Desafío latinoamericano

Publicado : 12 Junio, 2015 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


America latina vivió durante la pasada década el mejor periodo de su historia. En la gran mayoría de los países se establecieron sistemas democráticos y en muchos de ellos fueron electos gobernantes de clara orientación progresista. De ser tradicionalmente una excepción, la democracia pasó a ser la regla. Las economías superaron su estancamiento y crecieron a una tasa promedio para la región del orden del 4%. Los históricos problemas de endeudamiento que en el pasado provocaron serias crisis de deuda fueron sustituidos por un proceso de desendeudamiento en varios de nuestros países. El flagelo de la inflación, otra característica muy típica del desarrollo latinoamericano, fue controlado y el continente pudo exhibir tasas de inflación de un solo dígito.

En ese cuadro, la población que vive en condiciones de pobreza experimentó una fuerte disminución. Con democracias, gobiernos progresistas, crecimiento, desendeudamiento, inflación controlada y disminución de la pobreza, América Latina vivió en realidad una década dorada.

Pero ese ciclo ya es historia. Producto de la desaceleración de China y la baja en los precios de las materias primas, las tasas de crecimiento han caído ostensiblemente. En varios países hay rebrotes inflacionarios y los procesos de disminución de la pobreza y la indigencia pierden impulso. Incluso, de mantenerse las bajas tasas de crecimiento de los últimos años, es probable que se asista a una reversión de esa tendencia y la pobreza comience nuevamente a aumentar.

Las evoluciones negativas en materia económica y social ponen a su vez en dificultades a las democracias que tanto costó recuperar. En efecto, existe de manera relativamente generalizada en América Latina una cierta frustración con la democracia. Las esperanzas puestas en las nacientes democracias no siempre han podido materializarse. Se agrega a esto la erosión de los liderazgos que estuvieron al frente de sus países en el periodo anterior.

América Latina no puede seguir haciendo lo mismo que en el periodo anterior. Tiene que cambiar su estrategia. Es cierto, hoy no existe el riesgo de volver a una “década perdida”, como la de los 80 en el pasado siglo, en la que predominaron las dictaduras en el marco de un severo estancamiento económico.

El peligro que nos amenaza es la mediocridad. Para evitarla se requieren estrategias que pongan en el centro de la atención la transformación productiva, la integración regional y el mejoramiento de la calidad de la política.

Necesitamos poner en práctica estrategias que apunten a la generación de un mayor valor agregado y para ello es imprescindible -en el actual cuadro mundial- retomar nuestro proceso de integración regional. En el mundo no compiten los países, compiten los bloques. Al mismo tiempo, nuestras democracias deben ser revitalizadas con el establecimiento de mecanismos participativos que las enriquezcan.

El desafío es difícil, pero no hay caminos alternativos, atajos o soluciones providenciales. Es en este terreno donde deberán medirse los liderazgos actuales y futuros.