Resguardar el proceso

Publicado : 03 Noviembre, 2014 en Carlos Ominami, Columnas Chile 21

|por Carlos Ominami|


El proceso de reformas emprendido por la Presidenta Bachelet enfrenta un momento delicado. El impulso reformador comienza a mostrar signos de fatiga mientras que el campo de la contrarreforma suma nuevos adeptos.

En su momento, el gobierno adoptó un enfoque aditivo. Se comprometieron tres grandes reformas: tributaria, educacional y Nueva Constitución. Deliberadamente se estableció que éstas se discutirían de una en una y en ese orden. Empujado por el viento reformador el gobierno fue anunciando otras reformas: al régimen laboral, al de propiedad de las aguas, al sistema de salud, a la previsión. A éstas se agregaron el matrimonio igualitario y el aborto terapéutico.

Incluso, almas bien intencionadas de la propia Nueva Mayoría consideraban que la agenda se había saturado y llamaban a establecer prioridades.

El enfoque aditivo muestra en la actualidad sus límites. La reforma tributaria tuvo una tramitación más compleja de lo previsto. Al tocar no sólo a los más ricos sino que a la mayoría de los sectores de la sociedad no contribuyó a mejorar la relación de fuerzas en favor del campo reformador.

Las cosas pudieron evolucionar de manera distinta. En vez del enfoque aditivo era posible abrir paso a un proceso constituyente que en vez de poner en debate, tres, cinco o diez reformas convocara a una sola, la madre de todas: el sistema de reglas codificado en la Constitución. El debate sería hoy distinto. Le habría sido difícil a la derecha oponerse a una reforma a la Constitución que le permitiera a la Presidenta convocar a un plebiscito en el cual la ciudadanía se expresara de manera clara por la mantención o el cambio de la actual Constitución y el mecanismo más adecuado para generar una nueva.

El enfoque adoptado fue otro. El momento constituyente llegará, pero tendrá que esperar un tiempo. La pregunta hoy es cómo mantener a flote el impulso reformador evitando que termine ahogado por los conservadores de derecha, de centro y también de izquierda.

Humildemente propongo dos ideas. Por una parte, establecer con claridad que las reformas comprometidas son parte de un proceso de largo alcance. Y que en consecuencia a este gobierno no se le puede pedir la materialización del total de la agenda. Su contribución será el haber iniciado el proceso de reformas manteniendo viva la llama del cambio. Por otra parte, resultaría lógico que, tomando en cuenta factores como la falta de acuerdos al interior de su propia coalición y la desaceleración de la economía, el gobierno reordene su agenda de manera de evitar frustraciones y no clausurar las reformas.