Lo que esta en juego en la interna socialista

Publicado : 11 Noviembre, 2014 en Columnas Chile 21, Gloria de la Fuente

|por Gloria de la Fuente|


Pocas veces una elección interna de partido político tiene tanta atención como el proceso que ha iniciado el Partido Socialista en estos días y que terminará con una nueva directiva en abril de 2015. Esta situación se explica, por cierto, no sólo por la relevancia de elegir a las personas que conducirán los destinos de esta tienda política del partido de la presidenta, sino que porque lo que está en juego será determinante y se parece mucho al dilema que enfrenta hoy el gobierno.

En efecto, el día de hoy el gobierno parece enfrentar una paradoja que no tiene fácil solución, continuar en la senda del consenso y el “reformismo gradual” y, en consecuencia, morigerar las reformas relevantes de su programa (y relegar definitivamente las iniciativas que provocan conflicto) para para que en “la medida de lo posible” traten de complacer los intereses de todo el mundo o bien, ir por la senda de transformaciones más sustantivas, donde efectivamente la promoción de los cambios y las políticas públicas sintonicen más con la ampliación de derechos y una revalorización del rol del Estado. Se trata, en buena cuenta, de una tensión entre el proyecto de la vieja Concertación y el de la Nueva Mayoría, entre tratar de ejercer la mayoría para avanzar, entendiendo que la política tiene siempre una dosis de conflicto que es necesario administrar adecuadamente o bien, tratar de transitar por el ancho camino del medio, para hacer como que se cambia, pero en realidad seguir con mínimos ajustes en lo mismo, para no incomodar a nadie y en especial a los “poderosos de siempre”.
Algo similar ocurre en la disputa interna socialista, porque las dos candidaturas en competencia representan justamente esto.

El ex senador y ex presidente del PS, Camilo Escalona es reflejo fiel de ese gradualismo que mucho bien le hizo a Chile especialmente en épocas donde el contexto de la transición y el temor la regresión autoritaria hacían indispensable moderar las expectativas, pero que en el contexto de una democracia sólida, que pide avanzar hacia estándares mínimos de desarrollo político, económico y social, no tienen cabida. Basta con recordar que fue él mismo quien acusó de “fumadores de opio” a los partidarios de una asamblea constituyente, clausurando con ello la posibilidad de debatir distintas alternativas para el cambio a la constitución y que mientras fue presidente del partido y Senador no hizo mucho más por allanar debates relevantes como el aborto terapéutico o el matrimonio igualitario, entre muchos otros asuntos de interés que han surgido más de la presión social que de un partido capaz de poner temas en discusión.

Por su parte, Isabel Allende, actual presidenta del Senado, simboliza justamente lo contrario. Ha sido una leal articuladora de discusiones al interior del Congreso y no ha clausurado a priori ningún debate relevante, manifestándose leal al programa de gobierno de la Presidenta Bachelet, siendo partidaria de un liderazgo inclusivo y dialogante. De hecho, tiene el mérito de haber logrado trasversalmente importantes apoyos de varios sectores al interior del Partido Socialista para promover su candidatura y de un conjunto importante de parlamentarios jóvenes. En tal sentido ella puede representar la posibilidad de renovar las prácticas y generar nuevos debates en un partido donde ello no es parte de la experiencia cotidiana de su militancia.
Hay que agregar a esto un elemento importante para no perderse en el análisis. El resultado de esta elección partidaria interna no es trivial, porque no sólo marcará el sello socialista en la discusión de las reformas de la actual administración, sino que será clave en la definición del proyecto de la Nueva Mayoría y en la generación de liderazgos futuros para el ciclo electoral que se inicia con la municipal de 2016 y que terminará con la parlamentaria y presidencial de 2017.