¡Vamos Francia!

Publicado : 09 Enero, 2015 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


UNA VEZ más el terrorismo ha golpeado a su manera, cobarde y brutal. Editores, columnistas y caricaturistas de Charlie Hebdo fueron ejecutados a mansalva el miércoles por la mañana en París. Son los nuevos mártires de esta lucha permanente de la humanidad por la defensa de la libertad de expresión. La misma suerte corrieron dos policías valientes. Francia está en estado de shock. El repudio es mundial.

Lo ocurrido es verdaderamente aterrador. Charlie Hebdo estaba hace mucho tiempo en la mira. Sus instalaciones habían sido destruidas hace algunos años. No se puede argumentar sorpresa. El extremismo islámico ha dado reiterada muestras de su total falta de escrúpulos. Los degollamientos de rehenes que el mundo ha visto los últimos meses son escalofriantes. Los gobiernos, las policías y los servicios de inteligencia no consiguen reducirlos. Es muy difícil actuar en contra de fanáticos religiosos dispuestos a todo. No es posible disuadir a quienes se creen absurdamente investidos de una misión trascendente. Los gobiernos democráticos deben desplegar todos los medios técnicos legales para defenderse. No hay que escatimar recursos.

Todo esto es muy importante, pero, en definitiva, no es lo esencial. La lucha se librará en la ciudadanía. Los valientes tienen que apretar los dientes y perseverar en su lucha. Nadie debe ser silenciado. Hay que apuntalar a los pusilánimes para que no se acobarden.

Las primeras reacciones son emocionantes y masivas. La misma noche del miércoles miles de franceses recorrieron las principales calles de más de cien ciudades del país. La consigna es perfecta: “todos somos Charlie”, corearon los manifestantes.

Francia es una gran nación. Lo ha demostrado en múltiples condiciones. Es la cuna de los derechos humanos, albergue de miles de perseguidos de las más diferentes dictaduras y capital cultural insoslayable. Sabemos que Francia vive tiempos difíciles. Se siente amenazada. Tiene muchos miedos: al futuro, al extranjero y a lo diverso.  A lo mejor de este shock puede salir algo bueno. Puede producir un sobresalto. Una de esas reacciones que por la fuerza de su impacto crean un cuadro nuevo en donde retoman fuerzas los valores, quedan atrás los temores y se refuerza la disposición a resistir el obscurantismo y la intolerancia.

Eso es lo que se espera de una Nación con vocación de liderazgo como ha sido Francia. Si así ocurre, los terroristas podrán celebrar la masacre que produjeron, pero en el fondo los franceses le habrán propinado una derrota sobre lo que más importa: la defensa de valores, principios, derechos y libertades. El clima político tóxico que hoy impera podría ceder lugar a un sentimiento de unidad para enfrentar la amenaza terrorista. Es el momento de la convergencia republicana que permita aislar a la extrema derecha, cuya prédica xenófoba ha envenenado la convivencia democrática.

Las víctimas sabían que corrían peligro. Estaban amenazadas. Sin embargo, persistieron. No se rindieron. La pagaron caro. Se parecen mucho a periodistas chilenos que en su momento actuaron de la misma forma.