Gonzalo Rojas y el financiamiento público de la política y la cultura

Publicado : 04 Mayo, 2009 en Prensa

Se había dicho que Hermógenes Pérez de Arce había salido de El Mercurio, pero su espíritu ha tomado la pluma de Rojas.

En un artículo que titula “El IVA para Allende” el Sr. Rojas sostiene una serie de afirmaciones que me generan las siguientes preguntas:
¿Qué quiere decir con que la “cultura de izquierda siempre ha querido vivir a expensas de los demás”? Lo que uno ve es una gran cantidad de personas que en condiciones precarias intenta desarrollar actividad cultural en un medio en que lo único que vende es la farándula.

Sin aparente estudio sobre la acción de Fondart, afirma que sus financiamientos son “ridículos algunos, grotescos otros, disolventes en una buena cantidad, aunque muy convenientes para el bolsillo revolucionario”

Dos preguntas: ¿Está por eliminar uno de los pocos instrumentos de fomento cultural que se han desarrollado en este país? En caso que no lo quiera eliminar, ¿Con que criterios los asignará? De su afirmación no se puede sino colegir que no está de acuerdo con la libertad de creación cultural. Parece ser que a su juicio, las contribuciones a la actividad cultural se deben entregar a aquellas personas que no promuevan obras artísticas “grotescas” “disolventes” y “ridículas”. Quién determina esto no queda claro en su argumentación. Al leer estas líneas, lamentablemente mi pensamiento me condujo al recuerdo de la trágica exposición montada en Berlin a fines de los 30 en el siglo pasado, sobre el llamado “arte degenerado”.

Luego de condenar el esfuerzo que los artistas desarrollan por impulsar la cultura en el país, la emprende contra entidades (23 para ser exactos) “que van desde las más duras del PC hasta las más light de la DC”. El autor no dice que los 3 “milloncetes” de dólares se han entregado a lo largo de 5 años lo que resulta verdaderamente miserable comparado con cualquier salario de un gerente de una empresa privada. Pero el problema de fondo es otro.

Estamos hablando (en parte, pues dentro de esas organizaciones existen muchas vinculadas al trabajo de reparación de las víctimas de los atentados a los derechos humanos del régimen militar) del financiamiento de instituciones que tratan de impulsar el mejoramiento de la actividad política.

En este contexto, cabe resaltar que los 20 años de progreso que experimentó el país bajo la Concertación, tienen mucho que ver con que bajo la dictadura, organismos internacionales financiaron la reflexión política y la preparación de un programa de gobierno para la transición a la democracia. Hoy no existe un financiamiento público adecuado para ello.

Hoy los organismos equivalentes de la derecha (incluidas muchas universidades privadas) reciben generosos apoyos por parte de empresas y organizaciones empresariales. Ello no está mal, por el contrario, está bien que dichas entidades apoyen el desarrollo de centros de pensamiento que ayuden al perfeccionamiento y renovación de la actividad política. Lo malo está en que esa ayuda está asociada a un defensa irrestricta de modelos que les resultan favorables. Debieran existir mecanismos de financiamiento público abiertas a las diferentes corrientes. Con eso ganaría la democracia.

Finalmente, la manera como trata a Salvador Allende es simplemente grosero: “no contento con haber quebrado al país, Allende se queda ahora con el IVA”. En todo caso, entiendo su desesperación. Mientras que la izquierda tiene en Allende un figura de renombre internacional que por compromiso con los más pobres y su honorabilidad al cumplir con su promesa de no salir vivo de La Moneda antes de terminar su período, es de los chilenos más respetados en el país y en el mundo. Lamentablemente, Pinochet, símbolo mundial de los atentados a los derechos humanos y que muere en medio de un juicio por robo a las arcas fiscales, sigue siendo patrimonio de la derecha.

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