La desigualdad es el primer problema del siglo XXI

Publicado : 23 Diciembre, 2014 en Columnas Chile 21, Rafael Urriola

|por Rafael Urriola|


En marzo de 2013, se publicó el texto “La ‘parte del león’: nuevas estimaciones de la participación de los súper ricos en el ingreso de Chile”, escrito por académicos de la Universidad de Chile. Su conclusión fundamental ya forma parte del conocimiento generalizado en el país: el 1% de las personas se apropian del 30% de la riqueza nacional.

Hace menos de un mes, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos correspondiente a 2013 y sus conclusiones centrales son también incontrarrestables. El 57% de los trabajadores percibe menos de $338.101, el equivalente a dos salarios mínimos netos (es decir, descontados los aportes a la Seguridad Social) y un 83% de la población económicamente activa (sin incluir a los desocupados, por cierto) alcanza a menos que el límite de $676.201. Dicho de otro modo, los cuatro primeros quintiles de la población se encuentran, al menos, en una situación vulnerable.

No cabe duda, hay “dos Chiles”. El uno, hasta el noveno decil es más equitativo y más similar; el décimo decil vive en el otro Chile, el que acapara el 40,7% de la riqueza nacional. Asimismo, el coeficiente de Gini –que mide desigualdad–, según la Casen de 2006, es de 0,54. Si se calculara el Gini sólo para los deciles 1 a 9, este valor baja substancialmente a 0,38, es decir, en este rango se aumentan los niveles de equidad hasta valores similares a países como Reino Unido (0,37) o Estados Unidos (0,40). No obstante, también según datos del Banco Mundial, el valor medio de los países desarrollados oscila en torno a 0,30.

Hace algunos días –9 de diciembre de 2014– la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de la cual forma parte Chile, dio a conocer el Focus “Inegalités et croissance”, que arroja nuevas e importantes conclusiones acerca de la desigualdad y el crecimiento. El organismo internacional señala que “las desigualdades de ingresos tienen una incidencia negativa y estadísticamente significativa, sobre el crecimiento a mediano plazo. Si aumenta el Coeficiente de Gini en 3 puntos –como sucedió en los últimos 20 años– haría perder 0,35% de crecimiento por año. Es decir, una pérdida acumulada de 8,5% del PIB en el período”. Ahora bien, justamente el Gini en Chile ha aumentado en 3 puntos desde la dictadura hasta ahora.

La OCDE concluye varios puntos a ser tomados en cuenta por nuestro país. Nunca en los últimos 30 años ha sido tan pronunciada la desigualdad de ingresos y esto pesa sensiblemente sobre el crecimiento; en realidad, dice el documento de la OCDE, la incidencia negativa no golpea únicamente a los más pobres sino al 40% de los hogares de menores ingresos (80% en Chile, como se anotó).

Pero lo más decisivo que concluye la OCDE es que “luchar contra las desigualdades mediante los impuestos y las transferencia no perjudica el crecimiento”. Obviamente, cada país tendrá sus maneras de realizarlo eficazmente.

En conclusión, no es casual que en la encuesta CEP de noviembre recién pasado el 57% de los entrevistados opinan que la desigualdad es inaceptable, “cualquiera sean las circunstancias”.

Debe recordarse que la desigualdad como concepto es una de las consignas más recurrentes en las campañas electorales, es decir, la desigualdad –se sabe– constituye una reivindicación de la gente aun si no se capta bien cómo puede lograrse.

En definitiva, las cúpulas empresariales no podrán lograr apoyo real de las personas si no se reducen las lógicas demasiado excluyentes del modelo. Los abusos de unos se enfrentan a la situación real de los hogares. La desigualdad, le guste o no al 1% pudiente de Chile, será el principal problema del siglo XXI.