DESAFÍOS ECONÓMICOS DE CHILE: EL FIN DEL SUPER CICLO

Publicado : 04 Agosto, 2015 en Columnas Chile 21, Luis Eduardo Escobar

|por Luis Eduardo Escobar|


Entre los años 2004 y 2013 el mundo vivió  un ciclo extraordinario de altos precios  de las materias primas que, en el caso del cobre, correspondió al tercer “super ciclo” de precios ocurrido desde principios del siglo XX.

A partir del año 2014, sin perjuicio de la Gran Recesión de 2008-2009, la economía mundial entró en una nueva etapa que presenta renovados desafíos a nuestro país y que parecen empujar la quimera del desarrollo económico y social hacia un horizonte que hasta ahora siempre queda más allá de nuestras posibilidades inmediatas. Ahora el país deberá adaptarse a una nueva situación de menor crecimiento mundial que Larry Summers, destacado economista y académico norteamericano, ha llamado la “nueva normal”.

Este fenómeno no es exclusivamente chileno. El Washington Post Wonkbook en una reciente edición (16-jul-2015) reporta que en Nueva Zelanda el precio de exportación de los productos lácteos alcanzó su menor nivel en 5 años y que literalmente el país está “nadando en leche” porque no se esperaba que la demanda china disminuyera. Como los productos lácteos representan un cuarto de las exportaciones de dicho país, la moneda local se está depreciando y se espera que el banco central disminuya la tasa de interés para evitar una recesión. ¿Suena familiar?

Más cerca de casa, las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional indican que la región de América Latina estaría prácticamente estancada, con una tasa de crecimiento de 0,9% para este año. Las economías más parecidas a Chile (Colombia y Perú) también están pasando por un período de desaceleración importante. Mientras el FMI proyecta que la economía chilena crezca en 2,7% (2,5% según nuestro Ministerio de Hacienda), Colombia y Perú crecerían a tasas entre 3,0 y 3,5%, bastantes menores que en el pasado reciente.

Las proyecciones de los mercados de cobre tampoco son favorables. Como se sabe, el precio promedio anual del cobre ha ido disminuyendo desde un máximo de US$4,00/libra en 2011 a US$3,11/lb el 2014 y se proyecta un precio de US$2,75/lb para este año. En estos días el precio de nuestra principal exportación ha estado fluctuando en torno a US$2,50/lb. Es decir, el precio nominal ha disminuido en 37,5% en los últimos cuatro años. A precios corregidos por la inflación en dólares la disminución está más cerca de 40%.

Más aún, consistente con la experiencia histórica que la producción de cobre aumenta después de fuertes aumentos de su precio, se espera que la producción aumente significativamente  en los próximos años a medida que maduren las inversiones recientes en expansión de minas existentes y en abrir nuevas minas de cobre. Un periódico electrónico especializado, Mining.com citando un estudio del International Copper Study Group, habla de una “inundación de cobre” para los próximos años con tasas de crecimiento de la oferta de cobre del orden de 6% anual por los próximos tres o cuatro años. El grueso del aumento vendría de Perú, Mongolia, China, Zambia y Congo. Nuestro país también contribuirá a la expansión. Aún si la producción no aumentara como se espera, por ejemplo debido a atrasos en el desarrollo de las minas, la disminución de la tasa de crecimiento de la demanda de China no permitiría en el futuro próximo una fuerte recuperación del precio de nuestra principal materia prima. Todo esto si la economía china logra mantener su estabilidad.

Como las exportaciones de cobre representan más de la mitad de nuestras exportaciones, lo que ha ocurrido es que “el sueldo” del cual el país vive ha sido reducido de manera significativa. En términos cuantitativos, usando el precio implícito promedio de los años 2010 y 2011 (US$ 3,59/lb), para no usar el precio más alto (US$4,00), la pérdida de ingreso de exportación en los últimos tres años es equivalente a 5% del PIB, unos US$13.000 millones. Para poner esta cifra en perspectiva, recordemos que se espera que la reforma tributaria recaude 3% del PIB y que toda la inversión del Gobierno Central anual es poco más de 2% del PIB.

 

La situación interna

Como la rentabilidad del negocio minero se ha contraído significativamente, las grandes empresas están reduciendo deudas y reorganizando sus finanzas. Eso explica que la inversión minera haya caído como piedra alrededor del mundo y también en Chile. En efecto, nuestras importaciones de bienes de capital para la minería y construcción han caído en 62% durante los últimos 24 meses.

Cabe destacar que hay sectores de nuestra economía en que la inversión no ha sido afectada. Por ejemplo, la importación de equipos médicos prácticamente no ha variado y la importación de motores y turbinas ha aumentado en algo más de 25%. Esto se debe a que la rentabilidad de la inversión en medicina y generación eléctrica no se ha visto alterada por la situación de la minería. En salud son las clínicas las que invierten y en el sector de generación eléctrica, la inversión se concentra en generadoras mini hidro. Según APEMEC, la asociación gremial de empresas mini hidro, hay 10 proyectos en ejecución, 52 con aprobación ambiental y 130 en carpeta.  El problema  es que estos sectores no tienen el tamaño para compensar por el colapso de la minería.  

Como se puede apreciar, el argumento que la inversión se dispararía si “se elimina la incertidumbre”, es simplemente falso. En términos macroeconómicos, la inversión ha caído de más 25% del PIB en 2012 a poco más de 21% en 2014, y este año ha seguido disminuyendo. Esta disminución es equivalente a más de dos veces el presupuesto de inversión pública en capital fijo, esto es, en infraestructura y edificios.

 

Las finanzas públicas

Según los datos de Cochilco, entre 1995 y 2003, inclusive, la gran minería privada y Codelco aportaron al Fisco un promedio de 5,6% de la recaudación fiscal anual total. Durante el período del super ciclo de precios del cobre (2004-2013) ese aporte aumentó a un promedio de 20,7% anual, superando el 30% en algunos años. En el año 2014 la recaudación fiscal desde la minería representó menos de la mitad, 8,9% o algo más de US$4.700 millones y para 2015 se proyecta que se reduzca a la mitad. Es decir, que vuelva a la situación anterior al super ciclo.

Esto podría representar un problema porque actualmente el gasto público, es equivalente a un 22% del PIB, es decir, dos puntos más que antes del super ciclo. Más aún, estamos contemplando una serie de reformas, especialmente en educación, que tienen el efecto de elevar el gasto público de manera permanente. Y este año, antes de implementar la reforma educacional, tendremos un déficit equivalente a 3% del PIB que hay que financiar usando los ahorros acumulados o contratando deuda. Si el gobierno aumenta su gasto en 2016 al mismo ritmo que este año, 8,8% según la presentación del Ministro de Hacienda el pasado 6 de julio en el Congreso, el déficit sería de más de 4% del PIB y, si no hacemos nada, seguiría creciendo.

Esta proyección mecánica olvida que gran parte de los efectos de la reforma tributaria están por venir y que esta, posiblemente con correcciones, debería generar 3 puntos del PIB. Adicionalmente, a fines de 2014 el Gobierno Central era acreedor neto en 4,4% del PIB. Es decir, al Estado de Chile le debían más de lo que el Estado le debe a sus acreedores. Esta es una posición envidiable a nivel mundial y principal razón por la que nuestras políticas macroeconómicas son tan elogiadas internacionalmente.

Además, las economías más desarrolladas se están recuperando de la Gran Recesión (2008-2009) ampliando las oportunidades de exportación para los sectores no-cobre. Más aún, como ha ocurrido en el pasado, los sectores que compiten con las importaciones se harán más competitivos, en parte por el aumento del tipo de cambio. Es decir, la economía chilena crecerá más rápidamente de lo que observamos actualmente. Esto, junto a la reforma tributaria, se traducirá en una mayor recaudación fiscal.

 

Conclusiones

En resumen, el país enfrenta el importante desafío de ajustarse a un precio del cobre más bajo. En el pasado, esto ajustes terminaban “a la Grecia”: en crisis de balanza de pagos y programas con el Fondo Monetario Internacional. Hoy tenemos un desafío pero no enfrentamos una crisis. La economía sigue creciendo y más rápidamente que en el 2013. Nuestra cuenta corriente (ingresos y pagos al exterior) se está equilibrando en parte gracias al ajuste cambiario. Esto también fortalece la competitividad de nuestros productores mejorando su rentabilidad y permitiéndoles aumentar su producción y generar empleo. Nada de esto es instantáneo, pero vamos bien encaminados.

Desde el punto de vista de las finanzas públicas, si bien los ingresos del cobre disminuyeron drásticamente, el país está en condiciones de seguir adelante con las reformas para las que fue elegido el actual Gobierno. Para conocer mejor la magnitud del desafío fiscal sería muy útil —además de democrático— que el Poder Ejecutivo dé a conocer el costo estimado de cada una de las reformas que fueron anunciadas al asumir la conducción del Estado. Hasta ahora, no se ha demostrado que no hay dinero para llevar adelante los cambios estructurales. Por el contrario, la reforma tributaria allegará nuevos recursos, hay espacio para endeudarse y financiar déficits temporales, y el crecimiento económico futuro reducirá la deuda como porcentaje del PIB.

En términos prácticos, esto significa que el gasto público puede aumentar en torno a un 5% anual por los próximos años, en vez del 7% promedio observado durante los 10 años del super ciclo, convergiendo gradualmente hacia la tasa de crecimiento del PIB tendencial. Reducir el gasto fiscal abruptamente y paralizar el proceso de reformas solo nos empujaría hacia una recesión que sería mucho más cara para el país.


  1. Luis Eduardo Escobar es consultor independiente, ex funcionario del Fondo Monetario Internacional, donde trabajó por más de 20 años.
  2. Artículo publicado en Revista Mensaje 22 de julio, 2015