Horizonte para administrar la crisis presente

Publicado : 16 Abril, 2015 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Ya es casi sentido común señalar que esta es la peor crisis que enfrenta el mundo político desde la vuelta de la democracia, que la desconfianza en las instituciones políticas se ha profundizado (aunque se reconoce que es un fenómeno de larga data en nuestro país) y que la elite política no ha estado aún a la altura de dar una solución que permita salir de esta compleja situación.

En tal escenario, la búsqueda de respuesta para enfrentar la crisis desde distintos actores ha sido errática y en muchos casos sólo ha ayudado a profundizar la discusión.

Si bien en un país presidencialista como el nuestro, muchas de las expectativas están puestas en la capacidad de respuesta del poder ejecutivo sobre situaciones de crisis, lo cierto es que no se trata del único actor con la necesidad de plantear caminos de solución. En efecto, la magnitud de la crisis plantea también la necesidad que otros actores actúen en consecuencia. Ello es muy importante por una cuestión que parece fundamental: solucionar una crisis de confianza y de legitimidad en el sistema, mas aún con procesos judiciales abiertos, será una cuestión de muy largo plazo. En consecuencia, se hace imprescindible trazar un camino de solución de futuro (que implique reconocer hitos de corto, mediano y largo alcance) para hacer gobernable el presente. De lo contrario, pareciera que todo es respuesta coyuntural a la crisis y que su alcance es limitado y acotado, mermando la capacidad de los actores políticos de reconstruir el vínculo con la ciudadanía. En tal cuadro, quisiera identificar responsabilidades de al menos tres actores en este escenario.

Desde el Poder Ejecutivo la salida a la crisis va de la mano de ser capaces de enfrentar la situación a partir de medidas concretas que permitan separar de manera clara la relación de la política y el dinero. Para ello, el resultado que emane de la comisión Engel y las medidas inmediatas y mediatas que se tomen al respecto serán fundamentales, tanto si ellas se refieren a nuevas iniciativas legales como a medidas administrativas que desde ya puedan ser asumidas en el mundo público y privado. No obstante, la relevancia -y en esto se juega también la confianza y credibilidad- no puede soslayar el hecho de que esta administración comprometió ante el país un programa transformador y es en ello en que hay que cifrar también la capacidad de cumplir ante la ciudadanía. En tal sentido, pensando en el horizonte de salida, y dado que parte importante de la crisis de confianza en las instituciones está anclada en su pecado de origen (asociado tanto a la herencia autoritaria como a la forma en que se hizo la transición) es que un buen momento relegitimador puede ser abrir la discusión constitucional.

Un segundo actor clave son los partidos políticos. Se ha instalado en la sociedad chilena una mirada nefasta en torno al rol de los partidos y su actividad. En ello, han sido los propios actores políticos los que han colaborado en marcar un mal precedente con actitudes erráticas y muchas veces con problemas de conducción para enfrentar situaciones que no serán judicialmente condenables, pero sí éticamente reprochables. En tal sentido, es de esperar que sean los propios partidos quienes asuman internamente medidas que permitan generar doctrina respecto a la conducta de sus militantes. Al mismo tiempo, en la lógica de avanzar sustantivamente en la regulación entre política y dinero, es preciso alinear sus fuerzas y comprometerse en la Parlamento a aprobar las iniciativas. El compromiso en esto es clave, porque la recuperación de confianza se juega en esto.

Por último, un actor a veces ausente, pero no menos relevante, es la sociedad civil organizada. Se ha transformado casi en un deporte nacional criticar, levantar rumores, pero no asumir la responsabilidad respecto a las formas que adquiere nuestra representación. Aquí nuevamente el liderazgo es clave y la capacidad de articular un movimiento social en torno a la co- responsabilidad de darle salida de la crisis a través del accountability social es muy importante. No se trata sólo de manifestar enojo, sino que exigir y hacerse parte de una transformación del sistema político en su más amplia acepción.

En definitiva, como señalaba Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. El liderazgo, expresado de diferentes maneras, se juega en poner perspectiva a situaciones de alta complejidad y trazar un camino en el que el conjunto de la sociedad se sienta comprometido e interpelado de participar.