Chile: una política exterior de cara al siglo XXI

Publicado : 16 Junio, 2015 en Documentos de Trabajo


Chile: una política exterior de cara al siglo XXI

Por Jaime Ensignia

Director del Programa Internacional

 

 

INTRODUCCIÓN

En la mayoría de los gobiernos democráticos de los últimos 50 años, la política exterior y sus respectivos ministros han gozado de singular popularidad, tal como lo reflejan los sondeos. El prestigio de la Cancillería es reconocido por la ciudadanía, con excepción de la gestión de la dictadura cívico militar que, de la mano de sus numerosos cancilleres, confinó al país al aislamiento internacional. En aquel periodo nuestra política exterior fue objeto de repudio mundial. Con la recuperación de la democracia, Chile volvió a ser percibido como un país con valores democráticos y con una cierta relevancia en la política internacional en el continente latinoamericano y en los organismos internacionales. Esto se torna relevante en el primer gobierno de la presidenta Bachelet (2006-2010) con su destacada intervención como presidenta pro tempore de UNASUR en el caso de amenaza de golpe de Estado en Bolivia.

La   política exterior llevada a cabo por el actual gobierno de la Nueva Mayoría constituye un cambio sideral en comparación con la administración pasada, liderada por el Presidente Piñera, pese a que -nobleza obliga- éste tuvo un comportamiento destacable hacia las instituciones de integración en la región, se trate de UNASUR o bien la CELAC, a lo menos en los términos formales. Sin embargo, su mayor énfasis en política exterior estuvo puesto en lo económico y comercial, deteriorando  especialmente las relaciones políticas con los países de la región, a excepción de Colombia, que fue objeto de trato privilegiado. Al respecto, el ex embajador Luis Maira, señalaba lo siguiente:

“Nosotros consideramos que el gobierno de Piñera puso un énfasis excesivo en las relaciones económicas internacionales y no se ocupó de los aspectos políticos y diplomáticos. Eso provocó una caída importante en nuestra imagen”. (… )“Un país que no cultiva a sus amigos, sus vecinos, termina quedando solo y eso daña todo lo que hace”. (…) ”Los negocios pueden andar muy bien, pero son una parte de la política internacional” (1).

 

PROGRAMA Y NUEVO CICLO

Al analizar del programa de gobierno de la Nueva Mayoría se observa un énfasis no menor en el propósito de llevar a cabo un nuevo “ciclo” en política exterior. En este sentido, el programa de gobierno con el cual fue elegida la Presidenta Bachelet, señala con claridad:

“Chile ha perdido presencia en la región, sus relaciones vecinales son problemáticas, se ha impuesto una visión mercantil de nuestros vínculos latinoamericanos y se han ideologizados las opciones de inserción externa. Nuestro país debe recuperar su papel de promotor activo de la convergencia regional, confirmando su compromiso con una política regional activa y vinculante” (2).

Esto ha sido confirmado por la propia Presidenta al referirse a los intereses de Chile en política internacional, pero aún más profundamente lo ha expresado el Ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz. El ministro ha sido enfático al respecto:

 

“Chile, debe insertarse desde América Latina en el concierto internacional. Los escenarios internacionales están dando cuenta de la conformación de grandes bloques de naciones representativas en el debate político, económico y medioambiental mundial. Nuestra inserción en la región debe ser sin ´anteojeras´ ideológicas. Esta integración debe ser no tan solo económica, sino que política, social y cultural. Los bloques deben representar estabilidad política, económica, social y cultural. Se debe ir hacia una concertación y convergencia política regional, asumiendo la diversidad del continente y aprovechando de forma inteligente y virtuosa esta diversidad que encontramos en América Latina” (3).

 

La política exterior de la segunda administración de la presidenta Bachelet, a través del Canciller Muñoz, ha puesto el énfasis en la “vuelta al barrio”, es decir, la profundización de los vínculos con América Latina y el Caribe, en particular hacia  América del Sur, entorno natural de nuestro país, en el contexto de la denominada “política de convergencia en la diversidad”. En términos globales, esto se ha traducido en el apoyo resuelto a la conjunción de intereses entre la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR; en la mayor injerencia en la UNASUR y sus respectivos Consejos Ministeriales y Sectoriales; en la participación activa en la CELAC y  en las Cumbres de las Américas, por nombrar algunos hitos importantes.

 

NUBARRONES EN LA POLÍTICA VECINAL

No obstante, pese a las intenciones expresadas ya desde el programa de gobierno y subrayadas por la Cancillería, en las relaciones vecinales de Chile, prevalece en esta etapa un clima enrarecido por las tensiones públicamente conocidas con Perú y Bolivia. El fallo de la Haya del año 2014 dejó heridas en los vínculos con Perú. Más aún, los recientes casos de espionaje y de la controversia sobre el inicio de la frontera terrestre entre ambos países  (para Chile, el “Hito 1” y para Perú, el “Punto Concordia”) sólo profundizan el daño, atascando el despegue hacia una agenda de colaboración entre ambos países. 

Con Bolivia, el conflicto histórico por la salida al mar nos ha llevado a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya y no se perciben gestos tendientes a  descongelar las relaciones-. Chile y Bolivia comparten una historia de vínculos conflictivos desde la Guerra del Pacífico de 1879, cuando Bolivia perdió 400 kilómetros de costa y 120.000 km2 de territorios en favor de Chile. El Tratado de Paz y de Amistad, firmado entre Chile y Bolivia en 1904, dejó el país vecino enclaustrado y sin derechos a una salida al mar. En abril del 2013 Bolivia presentó una demanda ante la CIJ, en busca de un fallo que obligue a Chile a negociar de buena fe  una solución a su petición de salida al mar, tras más de un siglo de diálogos sin resultados. El 15 de abril de 2014, el presidente Evo Morales se hizo presenta en La Haya para entregar la memoria boliviana con los fundamentos históricos, diplomáticos y jurídicos de su país que, tal como fue presentado,  no desconoce el Tratado de Paz y Amistad de 1904.

 

Chile -luego de la resolución de la CIJ en relación al diferendo con Perú- se ve expuesto nuevamente a un juicio internacional frente a  esta Corte. La imagen internacional del país vuelve a ser observada con diligencia y severidad en el concierto internacional y, fundamentalmente, en América Latina y el Caribe. En opinión de expertos en política internacional, la reivindicación boliviana por una salida al mar goza de creciente apoyo y simpatía internacional, variable a considerar por Chile más allá de los sólidos argumentos jurídicos que las autoridades gubernamentales (de los más diversos colores políticos) han esgrimido históricamente en relación a esta controversia. Fiel a su política de Estado, Chile ha reivindicado en los recientes alegatos el Tratado de 1904, el cual traza los límites territoriales de ambos países. Sobre este Tratado, desde la perspectiva de Chile, la CIJ no tendría ninguna jurisdicción. Sin embargo,  más allá del resultado de este litigio con Bolivia y de los recursos jurídicos a los que pueda echar mano cada país, se hace imprescindible crear escenarios para seguir dialogando con nuestros vecinos bolivianos. Es indiscutible que las relaciones entre ambos países se han crispado en los últimos tiempos, sin embargo no parece haber plena conciencia en cuanto a que esta situación no beneficia a ninguna de las partes. En este contexto, tanto la expertise política, como el sentido común, indican que el imperativo entre Chile y Bolivia es abogar por diálogo y más diálogo de toda índole; tanto diplomático como político; tanto económico como comercial, social y cultural. La falta de solución a los problemas limítrofes con nuestro entorno vecinal pondría en duda la política exterior del gobierno de la presidenta Bachelet,  es decir, la reinserción de Chile en la región con fuerte impronta integracionista.

Si hay buenas noticias en el análisis del entorno vecinal, éstas son las excelentes relaciones que el país tiene con Argentina, el vecino con quien compartimos la segunda frontera más larga del mundo y fuertes vínculos históricos en múltiples ámbitos, que van desde lo político y lo económico, hasta lo académico y cultural.

 

EPÍLOGO

En el actual escenario, la política exterior de Chile basada en el giro hacia América Latina y su vuelta al barrio es subsumida por los problemas con Perú y con Bolivia. Esta reducción de la política exterior a una agenda de conflictos vecinales, se ve abonada por las intervenciones públicas de figuras políticas que, con discursos nacionalistas, apuestan a su mero posicionamiento en desmedro de los intereses de largo plazo del país. Por otro lado, importantes medios de comunicación atacan a la Cancillería por los “escasos avances en la integración regional de Chile”, realizando un análisis sesgado de lo realizado durante este primer año de gestión gubernamental (4). Se torna necesario que la Cancillería chilena supere este encasillamiento mediático y sectorial, puesto que la política exterior es mucho más rica y diversa que la estrechez de los conflictos mencionados. En este sentido, se hace necesario mencionar la participación de nuestro país en importantes iniciativas políticas internacionales y regionales de gran relieve: la importante participación en el Consejo de Seguridad en Naciones Unidas, donde el país tiene un puesto como miembro no permanente, el fuerte apoyo de Chile al proceso de Paz en Colombia y la cooperación y solidaridad con Argentina por la justa causa de las Islas Malvinas.

 

A fines de diciembre del 2014, el Ministro Heraldo Muñoz realizaba un balance de la política exterior del primer año de gobierno confirmando, una vez más, su eje:

 

“América Latina es y será la primera prioridad. Una mayor proyección concertada es una tarea fundamental, considerando que la nueva economía mundial se construye sobre la base de macro regiones. Además, en Latinoamérica están los mercados para nuestros productos con mayor valor agregado, así como las mayores oportunidades para invertir. Hemos postulado una “convergencia en la diversidad”, en el entendido de que la región coexisten distintos proyectos políticos y estrategias diferentes de desarrollo económico. No obstante podemos converger pragmáticamente hacia acuerdos concretos en materias tales como conectividad, movilidad de personas y facilitación de comercio” (5).

 

Paralelamente, es necesario valorar el esfuerzo que la diplomacia chilena realiza en las relaciones políticas y económicas con una las potencias de nuevo cuño en el escenario internacional, China. Esto se ha visto reflejado en la reciente visita del Primer Ministro Li Keqiang y su numerosa delegación y con la firma de importantes proyectos de cooperación suscritos por ambos países. China es para Chile un importante socio comercial; tan sólo en 2014 el intercambio de bienes superó los USD 30 mil millones.

 

En el escenario descrito,  ¿cabe hablar de un nuevo “ciclo” en política exterior? Por ahora resultaría prematuro afirmar que ingresamos en un ciclo sustantivamente diferente en esta materia, sin embargo, existen señales interesantes, indicios de una nueva matriz en política exterior en la actual administración.  En este escenario, uno de los grandes temas queda aún en el tintero:  la urgente necesidad de estructurar una nueva Cancillería a la altura de los desafíos propios de este programa de gobierno, como así también a los desafíos políticos y económicos que el escenario internacional nos impone en el transcurso de esta década y media del siglo XXI.  En este sentido, resulta alentadora la noticia ya anunciada, sobre el esperado proyecto de modernización de la Cancillería.

 

 

NOTAS-.

 

1-. Entrevista al ex embajador Luis Maira “Chile tenía dos aliados históricos: Brasil y Ecuador. Hoy no están con nosotros”, El Mercurio, sábado, 1 de febrero de 2014, C2.

2-. Chile de todos. Programa de Gobierno de Michelle Bachelet, octubre 2013, pág. 154 y 155.

3-. Notas tomadas por el autor de esta columna en el Conversatorio en la Fundación Chile 21, con el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Heraldo Muñoz, “Los nuevos énfasis de la política exterior de Chile”, 8 de mayo de 2014.

4-. Ver: Editorial de La Tercera, Escasos avances en la integración regional de Chile, miércoles 4 de marzo 2015, pág. 7.  El embajador de Chile en Brasil, Jaime Gazmuri. M., en una carta al mismo diario La Tercera del día jueves 5 marzo, critica la inexactitud de esta editorial, particularmente en lo referente a la relación de Chile con Brasil, pág. 10.

5-. Ver: El Mercurio,  La política exterior de Chile en 2014, Heraldo Muñoz,  domingo 28 de diciembre 2014, pág. A2.

 

*Jaime Ensignia, sociólogo, Dr. en Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Director del Programa de Relaciones Internacionales de la Fundación Chile 21. Autor de numerosos artículos sobre política internacional y en el ámbito de las relaciones laborales.