La COP 21

Publicado : 26 Junio, 2015 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


No es un tema que ocupe las primeras páginas de los diarios. La opinión pública tiene poco o ningún conocimiento al respecto. Lo mismo ocurre con la mayoría de las elites, incluso entre las más informadas. Sin embargo, el cambio climático es la principal amenaza que se cierne sobre el planeta.

La evidencia científica es abrumadora. Hasta los más escépticos han debido reconocer que el calentamiento es la fuente de grandes catástrofes como la recurrencia de inundaciones y sequías.

En el caso de Chile, una investigación del Centro de Agricultura y Medio Ambiente de la Universidad de Chile concluyó que hacia el 2050 viviremos en un país más caluroso, menos lluvioso, más propenso a tormentas, con más días nublados, menor disponibilidad de agua, avance de zonas áridas y disminución de la cobertura de los bosques. La sequía que enfrenta actualmente el país es un anticipo de lo que puede venir hacia adelante.

En diciembre próximo tendrá lugar en París la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, conocida como COP 21. Será la reunión mundial más grande jamás celebrada. Se espera participen más de 40 mil personas y que sus deliberaciones sean cubiertas por unos tres mil periodistas. Todos los jefes de Estado estarán presentes. Francia está haciendo un enorme esfuerzo para garantizar su éxito. La idea es que se llegue a un acuerdo que permita limitar a no más de dos grados el aumento de la temperatura de la Tierra de aquí al 2050.

La mayoría de los países pequeños o medianos tiene poca responsabilidad en el fenómeno. Los principales contaminadores son China y EE.UU. Frente a esta realidad no son pocos los que piensan que este es un problema creado por los grandes países y que en consecuencia les corresponde a ellos resolverlo.

Es un muy mal enfoque. El éxito de la lucha contra el calentamiento global no puede reducirse a un ejercicio de alta diplomacia en la cual sólo intervengan las grandes potencias. Se trata de generar un movimiento global.

Chile, país insignificante en cuanto al impacto global de sus emisiones, está haciendo una contribución interesante al éxito de la COP 21, muy bien valorada por las autoridades francesas. Voluntariamente se está comprometiendo a introducir cambios en su matriz energética de manera de limitar la emisión de gases con efecto invernadero. Por otra parte, ha sido muy activo a nivel internacional promoviendo acuerdos constructivos en distintas instancias como el Celac, la Asociación Independiente de América Latina que integra junto a Colombia, Costa Rica, Guatemala, Panamá y Perú. Asimismo, ha asumido junto a Brasil una iniciativa que busca asegurar una participación concertada de América Latina en la Conferencia de París.

Es de esperar que la cumbre sea un éxito. Será una prueba para la gobernanza a nivel mundial. Asumiendo que en París se logre un acuerdo vinculante, la cuestión central seguirá planteada: la reorientación del modelo de desarrollo en dirección de una racionalización del consumo, la sustentabilidad ambiental del crecimiento y la limitación de la concentración urbana. Se trata, en suma, de avanzar hacia una nueva economía.