Piketty en Chile

Publicado : 23 Enero, 2015 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


Su visita a Chile fue un acontecimiento. Nunca se había visto gente haciendo cola para escuchar al autor de un libro importante, pero un tanto hermético. Muchos no habían leído el libro pero sentían que había algo que valía la pena escuchar.

Piketty remeció el ambiente intelectual. Comprensible para un autor que ha vendido una cantidad impresionante de ejemplares. La novedad es que un economista crítico impacte también en el ambiente político. Es también una novedad que se trate de un economista francés, y no de uno anglosajón.

El acontecimiento lo reflejó bien la prensa. Esta informó ampliamente sobre los dichos de Piketty. Se rompió así lo que ha sido una norma permanente: mantener el monopolio del pensamiento económico conservador y marginalizar las posiciones críticas.

Tuve ocasión de conocer a Piketty cuando recién comenzaba su carrera. Yo era parte en Francia de un grupo de investigación que buscaba establecer un enfoque heterodoxo sobre los problemas económicos. Los trabajos de ese grupo, que hizo escuela, son parte de los precedentes de su monumental obra.

Sus aportes son variados. Piketty habló de muchas cosas: de la concentración del patrimonio, de tributación,  de derechos de herencia, de educación pública, de la riqueza de los súper ricos y varias cosas más. Quiero destacar un aspecto que me parece quizás el más fundamental. El lo dice claramente en su libro: la economía no es más que una subdisciplina de las ciencias sociales. Es decir, está lejos de ser una ciencia exacta constituida por principios de validez universal. Esto, que en muchas partes del mundo es un hecho establecido, en Chile es una tremenda novedad. Vivimos hace cuatro décadas bajo el predominio intelectual de las ideas de los economistas neoliberales. Estas parten de la base que la economía es una suerte de ciencia superior que se ha ganado el derecho a orientar de manera absolutamente prioritaria las definiciones de políticas públicas.

Hemos vivido bajo la hegemonía de un pensamiento único que le ha hecho daño a la economía y también a la política. Si finalmente no existe sino una sola manera de resolver los dilemas económicos, la política pierde sentido. De esta forma, una parte crucial del quehacer social queda fuera de la deliberación democrática.

Esta deficiencia mayor de nuestra democracia la impugna bien Piketty. Su tremendo esfuerzo para respaldar empíricamente la afirmación de que el capitalismo genera grandes desigualdades no ha podido ser contrarrestado. La idea de que el capitalismo, incluso en sus estadios superiores, genera desigualdades enormes ganó un gran espacio. 

La conclusión de su trabajo, llena de datos estadísticos de largo período que demoró más de una década en recopilar, es finalmente política. Al insistir en la importancia de la tributación sobre la riqueza, como medio para corregir las desigualdades, radica en la política el centro del debate. 

La propuesta de universalizar un impuesto progresivo sobre la riqueza está todavía lejos de poder concretarse. Piketty en todo caso tiene el mérito de haber hecho avanzar el debate.