Un cambio lógico

Publicado : 15 Mayo, 2015 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


Podrá gustar o no, pero es indudable que el nuevo gabinete representa un cambio necesario cuya orientación, si se piensa bien, resulta lógica. La abrumadora mayoría de los análisis son coincidentes: el nuevo equipo tiene como misión fundamental abrir diálogo con la oposición política y el sector empresarial a fin de estabilizar una situación que se venía degradando peligrosamente. La crisis de confianza se estaba transformando en crisis institucional y el gobierno no conseguía detenerla. Con el tiempo, el gobierno estaba convirtiéndose más bien en parte del problema que de la solución. El cambio era urgente.

El ímpetu reformador cederá paso a un esfuerzo por consolidar las reformas en curso. No habrá vuelta atrás pero tampoco un salto hacia adelante. Se había llegado a un punto donde una salida que apuntara a la profundización de las reformas era inviable. Por distintas razones que no son tan misteriosas, las reformas perdieron, al menos por ahora, la batalla en la sociedad. Las mayorías que inicialmente las apoyaban se fueron diluyendo. En eso, el trabajo de la oposición social, política y de los medios dio sus frutos. La pérdida de respaldo de las reformas impactó en la aprobación presidencial, la que experimentó una fuerte baja a lo largo del segundo semestre del 2014. A principios del año, cuando las cosas parecían mejorar, sobrevino el caso Caso Caval, cuyos efectos fueron devastadores.

La idea de un “nuevo ciclo”, en el cual se refunde el sistema político a través de una nueva Constitución -otorgándole una legitimidad de origen de la cual carece-, seguirá siendo una aspiración alentada por importantes sectores de la población. Pero su concreción deberá esperar. El gobierno actual habrá iniciado un proceso que tendrá mucho camino por recorrer más allá de su período.

Este largo “segundo tiempo” será el de la consolidación de los avances alcanzados. No es una tarea menor. La puesta en práctica de la reforma tributaria es una tarea compleja que requerirá de un especial cuidado para garantizar los niveles de recaudación inicialmente anunciados. Por su parte, la reforma educacional está en pleno proceso de elaboración. Hay cuestiones de gran complejidad, como la carrera docente, la desmunicipalización, la gratuidad de la educación superior, o el fortalecimiento de la educación pública, que no han sido resueltas. Asimismo, el gobierno debe sacar adelante la reforma laboral, que producto de la presión sindical, terminó siendo parte de sus prioridades.

Por el contrario, hay muchas razones que llevan a pensar que el “proceso constituyente” para la elaboración de una nueva Constitución no tendrá un gran alcance. La nueva Constitución debió ser enfrentada desde el primer momento movilizando las energías lideradas por el arrollador triunfo de Bachelet. Desgraciadamente, se perdió la ocasión.

La tarea quedará pendiente, y con toda seguridad ocupará un lugar central en la campaña del 2017. En el intertanto, el principal aporte del gobierno será, por la vía de una adecuada implementación, mostrarle al país que su futuro pasa por las reformas y no por un repliegue temeroso hacia el statu quo.