcta, donde todos los chilenos tienen una parte de su dinero involucrado a través de las AFP. Ésos fueron nuestros criterios.

-¿No le incomodaba políticamente?

-No nos hacemos ningún tipo de reproche moral. Hemos discutido mucho entre nosotros, hay gente que piensa de buena voluntad que fue un error político aceptar la suscripción de una empresa del ex yerno de Pinochet. Te digo francamente: asumo que puede haber una incoherencia política, pero no moral. Por lo demás, digamos las cosas como son: la estructura empresarial chilena, y no podría ser de otra manera, está marcada por los 17 años de dictadura, salvo los grupos que se puedan haber constituido con posterioridad. Discutamos si fue políticamente acertado… pero no voy aceptar nunca un reproche moral.

-Burgos dijo que tenía la peor impresión de Ponce.

-Tuve la ocasión de conversar con el ministro, le di mi opinión. Tenemos puntos de vista distintos. No tengo un problema con conversar con empresarios que piensan distinto. A Ponce lo vi hace no mucho tiempo atrás en un matrimonio, y nos cruzamos una vez estando yo con Patricio Contesse en SQM. Nada más.

-Se filtró la declaración de un ex colaborador suyo, involucrado con boletas para SQM.

-Eso es un tema judicial, del que no voy a hablar.

-¿Recibió financiamiento de esa empresa para su campaña senatorial?

-No puedo decir que no recibí una donación reservada de SQM. Lo más probable es que, si se levantara el secreto sobre las donaciones reservadas (cosa que veo difícil, porque las indicaciones de Giorgio Jackson y otros parlamentarios fueron rechazadas con abstención en la Cámara de Diputados), no excluiría que hubiera una donación reservada de SQM.

-¿Le sorprendió que Marco Enríquez siga liderando encuestas pese a vinculaciones de cercanos con el caso?

-El reportaje que se hizo en un diario se hizo con saña, mala leche, juntaron una coctelera de cosas que entregaban una impresión muy poco ajustada a la realidad. Marco tiene una buena explicación, no tiene nada que ver con esos dineros y tengo total tranquilidad. A la larga no creo que le vaya a hacer daño. Tiene suficiente fortaleza y la gente le cree más allá de lo que otros puedan decir. •••

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Brasil: “Temo que Dilma no termine el mandato”

Carlos Ominami tiene una fuerte vinculación con Brasil. Viaja con frecuencia y tiene amigos en el Gobierno. “Me preocupa mucho la ceguera que tuvo la dirigencia del PT. El año pasado fui al Mundial, estuve 3 semanas en Sao Paulo. A algunos amigos les decía: en 20 días he tomado más taxis que tú en 20 años, y estoy viendo lo que ocurre. Es muy alarmante, la gente está muy enojada. Fui a la proclamación de Dilma en Brasilia, y fue un horror. Habló Lula y se vino el auditorio abajo. Cuando salió Dilma, la gente se empezó a ir. Les dije: aquí hay un problema. El día del partido con Chile, los taxistas me decían: queremos que Brasil pierda, para que Dilma no gane. Temo que Dilma no termine su mandato. Está en una situación muy precaria”.