El año en que (las mujeres) vivimos en peligro

Publicado : 25 Mayo, 2009 en Prensa

maf-foto

Desde la Concertación se acostumbra a decir que “no es lo mismo quien gobierna”. Si esto es cierto para algún sector de la población, es para las mujeres. Debiéramos observar con cuidado y susto las implicancias que tendría, para las aspiraciones femeninas, una eventual alternancia. Esto se hace más evidente cuando la administración de Michelle Bachelet entra en su recta final. Su llegada a la Presidencia fue sorpresiva, alegre, esperanzadora, un puro torbellino para todas nosotras. A pesar de que muchas mujeres puedan sentir que sus condiciones de vida han cambiado poco o nada, y que todavía se ven obligadas a enfrentar la invisibilidad, el no reconocimiento, la discriminación, cuando no la violencia física y sicológica, no es descabellado aventurar que la mayoría siente hacia ella, y esto incluye a sus adversarias políticas, ese fenómeno nuevo que ha ingresado a la política chilena, quizás para quedarse, que se llama cariño, junto con orgullo y gratitud.

La Presidenta chilena ha hecho lo que no ha hecho ninguna líder de un país, ni antes de ella ni contemporánea a ella: otorgarle estatura de Estado a las demandas de género, rescatándolo del lugar subordinado, casi anecdótico, que suele ocupar en las conversaciones políticas cuando, con suerte, es mencionado.

Para estos asuntos del género, la recuperación de la democracia fue capital. A partir del gobierno del ex presidente Aylwin, todo fue sumar y acumular avances, uno tras otro, en las administraciones concertacionistas. Sin embargo, durante el gobierno de Bachelet, la decisión de visibilizar a las mujeres en cargos políticos relevantes y un discurso presidencial donde las reconoce permanentemente han tenido un efecto simbólico importante, difícil de medir empíricamente, es cierto, pero que posibilitó evidenciar la tradicional exclusión femenina del poder político. Resulta difícil no emocionarse cuando evocamos una de las frases de su discurso del pasado 21 de mayo: “Mi deber es proteger a las mujeres de Chile”. O del discurso de este año cuando señala: “¡Ya no será posible en Chile tener un gabinete ministerial con sólo dos o tres mujeres!”.

Los avances son sustantivos. Ahí están la reforma previsional con rostro de mujer o la creación de más jardines infantiles nunca antes vista en la historia del país. Por otra parte, no son pocos los programas que benefician a las mujeres como son el Chile Solidario o los subsidios recibidos en materia de vivienda. Recién hemos tenido la noticia de la aprobación de la ley de brecha salarial. Sin embargo, pendientes están todavía la aprobación de algún mecanismo que permita ver más mujeres en un Parlamento, el cambio en el régimen económico del matrimonio o la flexibilización del postnatal, por citar algunos ejemplos.

Más de alguna experimentará una sensación ambigua ante el retorno de un hombre a la Presidencia. Las fotos que circulan sobre los comandos de campaña no pueden ser más masculinas. Frei hizo mucho por las mujeres en su anterior gestión y ya se ha comprometido con el mantenimiento de los niveles alcanzados para las demandas de género durante el actual gobierno. Sin embargo, debe ser más enfático en este compromiso. Cuando una mujer llega a un cargo político importante, se espera de ella una obligación con sus congéneres. Que lo haga un hombre, no sólo es novedoso y meritorio sin que, tengamos por seguro, nadie le dirá como fue acusada la Presidenta de estar dándose un “gustito” con los temas de género.

Columna publicada en La Nación online. Visite su link en internet aquí.