Megamedios y gobiernos: ¿qué se siente?

Publicado : 06 Noviembre, 2014 en Bet Gerber, Columnas Chile 21

|por Bet Gerber|


“Veja, decime qué se siente…”. En el súper domingo electoral en el Cono Sur del 26 de octubre pasado, un tweet de la directora de la revista argentina Barcelona parafraseaba la maliciosa cancioncita mundialera “Brasil, decime qué se siente, tener en casa a tu papá…”. Pero en este caso la burla futbolística fue reemplazada por la solidaridad hacia el gobierno del PT y una cierta sensación de justicia en la revancha contra los megamedios. No era para menos: la revista Veja habría adelantado un día su salida para intentar influir en el resultado de la elección con denuncias de corrupción que golpeaban a la candidatura de Rousseff, en un número que el ex presidente Lula calificó de “panfleto electoral”. Lejos de estar sola en esta arremetida anti-Dilma, Veja militó junto con la poderosa Red Globo y medios de otros países, como The Economist; el Financial Times; La Nación de Argentina y nuestro inefable El Mercurio. Pero Dilma Rousseff se impuso a Aécio Neves y a los megamedios el mismo día en que el Frente Amplio triunfaba en Uruguay; semanas después de la contundente victoria de Evo Morales en Bolivia y a menos de un año de la de Michelle Bachelet en Chile. Y así, suma y sigue el listado de gobiernos progresistas en la región que emergen victoriosos de procesos electorales en los que son bombardeados por los grandes conglomerados massmediáticos.

¿Qué está sucediendo, entonces, con el poder del cuarto poder? ¿Acaso los resultados electorales en el subcontinente indicarían que, pese a ellos, nuestras democracias podrían dormir tranquilas? Nunca tanto. Los casos mencionados sugieren que los medios, con todo, no definen resultados de elecciones nacionales, pero suelen constreñirlas en tiempos, formas y contenidos. Y si durante las campañas electorales pueden ser tanto un glamoroso escenario para el despegue de un candidato como un campo minado que lo secciona miembro a miembro, en el ejercicio del gobierno tanto y más. Basta repasar los primeros meses de gobierno de Michelle Bachelet para constatarlo.

El actual gobierno de la Presidenta Bachelet, programa en mano, tomó la primera recta de su gestión a gran velocidad y con fuerte impronta de reformas. Las mayorías parlamentarias abrían un panorama alentador, a diferencia de lo que debieron enfrentar gobiernos concertacionistas en un pasado reciente. Sin embargo, la reacción frente a los posibles cambios fue eficaz y provino básicamente de sectores políticos conservadores y del empresariado asociado, aunque no tuvo domicilio exclusivo en la Alianza. En este contexto, la prensa duopólica jugó su papel tradicional, disparando contra todo aquello que toque intereses que le son propios. Brotaron encuestas que revelaban un súbito clamor ciudadano por cambios moderados y una cierta obsesión por evaluar a cada ministro/a. Los resultados de estos sondeos conformaron titulares de la prensa nacional junto con constantes rumores sobre la “necesidad” de un cambio de gabinete. Lo curioso es que la deliberada articulación encuestas-prensa logró neutralizar inteligencias en la elite vernácula: la confusión entre popularidad y calidad de la gestión está instalada, y se manipula con habilidad. Ya nadie se cuestiona lo absurdo de pretender que la ciudadanía conozca a más de veinte ministros y ministras, o que pueda evaluarlos con un mínimo fundamento apenas transcurridos unos meses de gobierno.

Finalmente, el gabinete pasó agosto sin novedad y esto abre alguna esperanza: tal vez el poder del duopolio & asociados no sea ilimitado. Pero el ímpetu transformador gubernamental acusó el golpe y bajó las revoluciones, dicho esto en el más amplio sentido. Así las cosas, todo indica que, aunque los megamedios no ganen elecciones, condicionan agendas gubernamentales. Lejos de dormir tranquilos, cabría empezar a idear sinergias interministeriales en pos de políticas de comunicación a la altura de la democracia.