Aprender la lección

Publicado : 12 Diciembre, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


CHILE está atravesado por una contradicción entre la necesidad de amplias reformas estructurales y la capacidad institucional para gestionarlas. La demanda por cambios es extendida. En la actualidad, la primacía en la agenda la tiene la reforma educacional, que a decir verdad, tiene todavía un largo trecho por recorrer. Todo el período del gobierno de Michelle Bachelet estará marcado por el debate sobre proyectos que ni siquiera han entrado todavía a tramitación. Es el caso de la carrera docente, la desmunicipalización o la gratuidad en educación superior.

 Lo hemos dicho en otras ocasiones: se pudo optar por un enfoque distinto, abriendo paso durante el primer año de gobierno a un proceso constituyente en el cual se consagraran los principios básicos del nuevo orden posneoliberal. El triunfo arrollador de Bachelet en las urnas, el sentido común ciudadano y la voz de la calle convergían para haber hecho posible un proceso de este tipo. 

En un tiempo acotado, por ejemplo un año, se habrían podido generar nuevas definiciones sobre un conjunto de asuntos que interesan a la ciudadanía. En los hechos, este enfoque habría contribuido a ordenar el debate y acotar la incertidumbre que resulta de mantener en carácter de pendientes un número demasiado alto de temas. Esto es lo que ocurre en la actualidad. Junto a las tres reformas centrales, está planteada la necesidad de cambios importantes en la legislación laboral, la previsión, la organización administrativa del país, la propiedad de las aguas o el sistema de salud, entre otros.

 Recientemente, la Comisión Presidencial para la Reforma de las Isapres emitió su informe. Comparto su principal conclusión: Chile debe tender hacia un fondo único con un seguro nacional de salud y seguros privados complementarios regulados. Creo efectivamente que es la manera de terminar con la discriminación por riesgo, la selección de asegurados y las alzas desmedidas de los precios de los planes.

 La Comisión fue a su vez explícita en una definición estratégica fundamental: la necesidad de distinguir entre la visión de mediano y largo plazo, y las reformas inmediatas.

Hay que aprender de las dificultades que ha experimentado la reforma educacional. Enfrentar radicalmente el sistema privado sin mejorar el público es la mejor receta para la derrota.

Las dificultades que enfrenta el gobierno y su proceso reformador no pueden llevar a la parálisis. La salud está junto con la educación y la seguridad ciudadana entre las tres principales preocupaciones de la gente. Es urgente poner en práctica medidas inmediatas que apunten a fortalecer el sistema público, comprometer a los privados en el esfuerzo de prevención, aflojar la tensión que viven los médicos entre su vocación y las lógicas de mercado, disminuir el gasto de bolsillo de las personas y contener los principales abusos que cometen los seguros privados en materia de discriminaciones.

Son cambios que no afectarán la arquitectura del sistema. Mejorarán, sin embargo, la calidad de vida de la gente y crearán las condiciones para un debate en profundidad sobre un modelo de salud que compatibilice solidaridad y eficiencia.