Forma, fondo y doble estándar en Chile

Publicado : 06 Enero, 2015 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Es interesante observar la explosión de debate que se produjo sobre el aborto en Chile a partir de los dichos de la renunciada ministra de Salud, señal inequívoca de una sociedad poco acostumbrada a que sean las propias autoridades públicas las que den pauta para abordar temas que generan conflicto, porque la práctica habitual ha sido, más bien, a clausurar el debate, sobre todo en aquellas materias que tienen que ver con la llamada agenda “valórica”. De hecho, esto ha sucedido por años no sólo con el aborto, también con la eutanasia, la despenalización del consumo y el autocultivo de marihuana, la adopción y el matrimonio homoparental, entre otras materias.

Pero, más allá de la clausura del debate, lo cierto es estos temas sí están en la sociedad y las personas tienen opinión clara sobre ellos. Por ejemplo, la encuesta UDP 2014 muestra que más del 60% de las personas está de acuerdo con legalizar el aborto en cada una de las tres causales que son parte de la propuesta que el gobierno ha prometido mandar al Congreso y que han sido discutidas, por lo demás, hace años en nuestro país (peligro de vida de la madre, inviabilidad del feto o violación).

En efecto, se puede discutir la forma en que la ex ministra de Salud expresó su pensar, dado que su investidura requería necesariamente mayor cuidado en su lenguaje y los actores del sector sobre los cuales lanzó sus juicios, en este caso, las clínicas privadas, entre otras cosas porque son parte de los actores con que la cartera de salud debe lidiar. No obstante, no se puede desconocer que en el fondo hay cierta dosis de realidad que explican el alcance del debate que se produjo en redes sociales y en otros espacios de discusión.

Para nadie es un misterio que, dada la penalización del aborto en Chile en todas sus formas, estos ocurren de manera clandestina en muchos lugares y bajo condiciones que atentan contra la salud de las mujeres, especialmente aquellas de escasos recursos que están más expuestas al peligro de malas condiciones sanitarias, mientras que mujeres con más recursos acceden a mejores cuidados o, simplemente, pueden viajar al extranjero a lugares donde el aborto sí está despenalizado. De hecho, el Comité de la CEDAW (Convención para la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer, ratificado por Chile), que es el órgano encargado de velar por el cumplimiento de la Convención, ha señalado que la penalización del aborto que existe en Chile es muy grave y propia de países fundamentalistas y religiosos.

Pero hay otro elemento del fondo del debate planteado ayer por la ex secretaria de Estado que explica parte del revuelo, porque en la polémica hay también algo de defensa de intereses de clase o de sobrerreacción de cierta elite conservadora que se siente intocable. ¿Qué habría pasado, por ejemplo, si la ministra, en vez de hablar de “clínicas cuicas” y de “familias conservadoras”, hubiese dicho “centro médico del sector sur” y se hubiese referido a “familias de escasos recursos”? Tal vez no habría sido noticia y, es más, se habría asumido como parte de la realidad. He ahí cierto doble estándar que, cual rey desnudo, ha quedado expuesto gracias a los dichos de la ex ministra.

Si es posible romper el sinnúmero de inequidades en Chile es justamente a través de este tipo de debates que deben traducirse en políticas públicas. Llegó la hora de discutir en serio y no de callar más temas que son de interés colectivo.