“Es muy probable y ojalá así sea, que el gasto público efectivo de 2015 termine siendo de dos dígitos”

Publicado : 07 Octubre, 2014 en Portada, Prensa

|por Marta Sánchez|
|La Tercera-Negocios|


Carlos Ominami fue tres años ministro de Economía y senador durante otros 16. Mientras estuvo en el Parlamento participó en todos los períodos de la comisión mixta de presupuestos y a propósito de la reciente presentación del primer erario elaborado por este gobierno para 2015, quiere volver a las páginas económicas participando de este debate, pues mal que mal, “no son muchos los que cuentan con esta experiencia” -señala- recordando el sinnúmero de negociaciones que presenció y, muchas veces, protagonizó.

¿El proyecto de presupuesto presentado por el gobierno está en línea con lo que necesita hoy la economía?
En el taller que hicimos en Chile21 sobre este tema, se planteó que aquí había una desaceleración que es coyuntural y otra que es de largo plazo. Pero esa desaceleración coyuntural tiene como causa una fuerte retracción de la inversión y una fuerte caída en el consumo. Eso, hay que enfrentarlo de distinta manera y el instrumento directo es la política fiscal. De ahí que nosotros propusiéramos que no tuviéramos complejos, que no nos enredáramos con la regla fiscal, que entendiéramos que esta meta es muy importante para los países que son fiscalmente irresponsables y que tienen un alto endeudamiento.

En este contexto, ¿vale la pena que el gobierno mantenga anclada la política fiscal a un balance hacia el 2018?
No vale la pena, porque si se mantiene la regla de balance estructural se puede llegar a 0%, pero con un crecimiento entre 2% y 3%. No está en cuestión que Chile mantenga su patrimonio de responsabilidad fiscal y, en este escenario, que el gasto público llegue a 9,8% y probablemente más, no es abandonar la meta fiscal.

¿Por qué dice 9,8% y más?
En términos reales. Es decir, si se considera el 9,8% no respecto de la Ley de Presupuestos, sino con el efectivo de este año, es perfectamente coherente con el diagnóstico de que aquí se ha producido una desaceleración, que hay una caída en la inversión y en el consumo, y el Estado tiene que concurrir en lo que pueda con el 20% que representa en la economía a superar ese proceso. Por ejemplo, en 2009, el país cayó en recesión, pero se evitó una mayor con el crecimiento del gasto público, que fue de 16,5%. Incluso, a lo mejor debió haber aumentado un poco más.

A su juicio, ¿no es una mala señal que el gasto público termine creciendo a dos dígitos?
Es muy probable y ojalá que así sea, que el gasto efectivo de 2015 termine siendo de dos dígitos. No hay que asustarse por eso, porque éste es un elemento que ayudará a que el crecimiento sea mayor que en otras condiciones. Cuando los neoliberales dicen que el gasto tiene que aumentar por debajo del Producto, es absurdo, porque con esa política lo que están haciendo es que el crecimiento del Producto sea todavía muy por debajo del crecimiento potencial, ya hoy Hacienda proyecta para el próximo año una expansión de 3,7%, cifra que es inferior al potencial, así es que el aumento del gasto público no significa mayor problema.

¿Eso, a costa de un mayor déficit fiscal?
Así es, porque Chile tiene las condiciones en el mediano plazo de absorber ese déficit. Y mi crítica al gobierno actual es por qué quiere llegar al 2018 a un balance estructural.

La autoridad argumenta que es para mantener el orden fiscal, ¿le parece poco?
Es que no veo por qué. Chile tiene sus cuentas fiscales ordenadas, por lo que no será complejo ni trágico que la corra un poco. Por tanto, creo que el gobierno justifica mantener el balance fiscal por una razón más bien ideológica o porque ayuda al mundo financiero para bajar las tasas de interés.

Reforma tributaria

¿Dónde debería situar la meta fiscal del 2018?
No es un pecado si el 2018 se termina con un déficit de 1% del PIB y no con un balance estructural. Cuando sí se complicarían las cosas y gravemente, sería con la economía creciendo entre 2% y 3%, en vez de un 3% o 4%. Chile no tiene un riesgo de desequilibrio de las cuentas públicas, es un acreedor neto, pero sí nuestro problema es que caiga el crecimiento y que aumente el desempleo.

El gobierno lleva un poco más de seis meses, ¿todavía tiene tiempo para preocuparse por el crecimiento?
Puede tratar de recuperar el tiempo perdido, pero pagará costos por no haber planteado desde el comienzo, durante la campaña presidencial, que aquí había un problema económico serio. De hecho, no estoy de acuerdo con el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, cuando afirma que están dadas todas las condiciones para que el país vuelva a crecer.

El ministro habla de que ya estamos en un punto de inflexión.
No comparto ese punto de vista, porque pasa por alto una realidad del porte de una catedral: la economía no se ha diversificado, no hay nuevos motores de crecimiento y el ciclo minero estructuralmente entró en una fase de baja. Entonces, la afirmación del ministro Arenas, en ese sentido, es más bien religiosa que política y económicamente bien fundada.

El gobierno sostiene que la reforma tributaria ayudará a mejorar el crecimiento.
La reforma tributaria se fundamenta en la necesidad de que el Estado pueda contar con los recursos para hacer frente a la mayor demanda por bienes públicos que su propia sociedad ejerce. Hoy día, al Estado no solamente se le pide cobertura, sino que también calidad en educación, en salud y seguridad, y que promueva las exportaciones junto con un conjunto de bienes públicos, todo lo cual se tiene que financiar con la reforma tributaria.

¿Era el momento para llevar adelante estos cambios impositivos?
Desde cierto punto de vista, nunca hay un buen momento para hacer una reforma tributaria. Pero a estas alturas hay que entender que Chile necesita esta demanda por un financiamiento adecuado para que el Estado pueda responder positivamente a este mayor requerimiento de bienes públicos. Por tanto, era algo que había que hacer sí o sí, era parte de los compromisos de campaña de la mayoría de los candidatos. Creo que es cierto que es un problema que se haga en condiciones de desaceleración, pero habría sido mucho mayor el problema si el Estado no tuviera los recursos para hacer lo que la propia sociedad le está demandando.

El crecimiento económico es tan prioritario como la educación…
Cierto, pero el gobierno tenía que hacer una reforma tributaria y tenía que hacerla rápida desde el principio, porque los cambios impositivos tienen en el corto plazo una incidencia negativa, básicamente, porque los empresarios quieren saber cuál será su estructura tributaria para sus proyectos. Es verdad también que produce cierta parálisis en el corto plazo, pero una vez contando con las reglas claras ya debería tender a revertirse. De hecho, el logro del ministro de Hacienda es haber sacado la reforma tributaria, que pudo haber sido mejor, con aplausos de Bárbara Figueroa, presidenta de la CUT, y Andrés Santa Cruz, presidente de la CPC.

Problema de fondo

¿Ve una preocupación por parte de las autoridades por mejorar el PIB potencial?
A este país en general y a este gobierno en particular les falta un planteamiento más estructurado sobre el crecimiento. A ver, no solamente se debe preocupar por cómo se enfrenta esta necesidad de mayor financiamiento para resolver la mayor demanda por bienes públicos, sino también cómo se enfrenta la desaceleración más estructural que viene proyectando la economía chilena en los últimos 12 años.

¿En qué se expresa esto?
En que finalmente la economía chilena nunca logró salir bien de la crisis asiática que tuvimos a fines de los 90. Desde ahí la tendencia de crecimiento de Chile es decreciente y hace tiempo que dejó de ser el jaguar de América Latina: Perú crece el doble que nosotros, Bolivia y Paraguay, a su vez, también crecen mucho más que nosotros. Por tanto, creo que junto con haber dicho reformas a la Constitución, educacional y tributaria, se podría haber planteado también una reforma que nos permita recuperar el dinamismo que fuimos perdiendo durante épocas anteriores y que se traduce en que tenemos una productividad básicamente estancada en los últimos 10 a 12 años.

¿Con cuál de estas reformas no está de acuerdo?
No es que no esté de acuerdo con ellas, sino lo que me parece que fue un error fue la secuencia de las reformas, porque cuando uno le va a cortar la cola a un perro es mejor cortársela de una vez, pero en este gobierno se está cortando por pedazos. Eso me parece un mal sistema, que crea incertidumbre y desorden.

¿Y qué habría que hacer frente al crecimiento?
Si se sabía que la desaceleración venía desde hace 12 años, la misma Presidenta ha dicho que venía desde antes que ella asumiera, por qué no se introdujo como cuarta reforma un planteamiento robusto sobre cómo enfrentar el estancamiento de la productividad y una cierta regresión que tenía la economía en materia de diversificación de las exportaciones, ¡si hoy somos más dependientes del cobre que hace 10 años!

¿Y la Agenda de Productividad, Competitividad e Innovación no va en esa dirección?
Revisé en detalle el planteamiento que hizo el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, en esta agenda. Tiene un conjunto de cosas que son interesantes, pero al final esto es como una farmacia de homeopatía: está llena de frasquitos de pastillas de todos los colores, pero no hay ningún remedio con alta potencia; no hay ningún instrumento que pueda revertir la falta de diversificación en las exportaciones y el estancamiento de la productividad. Esto requiere de una definición de política industrial, palabras que fueron consideradas malditas durante 10 años en este país.

¿Qué significa para usted una política industrial?
Eso significa que Chile tiene que tener un diseño tal como los coreanos cuando se propusieron ser fuertes en la industria informática. ¿Qué pasó? Tras un entendimiento entre el sector privado y el público lograron sacar adelante una industria para la cual no tenían ninguna ventaja comparativa. Si bien nosotros no somos los coreanos deberíamos de todas maneras llevar la delantera, por ejemplo, una apuesta en grande sobre la industria minera, donde además sí tenemos ventajas comparativas.

¿Quién debería guiar esa política industrial?
Para esto en Chile institucionalmente se requiere una tercera pata para garantizar una institucionalidad económica que funcione bien. Nosotros tenemos una buena pata para controlar la inflación que es el Banco Central; tenemos una segunda pata que es el Ministerio de Hacienda, que controla las finanzas públicas y lo hace bien, pero lo qu+e no hay es una institucionalidad sólida con una autoridad política para enfrentar los problemas de crecimiento y de competitividad, eso no está.