La senda correcta para salir de la crisis

Publicado : 30 Abril, 2015 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Se acabó parte de la expectación de meses largos que han parecido interminables. La Presidenta habló al país y trazó el camino, ordenó finalmente la agenda y señaló el punto de llegada para superar una crisis que requiere más que la pura voluntad del gobierno y el oficialismo para ver la luz.

El diagnóstico ha sido claro y categórico. La mandataria, en un acto de profunda audacia y contrario a lo que sectores conservadores han querido sostener, ha asumido que esta crisis del sistema político no está encapsulada y que, en consecuencia, para su solución no bastan sólo un conjunto de reformas que busquen regular la relación entre la política y los negocios.  

Es por esta razón que no sólo se refirió a los plazos estrictos para adoptar una serie de medidas administrativas (15 días) y legislativas (45 días) y anunció discusión inmediata para los proyectos que ya están en discusión en el Congreso, sino que también estableció que el punto de llegada será una nueva Constitución, y para ello se abrirá un proceso constituyente en el mes de septiembre. El mensaje es claro: nada de una “lista de supermercado” para abordar la discusión de reforma política, porque si hay algo de lo que adolecían nuestros diagnósticos es de una mirada sistémica, que ahora asumimos en propiedad para salir del estancamiento.

Con estas medidas la Presidenta asume el liderazgo, a ratos esquivo entre tanta coyuntura negativa, y se la juega por poner en perspectiva situaciones de alta complejidad para trazar un camino en el que toda la sociedad se sienta comprometido e interpelado de participar. Desde esta perspectiva, el Poder Ejecutivo, así como lo venía haciendo el Poder Judicial, se pone a la altura de la tarea e interpela a otros actores de la sociedad a sumarse a esta ruta, que supone no abandonar el camino de reformas que se prometió al país.

En tal sentido, es claro que el Poder Legislativo tiene que asumir la tarea y enfrentar con celeridad el proceso. No hay espacio para gatopardismos, porque es claro que para que las reformas sean efectivas, como señalaba el presidente del Senado hace algunos días, tienen que doler.

Es por esta misma razón que un actor clave son también los partidos políticos. Se ha instalado en la sociedad chilena una mirada nefasta en torno a su rol y su actividad. En ello han sido los propios actores políticos los que han colaborado en marcar un mal precedente con actitudes erráticas y muchas veces con problemas de conducción para enfrentar situaciones que no serán judicialmente condenables, pero si éticamente reprochables.

En tal sentido, es de esperar que sean los propios partidos los que asuman internamente medidas que permitan generar doctrina respecto a la conducta de sus militantes. Al mismo tiempo, en la lógica de avanzar sustantivamente en la regulación entre política y dinero, es preciso alinear sus fuerzas y comprometerse en el Parlamento a aprobar las iniciativas. El compromiso en esto es clave, porque la recuperación de confianza se juega en esto. El orden de las coaliciones, particularmente la oficialista, será vital.

Por último, un actor a veces ausente, pero no menos relevante, es la sociedad civil organizada y no organizada; es a ellos a quienes interpela la Presidenta también con su discurso. Se ha transformado casi en un deporte nacional criticar y no asumir la responsabilidad respecto a las formas que adquiere nuestra representación. Aquí nuevamente el liderazgo es clave y la capacidad de articular un movimiento social en torno a la co-responsabilidad de darle salida a la crisis a través del accountability social es muy importante. No se trata sólo de manifestar enojo, sino de exigir y hacerse parte de una transformación del sistema político en su más amplia acepción. Creo que un proceso que culmine con un plebiscito para una nueva Constitución es de suma importancia en este punto, especialmente para recuperar el vínculo y buscar la legitimidad del sistema.

Si todo esto da resultado, si los actores y el conjunto de la sociedad asumen el rol y la responsabilidad que nos compete, seguro al final de este camino habremos cambiado el rostro de nuestra democracia, sus prácticas y la manera de hacer las cosas. En esto no debe haber vacilaciones, porque el camino es claro y el desvío sólo puede significar retroceder varios peldaños en la calidad de nuestra democracia y el país que queremos construir.