Vox Populi: la premonición de Velasco

Publicado : 23 Enero, 2015 en Columnas Chile 21, Osvaldo Torres

|por Osvaldo Torres|


Andrés Velasco escribió Vox Populi en 1995, una novela premonitoria de su propio protagonismo en la política chilena. En la solapa se lee que el autor fue nominado por la revista Time como “uno de los 100 futuros líderes del planeta”.

La trama es simple, un país imaginario (Chile) es gobernado por una coalición amplia, la Unión de Centro Prístino (Alianza por Chile y Concertación), UCP, que da estabilidad a la inversión y al progreso con tintes conservadores en los valores. Hay elecciones y un diputado postula al senado por la UCP (inteligente y bien parecido) y tiene como contrincante a un izquierdista no renovado. Todo se complica, pues lo pillan con una amante y en problemas de financiamiento de campañas electorales; el protagonista se confiesa: “Estaba dispuesto a luchar, Padre. Igual que en los Bottomcheques, en este caso no había evidencias, sólo rumores e informaciones parciales. Los rumores podrían dejarme incómodo, pero no me obligaban a renunciar a mi candidatura. Los colegas del partido no dijeron nada. Era la opción más sana, porque no estaban seguros de qué decir (…). Las señales que mi vida no iba a ser fácil no tardaron en llegar. Los pesos y centavos con los que donantes varios contribuían a mi campaña disminuyeron bruscamente”.

Hoy el proyecto que intentó encarnar Velasco yace en la agonía. Quiso desarrollar la estrategia de la despolitización y la “antipolítica” para capturar el persistente cansancio ciudadano hacia la elites; pretendió cultivar la imagen de tecnócrata no confrontacional que entiende las reformas como autorizaciones consensuadas por el poder; eligió el camino de construir su propia agrupación como Fuerza Pública, mitad partido mitad “think tank”, que articula a empresarios agresivos, modernos, democráticos, con tecnócratas y políticos/as reciclados. En realidad, quiso hacer su Unión de Centro Prístino.

Pero era un enmascaramiento, puro discurso; un clásico producto de la pretendida postpolítica, que se dirige a los sectores medios emergentes en busca de su voto supuestamente despolitizado, volátil, no ideológico, pero conservador de su nuevo estatus; amigo de la estabilidad y el orden. En este sentido, desconocía el anclaje con la historia social y política del país, con nuestras desigualdades y discriminaciones, nuestras concentraciones de capital y de ingresos. Pensaron la política como una teatralización de la realidad, en que se cumplen roles en un libreto previamente escrito en algún manual de ciencia política.

El “Caso Penta” no sólo está desnudando a la UDI ante sus seguidores, que tenían como pegamento ideológico el que ese partido era un partido distinto, orientado por valores, consistente entre sus dichos y acciones, y “popular” e “independiente”. Pero también pone al descubierto el soporte material de los consensos construidos en la sociedad chilena (dicho a la manera marxista: “Las condiciones sociales de existencia determinan la consciencia”), pues ningún empresario ni empresa dona parte de sus utilidades o se esmera en defraudar al fisco para financiar a quienes le impondrán más regulaciones y deberes. Habrá que esperar para ver la transversalidad ideológica del aporte monetario de otros grupos económicos.

Entonces esta crisis del proyecto de Velasco trae consigo una pregunta: ¿cómo fue posible que el primer gobierno de Bachelet lo tuviera como su ministro estrella, el que propuso la rebaja de impuestos a los empresarios vía la “depreciación acelerada”, el que se negaba a ampliar el gasto público para cumplir la norma del equilibrio estructural?

En este sentido, la ruptura actual entre la Presidenta y Velasco marca también la dinámica de la política desencadenada desde el 2009 con la derrota de la Concertación en las presidenciales y, posteriormente, con la movilización estudiantil por la educación pública.

Insistir en que los hechos de abusos y delitos empresariales, corrupción, escasa participación electoral, descrédito de las instituciones, son manchas en un pulcro sistema, es una ceguera. Creer que esto se resuelve con acuerdos específicos en temas delimitados, es incrementar la decepción ciudadana en el sistema democrático y en particular de la política; que si se llega a cruzar con una crisis económica daría un giro total a la situación del país.  En palabras de Vicente Huidobro, se requeriría una “regeneración”.

Lo que debería comprenderse es que en Chile se ha incubado una crisis profunda, que muestra síntomas diversos. Esto no es negativo en sí mismo, más bien es positivo, pues logra mostrar una sociedad que se niega a morir en el letargo del reposo. Hay que recuperar el sentido positivo del conflicto social, la aportación que hace a la dinámica de los países en la vitalización de las democracias para hacerse sólidas y con mayor igualdad. Comprendido esto, el rol de la política y los políticos es determinante, pues son los encargados de canalizar los conflictos y confrontaciones, en un marco democrático, orientándose a construir mayorías amplias que den sustento a sus proyectos de país que integran intereses diversos. La promiscuidad política, sea por intereses económicos o falta de diferenciaciones ideológicas ante los electores, opera debilitando la democracia.

A su vez, cuestionar las mayorías electorales que votan por ideas y programas, declarándolas circunstanciales para diluir lo comprometido, es la mejor forma de debilitar la democracia.

Ojalá las lecciones de Vox Populi –de querer hacer realidad un país imaginario donde la promiscuidad política, y de ésta con el poder económico y mediático, frenaba las transformaciones demandadas por los ciudadanos por medio de grandes consensos “prístinos”– sean aprendidas. Los proyectos gubernamentales en proceso de aprobación son una oportunidad de mostrar las diferencias de intereses que existen en la sociedad chilena y de un nuevo pacto que debe configurarse entre las partes en contienda; la forma democrática que debe tomar es una Constitución Política elaborada por representantes legítimos para tal efecto.