Nombramientos pendientes

Publicado : 19 Junio, 2015 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


En la medida que transcurren los días, los nombramientos pendientes en distintas reparticiones han dejado de ser un problema analizado por la naturaleza propia y diversa de cada uno, para transformarse en un tema conjunto. Esto, porque en momentos donde la turbulencia de la ruta se ha acrecentado, es por todos esperado que el conjunto de administración de tareas y responsabilidades que sirven para llegar a destino estén claramente establecidas, para disminuir los riesgos y concentrar esfuerzos en salir del mal paso.

Desde el punto de vista de la ciudadanía y de quienes tenemos mayor interés por la política, es una preocupación necesaria que debe acotarse en su justa dimensión, porque si bien es una realidad que no nos conduce al caos, si agrega un elemento adicional al exceso de ruido ambiente.  En efecto, se trata no sólo del reemplazo del ministro Segpres, sino que también del nombramiento de los subsecretarios faltantes, como el de Previsión Social (y eventualmente aquellos que debieran ser reemplazados), el cambio de los gobiernos y equipos regionales (cuyo ajuste se anuncia hace meses), el Contralor (figura clave en el control de los actos de la administración del Estado), el director del Servicio de Impuestos Internos y el Presidente del directorio de Banco Estado.

En esta columna quisiera acotar la naturaleza del problema y permitirme una expresión de deseo en este proceso, de cara a la oportunidad que este difícil momento plantea.

Lo primero es distinguir. Dentro de la serie de autoridades que restan por definirse, no son todas de responsabilidad exclusivamente presidencial y tienen distinto nivel de complejidad. Por ejemplo, mientras reemplazar al director de Banco Estado puede ser relativamente fácil, hay cargos de Alta Dirección Pública, como el director del SII, que requieren un proceso previo de selección, no obstante, en ambos casos habrá seguramente candidatos de sobra y que pueden ser designados en un horizonte razonable de tiempo, sin que ello provoque por ahora un problema mayor.

Algo más complejo parece lo del Contralor, figura clave en el control del aparato del Estado que tendrá además la misión de llevar adelante el proceso de modernización de la entidad y cuya designación depende de un acuerdo con el Senado. En tal caso, considerando el contexto de alta desconfianza que enfrenta el mundo político en general, entidades como esta tienen un rol clave y es de esperar que el debate ante la propuesta presidencial tienda a allanarse.

Distinta situación ocurre con figuras del gabinete a nivel de ministros, subsecretarios y gobiernos regionales. Acá la responsabilidad es principalmente del Ejecutivo, y es tanto el proceso como el resultado que culminará con el nombramiento de nuevas autoridades el que reviste la mayor importancia. Porque si hay algo que no logró el reciente cambio del equipo político, fue completar el diseño de una nueva etapa para inaugurar un nuevo y esperado periodo de recuperación para el Gobierno, tanto en la conducción de la agenda como en la sintonía con los ciudadanos. Evidentemente esto no ha sucedido y tiene que ver tanto con la fallida designación del ministro Segpres, como con algunas señales concretas de giro que se esperaban y no llegaron con nuevos nombramientos en algunas subsecretarías y en los gobiernos regionales.

Lo primero, la participación de los partidos. Si hay algo que ocurrió con el último cambio de gabinete es que dejó en una posición incómoda a la Mandataria, porque quedó como la principal responsable de la mala designación de uno de sus miembros, más aún cuando los partidos hicieron público el no haber tenido injerencia en el proceso. Es cierto que los partidos políticos no son entidades que gozan del mayor prestigio, pero son el soporte de agenda del Gobierno en el Congreso, que requiere cohesión y expresión de mayoría cuando de apoyar el programa de gobierno se trata. En tal sentido, buscar mecanismos de consulta a los partidos puede ayudar a mejorar la relación con la coalición como a la búsqueda de candidatos idóneos, con domicilio político conocido y cuyos antecedentes pueden ser previamente visados por ellos. Esto facilita, entre otras cosas, la tarea presidencial que debiera tener a disposición un conjunto de nombres intachables sobre los cuales elegir.

Segundo y no menos importante, es muy relevante dar señales potentes y claras de mejora en la gestión. Las prácticas en torno a la conducción del Estado, la prevención de la corrupción, la austeridad de sus funcionarios, entre otros, son clave. También es muy relevante analizar y actuar sobre lo regional. Somos un país tan centralista que a ratos nos cuesta ver la realidad más allá de la capital, pero estamos llenos de historias de problemas de gestión en distintos puntos del país, que sólo se explican por la falta de experiencia de ciertas autoridades locales cuya designación debiera basarse en competencias profesionales y políticas de alto nivel.

Con todo, la designación de nuevos equipos no estará completa si no logra entenderse esto asumiendo la realidad global, como un nuevo periodo para un nuevo trato que busque por fin sacarnos de un compás complejo, pero aún superable. Esto es una preocupación ampliamente compartida, comprometida y más que razonable.