La Sofofa “enmienda plana” a la Presidenta Bachelet

Publicado : 12 Noviembre, 2014 en Columnas Chile 21, Rafael Urriola

|por Rafael Urriola|


Hace pocos días, en la reunión anual de la SOFOFA su presidente Hermann von Mühlenbrock se dio el gusto de informar a la Presidenta Bachelet de los derroteros que debe seguir el país para que el empresariado colabore en el desarrollo. El estilo del discurso no estuvo exento de críticas a las políticas gubernamentales, de predicciones catastróficas, de veladas amenazas y de definiciones taxativas de lo que es correcto.

La primera frase del empresario fue la siguiente: “Chile se encuentra a las puertas de cruzar el umbral del desarrollo, luego de los 30 años más exitosos en la historia de nuestro país”. No cabe duda que con ello quiso hacer un guiño a la dictadura incluyéndola como parte de los éxitos.

En la segunda frase, es decir en menos de un minuto, ya colocaba los hitos políticos que define el gran empresariado agrupado en la gremial frente a la coyuntura actual. Así “Un camino consiste en reconocer lo avanzado y, sobre esta base, construir nuevos sueños para todos nuestros compatriotas, en especial para aquellos que no han percibido aún con fuerza los beneficios del progreso. El otro camino, enfatiza la necesidad de cambios profundos sobre la base de un diagnóstico crítico en relación a lo ya alcanzado, con resultados inciertos y posiblemente negativos”.

En el entender de Von Mulhembrock hay quienes no perciben –dice bien perciben cuando en realidad debiese decir reciben aunque en una acepción son sinónimos- los beneficios del progreso. En consecuencia, pareciera decirnos que más que reformas se necesitarían cursos de entendimiento para cerca del 62% que votó por los cambio en Chile.

Para el representante de la Sofofa “Las bases del modelo son claras: derecho de propiedad sólido, un estado de derecho que garantiza las libertades, un poder judicial moderno que garantiza la correcta aplicación de justicia, un estado subsidiario que deja espacio al desarrollo del sector privado, un Banco Central Autónomo que vela por la estabilidad de los precios y la cadena de pagos, una regla fiscal que le da responsabilidad al gasto público, un país abierto que compite de igual a igual con las principales economías del mundo e instituciones de reconocido prestigio que velan por el funcionamiento de la libre competencia”.

Y agrega, “Cabe destacar, que esta arquitectura económica y social fue continuamente perfeccionada durante los gobiernos de los presidentes Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera. Cada uno ha introducido perfeccionamientos que han permitido una base sólida y robusta de nuestra economía, y son merecedores de nuestro reconocimiento y admiración”. La arquitectura del modelo –como se lee- no tiene una palabra sobre lo social, la desigualdad, la exclusión, la pobreza o algo que se le parezca…

Pero al mencionar a quienes hablan de desigualdad lo relaciona inmediatamente con “…, nos preocupa el creciente clima antiempresarial que se ha venido desarrollando en el país. Diariamente, se denigra el rol que cumplen cientos de miles de chilenos, que con esfuerzo y voluntad, invierten su tiempo y recursos por generar riqueza y empujar a nuestro país por encima del desarrollo”. Obviamente, hay unos pocos chilenos que se molestan cuando se recuerda un estudio de la Universidad de Chile que dice que el 1% de la población se apropia del 30% de la riqueza; o que 10 familias chilenas poseen 36.000 millones de dólares según la revista internacional Forbes, es decir como el 15% del PIB nacional. Pero esta desigualdad irrita aunque le parezca extraño a los congregados en la Cena de Casa Piedra.

Tampoco es un invento de malagradecidos la seguidilla de escándalos que han tenido por protagonistas a varios de los comensales de la cena. Colusión de farmacias, Caso cascadas con connotados empresarios de la plaza; La Polar, Penta Gate, Colusión de pollos, 100.000 denuncias a las Isapres; … y un enorme etcétera. No cabe duda que en cada mesa de la conspicua cena debe haber habido algún aludido por estos casos que se califican como “clima antiempresarial” lo que equivale a negar evidencias indelebles.

Ciertamente, que es peligroso para la convivencia democrática negarse ante la evidencia y culpar al otro de todos y cada uno de los problemas que aquejan al país. Ya una actitud parecida llevó al despeñadero a Chile por largos 17 años. Por eso fue bueno que el embajador en Uruguay se retractara de culpar a los empresarios de lo que no tiene evidencia. Asimismo, es bueno que el directivo de la Sofofa haya explicitado en su discurso más ad elante que “Debemos reconocer, no obstante, que hechos delictivos de alta connotación pública han sido protagonizados por algunos malos ejecutivos y empresarios”.

El dirigente de la Sofofa, más adelante, saca argumentos de encuestas por lo menos poco conocidas y dice: “Esta visión que algunos quieren imponer, contrasta con la que tienen los trabajadores chilenos, en base a su propia experiencia. Cuando se les pregunta cuánta confianza tienen en la empresa en la que trabaja, el 72% responde que mucha o bastante, según la encuesta Bicentenario y el 86% afirma que los empresarios son indispensables para el desarrollo del país, según una encuesta de Giro País”.

Ya que el señor Von Mulhembrock trae a colación la encuesta Bicentenario que realiza la U. Católica con Adimark me permito agregar algunos resultados de esa misma encuesta: El 62% de la población tiene poco o nada de confianza en las instituciones financieras; el 69% poco nada confianza en las casas comerciales; y el 43% tiene poco o nada confianza en las empresas lo cual cambia a 72% solamente cuando se le pregunta por la empresa en que la persona trabaja.

De otra parte, la encuesta Giro País -que en 2011 fuera calificada como sospechosa metodológicamente por el ministro del Interior Andrés Chadwick y cuya directora, en algún momento, fue Mariana Aylwin -dejó de aparecer hace algún momento-. Como sea, las críticas reiteradas en la prensa y en la opinión pública no han sido a la calidad de empresarios de las personas, sino a los abusos que se encuentran claramente en la ilegalidad y calificados como delitos; y/o aquellas acciones que perjudican evidentemente a los hogares desde la alta clase media hacia abajo.

Más adelante, el líder empresarial dedica tiempo a la reforma laboral. En sus palabras “…nos preocupa que el énfasis de los cambios enunciados en materia laboral, apunten sólo al fortalecimiento artificial de la actividad sindical”. Su mayor crítica, más no la única es que se impulse la titularidad sindical, es decir, que sólo los sindicatos posean el derecho a negociar colectivamente. Adicionalmente, el empresariado alerta contra “disposiciones que terminen con el reemplazo en huelga, cambien las condiciones y procedimiento de la negociación colectiva, eliminen la facultad del empleador de extender beneficios al resto de los trabajadores y amplíen la cobertura de la actividad sindical…”. Es decir, la multigremial reafirma su idea de que todo está muy bien tal cual y que no hay nada que mejorar en cuanto a temas laborales.

En definitiva, la Sofofa este año hizo un discurso que tuvo por objeto “enmendar la plana” de las políticas de la Presidenta Bachelet. El objetivo de las palabras del presidente de la Sofofa fueron eminentemente políticos y en defensa de un sector que tiene muchas responsabilidades y dinero en este país.